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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE ALBACETE
Tarde del lunes, 11 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de El
Pilar, el
quinto devuelto; con cuajo primero y segundo; terciado y anovillado el tercero.
En general sosos, mansotes y manejables. Dos remiendos de Moisés Fraile, cuarto
y sexto, y un sobrero corrido en quinto lugar, también manejables y discretos
de presentación.
Diestros:
Entrada: no hay billetes. Crónicas de la prensa:
El Mundo, La Verdad de Murcia, La
Tribuna de Albacete
El Mundo.
JAVIER VILLÁN. Orejas de seda y plomo
José Tomás y El Juli cortaron dos orejas cada uno y salieron por la Puerta
Grande de Albacete, que es una puerta grandísima abierta a toda la llanura de
La Mancha. José Tomás pudo cortar dos orejas más de no pinchar al quinto y El
Juli otra por lo menos, de no haber mechado al tercero. O sea que empatados. Y
si están empatados es que son iguales. Y si son iguales es que el público los
valora de la misma manera. No seré yo quien ponga en duda la soberanía popular
ni quien empiece a malmeter diciendo que si El Juli esto y José Tomás lo otro.
Alguna diferencia se me antoja, mas yo creo que ésos son matices y tiquismiquis
de poca monta.
Las orejas de ayer fueron, con perdón, de distinta densidad: unas de seda y
otras de plomo. De seda, por la suavidad de un toreo; de plomo, por la
contundencia de otro. Esto, a la hora de la verdad, no importa mucho. José Tomás
tiene una idea del arte de torear y El Juli una idea del arte de entusiasmar al
público. ¿Pasa algo? A lo mejor tienen más mérito las orejas que corta El
Juli, pues se lo curra hasta el final, no da una embestida por perdida y se tira
a matar como los kamikazes suicidas se tiraban contra los barcos enemigos. Puede
darse por seguro que, mientras El Juli esté en la plaza, no hay oreja de toro
que esté a salvo.
En cambio, José Tomás parece que estuviera levitando y en el séptimo
cielo, que los ángeles toreasen por él y que la peluda cuestión de las orejas
sanguinolentas le trajese al fresco. Ayer, cuando falló a espadas, se fue al
callejón como si estuviera en éxtasis y en la gloria. Lo dicho: los ángeles
torean por él, hacen de sus alas capote y de sus plumas muleta. En cambio El
Juli parece que lleva tras de sí una brigada de estibadores y mozos de carga.
Bien mirado -y esto lo digo en defensa de Julián López- son los obreros los
que mueven la Historia, los exquisitos sólo la acarician.
Los toros de El Pilar y de Moisés Fraile, antes de que se me olvide,
facilones para el torero; tontiburras y blandibobos. Lo que la jerga taurina
llama tonta del bote. Y dicho esto, digamos que José Tomás impuso la teoría
de la quietud y el impulso interior, una especie de mística del toreo; y que
Julián López, El Juli, impuso la teoría atlética de la marcha olímpica:
quietud contra movilidad. Los ángeles, cuando coquetean ante el espejo y se
visten de toreros, deben de torear como toreó ayer José Tomás: acariciando a
los toros que eran como otros ángeles, sólo que sin poder mirarse en el
espejo. Acariciando al toro, meciéndolo en los vuelos de la muleta y sin
romperlo ni mancharlo. Despacio, despacio, sin un tirón de más que pudiera
quebrar la bondad de los bureles salmantinos.
El Juli, en cambio, pisaba el acelerador, arrinconaba al toro, lo perseguía;
se echaba de rodillas desafiante y se metía entre los pitones sin respetar la
intimidad y la cordura de los buenos animales de la familia Fraile. No lo tomen
a mal, pero, pese a lo dicho, a mí El Juli y Tomás me parecen cosas distintas.
Eso no importa demasiado, pues sobre la perversión de los gustos no hay nada
escrito y lo que hay es discutible.
Y, a todo esto, preguntarán ustedes qué pasó con Juan Mora. No pasó nada.
Estuvo de convidado de piedra. Este es el problema cuando torean las estrellas,
se llevan las orejas, la pasta, el favor del público y los titulares de los
periódicos. Así es la vida.
La
Verdad de Murcia. SANCHEZ ROBLES.
Puerta grande para José Tomás y El Juli
Plaza de toros de Albacete. Cuarta del abono. Tarde
soleada y cartel de no hay billetes. Se lidiaron cuatro toros con el hierro del
El Pilar en primer, segundo, tercero y quinto lugar y tres de Moisés Fraile el
quinto bus como sobrero. Impresentables de pitones, mal presentados, una corrida
impropia de la plaza de Albacete, mutilados de pitones. Mansotes y nobles. Juan
Mora. Dos pinchazos y cuatro descabellos. (Silencio con aviso. Media tendida y
cuatro descabellos. (Silencio con aviso) José Tomás. Estocada trasera y
tendida (Dos orejas). Tres pinchazos y un descabello. (Aviso y gran ovación.
Salió a hombros).Julián López, ‘El Juli’. Tres pinchazos y tres
descabellos ( Silencio). Estocada. (Dos orejas). Salió a hombros. Se desmonteró
tras buenos pares de banderillas, el subalterno, Carlos Mora de la cuadrilla de
Juan Mora.
Se cumplió lo previsto y lo esperado: José Tomás y
El Juli a hombros por la Puerta Grande en una tarde demasiado triunfalista en la
concesión de trofeos y de público también muy fácil, al igual que el
presidente, también muy asequible a la hora de aprobar esta corrida,
impresentable para la plaza de Albacete. Algún toro, como el lidiado por El
Juli en primer lugar protestado a su salida al ruedo. Un auténtico renacuajo,
que hizo honor a su nombre, pues así se llamó el animal. Los demás de
vergonzosos y mutilados pitones.
La corrida, que tuvo dos hierros, el anunciado de El
Pilar y el de Moisés Fraile, titular de esta ganadería, no ofreció
dificultades a los toreros, toros de condición mansa, pero nobles, justos de
fuerza. Aprovechables para los matadores. Primero, segundo, tercero y quinto
marcados con el hierro anunciado, el resto incluido el sobrero, lidiado en
quinto lugar, tampoco ofrecieron dificultades, noblones por común denominador.
Pero, esta plaza debe tener una exigencia mayor en los reconocimientos, aunque
toreen las máximas figuras, pues de otra manera el coso albacetense pierde su
categoría. No se puede levantar la mano de esa manera tan ostensible, por más
que se anuncien los más afamados diestros del momento.
El argumento central de la cuarta de abono, que hizo
poner el cartel de no hay billetes, eran José Tomás y El Juli. No fue extraño
entonces que el público entrara tan pronto en la faena de José Tomás en el
segundo de la tarde, que tuvo buenos muletazos aislados, pero no fue totalmente
redonda. El madrileño con su forma de torear pone de manifiesto un control de
la situación notable y por este cauce se sucedían las tandas de naturales
algunos de bella ejecución, pero con muchos tiempos muertos entre cada pasaje.
Transcurría así esta faena, buena en su definición, que no extraordinaria en
su desarrollo, cuando el toro en una embestida se le quedó al torero debajo de
las zapatillas. Ni se inmutó el espada y el público se rompió. Es el efecto
de la quietud, del valor sereno, mérito singular de este torero, que antes había
dibujado un bellísimo redondo citando al astado de Fraile por la espalda. Tras
una estocada trasera y tendida se desbordó el entusiasmo en la petición y
concesión de trofeos. Dos orejas.
El quinto de la tarde fue devuelto por el presidente,
que acertó de lleno. El sobrero de Moisés Fraile salió flojo a la plaza,
circunstancia que palió de manera extraordinaria el planteamiento magnífico de
la faena de José Tomás, mejor que la primera. A base de mimo con la muleta,
dejando al toro mucho tiempo para que se recuperara fue metiéndolo en la
muleta.
La faena tomó altos vuelos en su segunda fase. Tres
tandas de naturales ligados fueron realmente monumentales, puro concepto, aroma
especial, toreo caro, sobresaliente suavidad. Esta vez la vibración del público
se correspondió con lo que vivía en la plaza, pues algunos naturales, la mayoría
fueron una joya. Pero, el torero mató mal, recibió un aviso y escucho una gran
ovación. La salida a hombros posterior fue el colofón a la vuelta del torero
madrileño a Albacete.
El segundo argumento de la tarde era El Juli, que con
la birria de su primer toro con el que se presentó como matador en Albacete,
estuvo fácil en banderillas, previo numerito de los subalternos. Entre que el
toro era soso y que el torero no se centraba con él, la faena transcurría sin
vibración, sin conectar con el público. El torero no estaba a gusto y su faena
era muy desigual, sin nada de interés especial. Además mató mal y todo quedó
en silencio.
Dos pares buenos de banderillas colocó el joven espada
y luego su faena de muleta fue más efectista y bullidora que otra cosa,
buscando el arrimón final, que hizo que los repletos tendidos se volcaran con
el toreo. Tras una estocada certera cortó dos orejas y salió a hombros.
Juan Mora fue silenciado con un aviso en sus dos
oponentes, los peores de la tarde. Al primero de su lote había que torearlo
cruzado, circunstancia que no prodigó el matador, que realizó su faena en
distintos terrenos de la plaza, pues el toro buscaba siempre la huida. Alguna
serie con la mano derecha tuvo buena ejecución, aunque lo resaltable fue la
decisión del espada, que se fajó voluntariosamente con el manso cuarto, en una
labor de algún momento estético, pero sin mayor relieve. La Feria de Albacete
que levanta el vuelo, toma fuerza, aunque lo ideal es que saliera el toro con el
trapío necesario. Y no lo de ayer.
La Tribuna de Albacete.
PEDRO J. GARCÍA. José Tomás, que salió a hombros con "El Juli",
pone alto el listón
La de ayer era corrida de expectación y el mejor medidor fue que para este
festejo se agotaron las entradas antes que para cualquier otro festejo, por lo
que ayer apareció por primera vez en las taquillas de la plaza de toros el
cartel de no hay billetes. Y hubo respuesta a esa expectación en el ruedo,
sobre todo por José Tomás, diestro esperado en este coso tras su ausencia del
año pasado, quien protagonizó las dos mejores faenas de la tarde, llenas de
clase, verdad y buen toreo, que le valieron para cortar dos orejas, que no
fueron más por su fallo a espadas ante el segundo de su lote. “El Juli”,
que se presentaba como matador de toros en esta plaza, no quiso quedarse atrás
y puso entrega en sus dos faenas, siendo más meritoria la realizada al sexto de
la tarde, que también le valió para cortar dos orejas. Completó la terna un
Juan Mora que, aunque estuvo más entonado en su segunda faena, no tuvo sitio en
sus faenas. En la tarde de ayer también hay que volver la vista hacia el palco,
ya que si José Tomás puso alto el listón del toreo, la presidencia puso bajo
el de la concesión de orejas. El resultado de dos orejas tanto para José Tomás
como para “el Juli” es engañoso.
Mucha verdad
La verdad del toreo llegó ayer a la Feria de manos de José Tomás, quien
supo sacarle el máximo partido a sus blandos toros en sus faenas. Tuvo una
tarde redonda, con el lunar del fallo con los aceros ante el segundo de sus
enemigos, ya que tanto con la capa como con la muleta supo llegar a un tendido
que tras los tres festejos iniciales del ciclo albaceteño estaba deseoso de
buen toreo. Y no fue sólo el toreo lo destacable de José Tomás, sino otros
detalles que contribuyeron a que pudiera llegar ese toreo. Cuando es habitual
que en el tercio de banderillas los toros se lleven un buen número de capotazos,
al primero de José Tomás no le dieron ni tres. Y eso, después, se traduce en
más muletazos.
Con el capote, José Tomás lució en los lances de recibo a sus enemigos y
en un ajustado quite por chicuelinas al primero de su lote. Pero lo caro llegó
con la muleta. Ante su primero clavó las zapatillas y comenzó su toreo en
redondo para ir completando una faena que fue a más. Toreó ceñido, con clase,
templado y con valor, aguantando con firmeza los parones del astado. Así se
fueron sucediendo las series en una completa faena que tuvo el remate de una
estocada caída y atravesada que hizo rodar rápidamente al astado.
Mayor mérito tuvo la segunda de sus faenas, ya que el sobrero de Moisés
Fraile, un toro cornalón y con poca fuerza, tuvo una embestida más
descompuesta y fue más complicado de inicio. El calamocheo molestó de los
primeros muletazos fue apagándolo José Tomás con su templada muleta y cimentó
una faena sobre la mano izquierda, que fue ganando en intensidad. Así se
sucedieron series de naturales breves, pero intentas, llenas de clase, mano baja
y con mucho gusto. Remató la faena con unas ceñidas, pero en esta ocasión le
faltó la rúbrica con la espada, ya que se sucedieron varios pinchazos antes de
finiquitarlo con el descabello. Su labor fue ovacionado.
“El Juli” se presentó como matador de toros en Albacete y la expectación
era grande. Estuvo muy motivado durante toda la tarde, completando dos buenos
tercios de banderillas en los que fue ovacionado. La faena a su primero, con
poco motor y noble, fue breve. La inició rodilla en tierra para ir tomando un
tono ascendente que no llegó a más porque pronto se paró el toro. Estuvo
desacertado en el manejo de los aceros (dos pinchazos, medía caída y tres
descabellos). Ante el segundo de su lote estuvo más firme en su faena, que fue
a más. Tampoco anduvo sobrado el astado de fuerzas y cuando se le paró, el
joven diestro expuso para ligar unos muletazos que calaron en el tendido. Tras
una estocada trasera y caída obtuvo las dos orejas de su enemigo.
Juan Mora repetía actuación en el coso albaceteño tras su paso por la
Feria el año pasado. Poco entonado estuvo ante su primer enemigo, al igual que
su cuadrilla, que protagonizó uno de los peores tercios de banderillas del
ciclo. Poca fuerza y clase tuvo su enemigo, pero tampoco estuvo fino el de
Plasencia, quien también falló con los aceros. Más enrabietado estuvo el
diestro ante el cuarto de la tarde, un toro con genio al que el diestro le ligó
los muletazos con celeridad y poca clase.
Hoy, repite José Tomás y la expectación está de nuevo garantizada. No sólo
por él, sino también por el albaceteño Manuel Caballero, que tras salir a
hombros ayer en Murcia y conocer lo realizado por el madrileño aquí no querrá
defraudar a su parroquia en su primera comparecencia final. Completa el cartel
“Finito de Córdoba”, que tampoco es manco.
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