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Feria de la Virgen de los Llanos
PLAZA DE TOROS DE ALBACETE
Tarde del sábado, 8 de septiembre de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos de Hermanos Collado Ruiz, desiguales de presentación;
cornicortos y astifinos. En general enrazados. Blandearon el tercero, noble, y
el cuarto, manso; reservón y con complicaciones el quinto y bravo y noble el
sexto.
Diestros:
Entrada: casi
tres cuartos de plaza en tarde agradable.
Crónicas de la prensa:
El Mundo
El Mundo.
JAVIER VILLAN. Maldita espada
La espada privó de una oreja a Antón Cortés y a Sergio
Martínez de tres, por lo menos. Sergio Martínez venía de cortar en Las
Ventas una oreja de peso de oro. Y, aunque ayer afeara, con estoque y
descabello, las faenas a sus nobilísimos novillos, demostró que esa
oreja no fue casualidad. Aquí hay novillero; no en ciernes ni en agraz. Y
si hay novillero consolidado, lo lógico es que vaya a haber torero de
alternativa. También Antón Cortés es diestro de estirpe y de sonidos
hondos; pero ya veremos. La novillería andante no siempre se rige por
causas y por efectos. A ver si los taurinos, tan celosos de su honor y
responsabilidad, arreglan el puerto de arrebatacapas en que han convertido
el escalafón: paga o muere. Y, en un 90%, el que no paga, muere. Es
decir, que no torea.
O torea muy poco. No sé si el omnisciente Baura tendrá alguna teoría
al respecto; de ser así ya lo sabría Martín Ferrand. Pero ser novillero
es tan azaroso como ser crítico de toros. En épocas de entusiasmos,
dominada por una o dos figuras, éstas siempre se han llevado por delante
a algún crítico desobediente y díscolo. Hoy son otros tiempos, aunque
suenen algunos tambores de guerra y confabulación. Cuando los taurinos, a
pesar de estar masacrando el escalafón novilleríl, han llegado a la unión,
no van a tolerar voces disidentes.
Claro que peor es ser novillo enrazado. Descabalgó Lovito al piquero y
la represalia feroz del picador fue del museo de los horrores. Luego, el
novillo se fue al que hacía puerta y recibió otra propina. Pero no
acabaron ahí sus males. Paco Cruz le atizó uno de los más infames
bajonazos que han visto estos ojos. Paco Cruz mejoró posteriormente en
todos los sentidos: con la muleta y con la espada.
A Antón Cortés le tocó el lote negro y a Sergio Martínez el lote
blanco; pese a todo, el pitón derecho del primero de Cortés tenía largo
recorrido lo que permitió varios redondos muy templados y con
sentimiento. El pitón izquierdo, inédito. Y la espada y el descabello,
un desastre. Cortés mejoró con el reservón y complicado quinto; muy
buena la apertura por bajo rematada con el de
pecho; excelente tanda de derecha y un trincherazo de primor. Esta vez sí
que utilizó con buen sentido y arte, la izquierda. La estocada delantera,
que escupió el bicho, fue su cruz.
Tiene Sergio Martínez una idea muy clásica del toreo de capa: bordó
las verónicas de recibo, en ese momento en el que el toro viene con todo
su poder y hay que responderle con idéntico poder y con temple. Las
chicuelinas, aunque se embarullara en ocasiones, fueron de seda. Este
barullo le pudo costar un disgusto y sufrió un revolcón, tan aparatoso
como el que había sufrido Cortés al torear de rodillas. Con la muleta
Sergio Martínez congela el tiempo, suaviza el ritmo y adquiere un empaque
de enorme plasticidad. Esta se acrecienta en el pase de pecho, tan ceñido,
tan hacia la hombrera contraria que, a veces, parece un trincherazo por
alto.
Se apercibió pronto Sergio Martínez de la nobleza y del galope del
novillo que cerraba plaza y lo lució de lejos. La alegría pronta del de
San Martín y el aguante del novillero fueron espectaculares, pero
desdibujaron la ligazón: muletazos de uno en uno, alguna serie más
ligada y una bella tanda de naturales a pies juntos rematada con un
hermoso pase de pecho. Lo dicho: no hubo orejas, mas hubo toreo grande. Y
hubo una brega de Manuel Montoya, que alcanzó su cumbre en un capotazo
esplendoroso para poner el toro en suerte. Como en el sexto banderilleó a
placer, Montoya tuvo una tarde redonda.
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