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Feria de la Virgen de los Llanos
PLAZA DE TOROS DE ALBACETE
Tarde del miércoles, 12 de septiembre de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Puerto
de San Lorenzo, desiguales de juego.
Diestros:
Entrada: menos
de media plaza.
Crónicas de la prensa:
El Mundo
El Mundo.
JAVIER VILLAN. Necesidad del optimismo
Dicen los taurinos que de la Fiesta hay que ensalzar lo bueno y
silenciar lo malo. Eso los taurinos más razonables; otros afirman que en
la Fiesta no hay nada malo. Le decía un taurino a Juan de Mairena: «Dadme
cretinos optimistas porque estoy hasta los pelos de algunos críticos; sin
optimismo no vamos a ninguna parte». Uno había creído, y Machado
seguramente también, que el progreso había de basarse en el pensamiento
crítico. Pero, en el proceloso mundo de los toros, eso es aberración
perniciosa.
La verdad es que algunos tienen un morro que se lo pisan. De seguir a
rajatabla esa consigna, alabar lo bueno y callar lo malo, ¿cómo nos las
arreglaríamos algunas tardes para hacer la obligatoria crónica? Ayer
mismo, sin ir más lejos. ¿Qué sería lo bueno que habríamos de
ensalzar de tan soporífera tarde y qué lo malo que habríamos de
silenciar? Sobre lo primero no hay dudas, pocas cosas se han quedado en la
retina o en la memoria sentimental; sobre lo segundo, tampoco hay dudas.
Fueron tantas cosas malas que uno podría llenar, si no obedece a esa ley
del silencio, varias páginas de periódico. Con todo, conviene ser
prudente y comedido. No sea que por el afán de llevarle la contraria a
Juan de Mairena pequemos de pesimismo. He aquí, pues, una crítica que,
sin muchas cosas que elogiar, no pretende tampoco ser exhaustiva de todas
las deficiencias e insuficiencias que tuvieron lugar ayer en la plaza de
Albacete. Vayamos por partes.
Finito de Córdoba tiene la temporada hecha, la vida hecha, una boda de
tronío a la vista -tronío es una palabra que a mí me gusta mucho- y su
prestigio inicial casi recuperado. ¿Para qué complicarse en exceso la
vida? Yo creo que Finito de Córdoba no se complica la vida ni por exceso
ni por defecto. Pero le va muy bien. Que ese sentido de la vida le dure
muchos años. Y que toree, al menos de vez en cuando.
Miguel Abellán, por edad, es un torero en ascenso; mas por la concepción
de sus faenas es, con frecuencia, un torero descendente. Mismamente ayer,
empieza regular y acaba peor. La minoritaria petición de oreja en su
primero se sustentaba en el recuerdo de unas chicuelinas rematadas con
filigrana de serpentina; en la torería con que se sentó en el estribo y
en el garbo con que se levantó; y en una tanda de redondos limpios pero
hacia afuera y metiendo pico descaradamente. Méritos a todas luces
insuficientes para una oreja, incluso en Albacete, plaza que si, en las
rebajas de las ferias de septiembre, tiene el toro al alza (de momento y
salvo excepciones), otorga las orejas a la baja. La estocada quedó un
poco de lado, mas Abellán hizo correctamente la suerte. A su segundo le
sacó a los medios andándole muy bien por la cara. El toro estaba entero
pese a la paliza que le había pegado Jaime Ruiz. Jaime Ruiz castigó al
animal con un puyazo en dos tiempos: primer tiempo delantero y segundo
cerca de los riñones; un segundo puyazo cayó a mitad del camino y un
tercero no sé dónde; dejó al bicho nadando en un mar de sangre, pese a
lo cual su poder y raza fue demasiado para Miguel Abellán.
También fue demasiado para Javier Castaño el violento sexto, y ahí
la indefensión y los problemas del leonés están plenamente
justificados. Lo malo de Javier Castaño es que en el flojo, aunque incómodo
tercero, no había andado mucho mejor. Un derrote de éste le rasgó la
taleguilla y le quitó los ánimos.
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