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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE ALBACETE
Tarde del domingo, 17 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Jandilla,
de buen juego.
Diestros:
Entrada: lleno. Crónicas de la prensa:
El Mundo, La
Tribuna de Albacete
El Mundo.
JAVIER VILLÁN. Manuel amador: el éxtasis y el
tormento
Manuel Amador no acabó escachifollando su tarde de toreo bueno, porque al
final logró matar a la tercera. Amador toreó como Dios, con perdón, dándole
a Dios un inmenso margen de confianza. Lo que llamamos aroma, misterio y cante
grande lo derrochó ayer Manuel Amador a manos llenas. Tuvo, además, el duende
benéfico de cambiar el signo de la tarde. Acaso por eso el infortunio se le
acumuló en su espada. Tras el desastre inicial de Ponce, se necesitaba un chivo
expiatorio: Manuel Amador, entre el éxtasis de su toreo y el tormento de su
espada. Algo parecido, sólo que con distintos sones y distintos duendes en su
muleta, le pasó a El Juli en el sexto: tormento de la espada, sin éxtasis de
la muleta. Ayer, en términos flamencos, Manuel Amador hizo maravilloso cante
jondo. El Juli, canción de Manolo Escobar.
Ni el vuelo de las aves ni el hígado de los gansos anunciaban ayer nada
bueno en el primer toro. Ponce perdió el capote, Manolo Quinta dejó enhebrada
la puya y después se cayó del caballo. El toro huía a tablas, tiraba coces y
Ponce no ponía demasiado interés en cortarle la retirada. Más peligro tenía
el valenciano de coz que de cornada. Un arreón le quitó la muleta y le partió
el estaquillador: un toro de horror y un Ponce de pesadilla. Parecido camino
llevaban las cosas en el cuarto, pero Ponce cambió de actitud. Sometió la
bronquedad en dos tandas de redondos y aprovechó a medias el aceptable pitón
izquierdo. Todo a medias, menos el infame bajonazo en la modalidad de metisaca.
Manuel Amador tuvo su tarde de gloria que hizo felices a los buenos
aficionados. Loor a las verónicas de recibo y a las dos medias: hondas y con
embrujo, como los redondos, como los naturales. Se hundió con la espada. No se
había visto torear en esta Feria con tanto sentimiento, ni matar peor:
pinchazos, descabellos, pérdidas de muleta. De nada va a servirle a Amador su
toreo mágico si no mata. Volvió a tocar la gloria en el quinto, en un arranque
de faena que cerró con un torerísimo y ajustadísimo cambio de manos por
delante. Tres tandas de redondos y un pase de pecho, yéndose con garbo y torería
de la cara del toro. Naturales y la cumbre de un pase de pecho que empezó tan
abajo que pareció trinchera, y acabó tan arriba que pareció estatuario. Matar
a la tercera, fue un éxito. El presidente tiró la casa por la ventana y le dio
la segunda oreja.
El Juli también tocó pelo en su primero sin poner demasiado empeño. Apuntó
verónicas inconclusas, clavó sin excesivo entusiasmo e hizo un quite por
navarras y faroles que parecieron de trámite. En los medios, tres derechazos rápidos,
otra tanda tropezada y eléctrica. Naturales de uno en uno y acelerados. El toro
se distrae. El Juli se ayuda con la espada en los naturales, molinete, molinetes
de rodillas, estocada defectuosa y el toro dobla. Salió con más brío en el
complicado sexto. Larga afarolada de rodillas, galleo por chicuelinas y quite
por gaoneras: variedad. En banderillas, un excelente primer par y dos mediocres
que provocaron un auténtico terremoto. El toro, con muchos pies y sin darle
reposo. Tanda de redondos a gran velocidad, otra igual. Naturales al paso; toro
rebrincado y violento, molinete, entusiasmo general. En la distancia corta,
derechazos atropellados, muleta tropezada, carreras, trallazos. Otra vez
entusiasmo general. Se arrugó al matar y se echó fuera, pinchó cuatro veces y
descabelló dos. Pero justo es reconocer que el toro tenía una de las
arboladuras más temerosas de la Feria.
Postdata: muchas cosas y bastantes de ellas buenas hizo anteayer Caballero.
Pero no llegó a banderillear ni a caerse en la cara del toro, ése fue el buen
subalterno, José Antonio Carretero. Una cosa es la rima y otra la jerarquía
torera.
La Tribuna de
Albacete. O PEDRO J: GARCIA. Manuel Amador
puso las notas de clase y abrió la puerta grande
Manuel Amador puso la clase en la décima y última de abono de la Feria de
Albacete, destacando su toreo de capa ante el primero y pasajes para el recuerdo
en sus dos faenas de muleta, breves, pero muy intensas. Como diría el otro, el
que quiera más que vuelva mañana. “El Juli” también tuvo una tarde en la
que estuvo entregado y se cerró la puerta grande con la espada, tras cortar una
oreja a su primero y fallar con los aceros ante un segundo con el que no terminó
de acoplarse. Ponce tuvo el peor lote de la tarde, manso su primero y con poca
clase el corrido en cuarto lugar.
Llegó el final de la Feria de Albacete. Deseado por algunos y con pena para
otros. Y es que en la Feria hubo de todo; toros buenos que tuvieron enfrente
malos toreros (pero en muchos casos se tiene lo que da la cepa), toreros buenos
con toros malos, aunque en algunos casos se conjugaron varios factores. Con
estas connotaciones llegó la décima de abono, en muchas ocasiones marcada por
el desinterés, que no fue el caso de ayer. Y eso ha sido mérito de la empresa;
entre otras cosas porque en el último día de Feria colgó el cuarto cartel de
no hay billetes. Con un canto en los dientes se daría un servidor.
Pero hubo interés en la última de abono, aunque el inicio fuera malo.
Manso salió el primero de la tarde y poco se vio. Saltó el segundo y pronto
vino lo mejor de la tarde, con dos verónicas y el remate con la media de Manuel
Amador; puro cante jondo. Si eso lo hace Curro Romero en la Maestranza mañana
sale en los telediarios. Este astado fue mal picado y en el tercio de
banderillas destacaron José Antonio Galdón “Niño
Belén” y Víctor Manuel Martínez, que se desmonteraron. Después llegó
la faena de muleta de Manuel Amador, con gusto en los primeros compases por
bajo, para ir a más en la siguiente serie, en la que destacó un largo,
templado y hondo pase de pecho. Después llegó el toreo al natural, con gusto,
muy templados y largos la mayoría. Los adornos finales y trincheras pusieron el
colofón a una faena breve, pero muy intensa. Lo peor llegó a la hora de matar,
donde se sucedieron los pinchazos y varios descabellos, que hicieron que todo
quedara en palmas.
Ante el segundo de su lote, suelto de salida, sin emplearse en el caballo,
donde recibió dos puntacitos, y destacando en baderillas Rafael García, volvió
a aparecer la clase de Manuel Amador. El toro fue noble y tuvo clase en el último
tercio, donde el diestro gitano realizó una faena breve, pero intenso en muchos
pasajes. Con la derecha ligó las series, para conseguir que su quehacer fuera a
más, con mayor temple y gusto, sobre todo en los remates de las series. Al
natural llegaron muletazos hondos, con clase y mucho gusto. Hubo quien protesto
desde el tendido la brevedad en la faena de Amador, pero siempre se ha dicho que
lo bueno y breve dos veces buenos. De nuevo, no entró convencido a matar a su
enemigo, pinchando de primeras, lo que valió para que el padre del diestro
diese un enrabietado manotazo en las tablas. Le pidió más entrega en el
siguiente caso y escuchó a su progenitor para volcarse en una estocada casi
entera que fue suficiente para acabar con el astado. Dos orejas para el albaceteño
y ovación para el toro en el arrastre. Y siguieron los comentarios en el
tendido sobre si fueron excesivas o no las dos orejas. Aquí, hay que aplicar la
teoría de Curro Romero: “Las orejas son despojos”. Pues eso. Lo importante
son las sensaciones.
“El Juli” también rozó la puerta grande. No la consiguió por su fallo
a espadas con el sexto de la tarde. Estuvo, una tarde más, entregado, con una
actuación dispar en baderillas y con faenas en las que puso ganas, aunque no
llegase en muchos momentos a darle continuidad a su faena. Ante el primero, tras
buenos pasajes iniciales fue porque el toro se paró pronto y ahí surgió la
entrega del diestro, que expuso con valentía en la cara del astado. Lo remató
con una estocada caída que le valió para cortar una oreja y que hubiera petición
de la segunda.
Ante el sexto de la tarde, bavo en la muleta, no terminó de acoplarse el
diestro, quien, al igual que en el primero, puso voluntad en los quites y en
banderillas. Esta falta de acoplamiento se notó sobre todo en el toreo al
natural, donde en ingún momento templó las embestidas de un humillado y
entregado toro. Llegó al tendido y su fallo con los aceros le cerró la puerta
grande.
Enrique Ponce, en su única tarde, no tuvo el lote más propicio. Poco pudo
hacer ante su manso primero y destacable fue su labor al cuarto, un toro con
poca clase, al que Ponce le arrancó y ligó las series, mejores en el toreo al
natural. Más pinturero en la segunda parte de su faena, que remató fallando a
espadas. |
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