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Feria de la Virgen de los Llanos
PLAZA DE TOROS DE ALBACETE
Tarde del domingo, 9 de septiembre de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Montalvo (muy bien
presentados).
Diestros:
Entrada: casi
tres cuartos de plaza en tarde agradable.
Incidencias:
Luis Miguel Encabo sufre «una cornada en la cara interna del muslo derecho
con dos trayectorias, una de diez centímetros de profundidad y la otra,
ascendente, de veinte centímetros. La herida le afecta la masa muscular y piel
celular subcutánea. Pronóstico grave». Encabo padeció el percance con el
tercer astado de la tarde, al que cortó la única oreja del festejo.
Crónicas de la prensa:
El Mundo
El Mundo.
JAVIER VILLAN. Encabo: cornada y triunfo
Cuando sale el toro se ensancha el corazón de los buenos aficionados y
se engrandece el corazón de los toreros cabales. Cuando sale el toro
pueden ocurrir percances indeseables como el de ayer, golpes de dolor y de
sangre y el accidente laboral de la cornada cruel. Cuando sale el toro, el
traje de luces adquiere toda su grandeza. Luis Miguel Encabo se fue al
hule. Encabo se colgó del pitón a la hora de matar. El pitón del
montalvo, certero, no perdonó. Lo prendió, lo tiró al aire con
violencia y lo persiguió con derrotes terroríficos hasta las tablas.
Cuando Encabo se levantó no podía tenerse en pie. El de Montalvo murió
de la estocada. Una oreja de oro, una oreja con el fulgor de la sangre.
Toda la lidia de Encabo había sido de poder a poder. No estuvo
especialmente brillante en banderillas, mas como el toro apretó
abruptamente, el público percibió el riesgo y la entrega. Mejor había
estado con el capote. En la muleta el de Montalvo sacó aspereza y un
punto de violencia. Y Encabo, después de someterlo en tandas de
derechazos, se recreó en un par de naturales y se adornó con un
molinete. Con la espada, en corto, por derecho y arriba.
Luis Francisco Esplá estuvo toda la tarde en plan maestro, salvo a la
hora de matar. A los frenazos de los montalvo que le buscaban los tobillos
o la femoral, Esplá respondía con sonrisas y técnica lidiadora. A veces
les perdió la cara, pero nunca perdió los papeles. Esplá, por encima
del bien y del mal. No trascendió la sobriedad de Esplá en el primero,
un manso opaco y sin brillos. Pero el público, tan desapercibido muchas
veces, se dio cuenta de dónde había caído la media estocada, en los sótanos,
y se lo recriminó. El cuarto, un regalito; y, además, envenenado.
Para compensar, le correspondió el sexto, hermoso de presencia y noble
de comportamiento. Esplá lo tomó en corto, se puso en el lugar exacto y,
adelantando la muleta, consiguió dos tandas de naturales cuya virtud fue,
precisamente, la naturalidad. Dio aire al toro, el que más necesitaba
respirar de toda la corrida, y por la derecha todo discurrió suave como
la seda: suave la embestida del toro y suave la muleta de Esplá. La
facilidad de un circular invertido, la fantasía de un afarolado y un
molinete. Y la espada, otra vez, jodiéndolo todo.
Se le fue abanto en el capote el primero a Pepín Liria. Series cortas
de derecha e izquierda y dos naturales excelentes. De mucho mérito porque
el de Montalvo se orientaba enseguida. El calor que Pepín había puesto
con sus pases de pecho, su oficio cabal y su arrojo, se hizo hielo,
silencio gélido, cuando pinchó repetidamente. El quinto cojeaba, estaba
destrozado de los cuartos traseros y se armó la marimorena: el público
pidió la devolución y el presidente miró para otro lado. Fue el borrón
del encierro y el borrón de la presidencia que se ganó una bronca
merecidísima y con todos los honores.
Una corrida de Montalvo, insólita por los ruedos de Iberia. Con trapío
y músculo, con trapío respetable, quiero decir. Y con mucha leña, y
bien dispuesta, en la cabeza. No se cayó, salvo el cojitranco quinto. Su
conducta fue otra cosa. Manseó descaradamente, a veces con raza y siempre
con genio malo. Hay que lamentar la cornada; pero ello no obsta para
celebrar que, en algún ruedo celtibérico, tan repletos habitualmente de
saldos y babosas, salgan toros así. Si toda la Feria va a salir de esta
manera, Albacete habrá puesto el listón muy alto. O, sencillamente, habrá
puesto el concepto toro donde tiene que estar. Tristes tiempos éstos en
los que la simple verdad hay que resaltarla como excepción y prodigio.
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