|
|
|
Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del jueves, 19 de abril de 2007
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victorino Martín
(bien presentados, encastados, con peligro 1º, 4º y 6º); el 2º, muy
noble, dio la vuelta lenta en el arrastre).
Diestros:
- Pepín Liria.
De verde agua y oro. Pinchazo, meia estocada tendida y caída
(silencio); estocada desprendida y tendida (saludos desde el tercio).
- Manuel Jesús " El Cid".
De lila y oro. Estocada desprendida y atravesada (dos orejas);
estocada entera (oreja).
- Salvador Cortés.
De azul rey y oro. Dos pinchazos, estocada en su sitio (saludos desde
el tercio); estocada entera (silencio).
Incidencias: El Cid salió a hombros por la Puerta del
Príncipe. Julio López, 3º de la cuadrilla del Cid, resultó cogido al apuntillar al 5º, presentando una cornada de dos trayectorias en la cara posterior del muslo derecho de 10 cm.
Banderilleros que saludaron: Antonio Jiménez Ecijano II,
de la cuadrilla de Pepín Liria, en el 4º; Curro Robles, de la
cuadrilla de Salvador Cortés, en el 6º (sonó la música).
Presidente: Juan
Murillo. Tiempo: nublado con claros.
Entrada: hasta la bandera. Crónicas de la
prensa: El Mundo, Metro,
El País, ABC, Diario
de Sevilla, La Razón, Marc Lavie.
|
PUERTA
DE ARRASTRE
|
|

Por Santiago
Sánchez Traver
|
Llegaron los victorinos y con ellos la bulla, la cosa a tope. Y la reventa, que vuelve tras el Domingo de Pascua. Hasta ahora andaban quejándose por las esquinas y vendiendo las sombras a mitad de precio. O, simplemente, tirándolas.
Pero Victorino trae el parné y hoy se cotizaban las entradas tres a uno, o sea que se pagaba el triple por tendido de sombra. Mañana, pasado y el lunes, ni les cuento. El papel está acabado hasta para la corrida del “Tomate”, que es como le han puesto a la del sábado de farolillos. Los victorinos están como son y hacen lo que deben. Lo suficiente para encumbrar al torero de Salteras hasta el límite. |
|

Imágenes del festejo
|
LO
MEJOR Y LO PEOR
|
|

Por Carlos
Javier Trejo
|
Cuando tienen la suerte de encontrarse en la Maestranza un toro y un torero, se llegan a producir los instantes grandiosos de los que se alimenta la Fiesta. Toro importante,
Bordoñés, de la ganadería de Victorino Martín, premiado con los honores de la vuelta al ruedo en el arrastre. Puerta del Príncipe para “El Cid”, faena redonda, el toro era bueno, pero se encontró con un torero capaz, y que entiende a la perfección a este hierro. Importante en el 5º, nadie apostaba por
que sirviese, y lo metió en la canasta para torearlo al natural y sacarle unos pases de pecho soberbios. Disposición y pundonor de Pepín Líria que pechó con un lote complicado. Bien “Ecijano II” y Curro Robles en banderillas.
|
En tardes que hacen afición como la de hoy, es complicado fijarse en lo peor. Bien es verdad que la corrida de Victorino no ha sido completa, ni mucho menos. Salvo el 2º y el 5º, el resto presentaron numerosas dificultades, aunque siempre con la movilidad característica de los de la A coronada. Un banderillero de la categoría de Alcalareño, premiado en los últimos años en Sevilla no puede pasar como hizo en el 5º, dejando un rejonazo. Hasta cuando doblan son peligrosos los toros. Fue cogido Julio López, 3º de la cuadrilla de “El Cid”. ¿Por qué no apuntilló a ese toro el puntillero de la plaza? Lo hizo el 3º de la cuadrilla de Pepín Liria, ¿no hubiera sido más lógico?
|
|
LOS
PROTAGONISTAS
|
Pepín Liria
El matador murciano comentaba su actuación de la siguiente forma: “La corrida ha salido muy dura y otro esfuerzo más” estas fueron sus primeras palabras. “No se hasta cuando aguantaré estos esfuerzos y a veces se lo pregunto a Díos. Pero desde luego hasta que me aguanten las fuerzas lo seguiré realizando, porque en Sevilla es un lujo torear y más en un día como hoy con la plaza llena”. También Pepín tuvo palabras de elogio para ‘El Cid’ “me alegro mucho por Manuel porque se lo merece y por la Fiesta que se engrandece aún más. Hoy todos hemos realizado un esfuerzo siendo concientes y la Puerta del Príncipe la gana Manuel Jesús y la gana el toreo en general”. |
Manuel Jesús " El Cid"
“Estoy tan contento como la primera vez que salí por la Puerta del Príncipe y esta es la cuarta, otra vez vuelvo a cumplir un sueño” Con gran alegría se mostraba el diestro de Salteras después de cortar tres orejas a la corrida de Victorino Martín: “Ha sido una tarde muy importante para mi, había mucha expectación por el festejo. Me han tocado dos toros muy distintos porque el segundo no tenía nada que ver con el quinto. El primero lo deje entero en el caballo, un toro bravo, encastado y creo que lo he cuajao con la muleta. El otro nadie apostaba por el nada más que yo, porque era muy complicado y le he arrancado una oreja de ley.’El Cid’ terminaba sus declaraciones diciendo que “me llevo la cabeza del segundo porque ha sido un Victorino muy importante para mi carrera”. |
Salvador Cortés
El joven matador señala que su lote ha sido muy difícil: “Han sido dos alimañas y eso que le he tragado bastante al tercero y al sexto. El último estaba muy agarrado al suelo y cuando le exponía se metía para adentro buscándome. Con el anterior me fui a los medios pero no paraba de buscarme y medirme en todo momento. Ha sido una pena porque venía con mucha ilusión y la verdad, que he me estrellado con los dos de mi lote. Salvador señaló que “gracias a Díos, me queda otra en la Feria y espero desquitarme con un triunfo importante”.
|

Más imágenes del festejo
Crónicas de la Prensa
ABC.
ZABALA DE LA
SERNA. Puerta del Príncipe para la suprema compenetración de El Cid con Victorino
Como guante a la mano, y qué mano la de El Cid, así le cae el encaste de Victorino al torero de Salteras. O viceversa. Tan suprema compenetración, como la del Beluga al Möet, se precipitó por la Puerta del Príncipe en esa hora mágica cuando la tarde se asoma a la noche. El Cid y Victorino, Victorino y El Cid, son pareja de hecho inseparable desde que hace un lustro se volvieron locos de pasión en las arenas de Bayona. Ayer acapararon juntos absolutamente todas las cartas.
Desde que «Bordoñez» pisó el albero, lo aró tras el templado capote de El Cid, con el hocico por los suelos y una bravura excelsa. Qué manera de humillar, de hoyar la arena, la de este toro de nombre rotundamente sonoro. La tierra se abrió para que Cid pusiera su semilla. No sé si sacó toda la nota el victorino en el caballo -el segundo puyazo fue mínimo- como para luego subirse en el podio de los toros de vuelta al ruedo en la Maestranza, pero, por si alguna duda quedó, la calidad desplegada en una continua catarata de embestidas superiores enalteció el hierro de la A coronada de los viejos albaserradas de Galapagar. El Cid le halló el punto con la mano derecha para torear en tres series tan limpio como largo y en línea, un tanto acelerado, listo para dejarle la muleta puesta e hilvanada, antes de que el hilván fuese ligazón y los dos pasos perdidos se convirtiesen en uno ganado. Describo todo este compendio técnico como táctica de perfecta compenetración, que fue a más sobre la izquierda, con la plaza bramando, temblando cuando se perfiló para hundir una estocada defectuosa que liberó la pañolada de las dos orejas y el exclusivo pañuelo azul de la vuelta al ruedo.
El compendio de la tarde del Cid cobró verdadera importancia con el encastado quinto. Por no andar con muchos rodeos: a mí me gustó más El Cid entonces. Por hondura, poso, reposo y sentimiento. Porque la izquierda siendo la misma fue otra. El Cid se hundió. Torear es hundirse con el toro, fundirse. Hay quienes comparan el baile con el toreo, aunque haya una diferencia sustancial: la danza es hacia arriba, el toreo es hacia abajo. Y cuando El Cid hundió los talones y aplomó sobre el albero la naturaleza de su izquierda el ole adquirió otra dimensión, más ronca y profunda, como de eco en cueva atávica. El toro se había frenado en banderillas y el mismo toro había roto hacia delante en la muleta campeadora de un tío ya crecido en el triunfo. La estocada fue efectiva, un pelín desprendida, lo suficiente para la muerte, lo justo para no restarle un ápice de valor a la oreja que descerrajaba la Puerta del Príncipe. Todavía la jiribilla que revoloteaba en las entrañas del toro alzó el vuelo para cazar al puntillero por la corva y herirlo.
De milagro se escapó Pepín Liria con un lote del averno, un manso y violento cuarto y un alto y serio cárdeno que saltaba como un tigre de Bengala en cada embestida. Batalla de cuerpo a cuerpo, de bayoneta calada, del Pepín, Pepín, aguerrido de Pamplona. La espera a portagayola fue de infarto, como todos los lances y muletazos que robó con astucia y resortes de soldado curtido. Mucho mérito el suyo y no menos redaños y reflejos.
A veces uno no llega a comprender cómo se hacen los lotes, pero sin duda a Salvador Cortés le tocó el más ligero: un toro enano (y no sólo por contraste con la envergadura del diestro) y otro estrecho como una tabla de planchar. El enano tuvo media faena, aunque se volvía del revés, y el estrecho todo lo que mereció fue una muerte lenta, por cabrón.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. El Cid abre la Puerta del Príncipe
Maravilloso comienzo: no cabía ni un alfiler en la Maestranza. El Cid abrió la Puerta del Príncipe y van cuatro. Como siempre, el debate de si un torero debe atravesar ese umbral se abre desde el mismo momento en el que atraviesa la mítica puerta. ¿El Cid mereció en esta ocasión tal honor o hubo condescendencia? En su primer asalto, con un gran toro, el de Salteras cuajó al toro por un pitón. Pero tardó en conseguir sacarle partido al natural. Una oreja tras la suerte suprema, en la que se tiró de verdad para una estocada ligeramente desprendida y muy tendida. En el otro demostró que es un auténtico especialista en esta ganadería y consiguió meter en la canasta a un animal difícil, pero con buen fondo. La espada, en esta ocasión, quedó caída. En ambos casos, se desató la euforia para un torero que volvió a conquistar al público de la Maestranza y que salió a hombros por la Puerta del Príncipe, que en el cómputo fue excesiva.
El segundo toro de Victorino Martín, de nombre Borgoñés, cárdeno, de 550 kilos, será difícil que sea superado en lo que resta de feria: auténtico vendaval de bravura, ejerció de carpintero, rematando en tablas de salida, y galopando y corriendo más que el contador de la luz. Además, tuvo un tranco perfecto y metió la cara, haciendo el avión, con nobleza. El toro, mucho toro, transmitó muchísimo. Por supuesto, todo lo que El Cid realizó tuvo gran importancia por ello. El torero sevillano, muy bien a la verónica, cuajó al toro con la diestra, aflorando por momentos profundidad, hondura y buen gusto. En los medios, con un valor inmenso, citó a esa fuerza de la naturaleza que partió como un rayo tras la muleta para una tanda de muletazos rápidos y vibrantes. En las afueras, el torero metió al animal en una tanda templada, con muletazos largos que superó con otra en la que ligó cinco muletazos llevando al toro totalmente embarcado. Pero con la izquierda la faena no tomó vuelo hasta el final. Le perdió pasos en los primeros muletazos y Borgoñés fue imponiendo su ley. Ya casi en el epílogo surgieron dos buenas tandas. Al toro, que había empujado y derribado con peligro a José Manuel Espinosa en el primero puyazo y que había cumplido en el segundo, le pidieron el indulto, quedando la cosa en una merecidísima vuelta al ruedo. Y al torero, que le propinó una estocada ligeramente desprendida y muy tendida, le concedieron las dos orejas.
El Cid salió a por todas en el quinto, un toro altote, que salió suelto en varas, esperó en banderillas y comenzó gazapón en la muleta. El saltereño le había ganado terreno en el recibo de capa, a la verónica. Lo entendió bien. Le dio tiempo. Lo fue metiendo en la canasta… y brilló en una serie ligada al natural de gran altura. En este caso, la estocada fue caída. El público pidió un trofeo, que el presidente concedió y sirvió como pasaporte para la Puerta del Príncipe. Este quinto hirió al banderillero Julio López al intentar apuntillarlo.
El resto de la corrida, por el peligro que se respiraba, tampoco fue para comer pipas. El que abrió plaza, muy listo, le rajó el capote y le arrancó la muleta de partida a Pepín Liria. Aviso para navegantes. Y Liria navegó sin centrarse. El cuarto toro sabía latín y a lo largo de la lidia se lo pensaba antes de acudir y embestir; muriendo en tablas. Liria, que aguantó una inmensidad para recibirlo a portagayola de rodillas, navegó en este caso con voluntad por aguas turbulentas. Lo mejor en ese cuarto lo consiguió Ecijano II, prendiendo un soberano par de banderillas, con agallas.
Salvador Cortés, torero todavía no avezado con este tipo de toro, que es muy exigente, lo pasó mal por momentos ante un lote difícil. Con el complicado tercero pergeñó una faena desigual, en la que lo mejor sucedió en los medios, en una tanda con la diestra en la que aguantó mucho y templó. Con el sexto se mostró voluntarioso con un astado ágil de cuello. Lo más brillante en este acto corrió a cargo del banderillero Curro Robles, muy bien en banderillas, con un par extraordinario. Cortés, ante el gran Borgoñés, el segundo, dibujó una media verónica inmensa en su correspondiente quite.
La Razón.
JUAN POSADA.
El Cid abre por cuarta vez la Puerta del Príncipe
Dicen que El Cid tiene suerte con los toros, y es cierto. No lo es menos que los torea de forma gloriosa con la mano izquierda. Ayer, además, lanceó con el capote, manos bajas, flexión de cintura y mucho empaque. Los naturales que le bordó al segundo toro, perfectos; es difícil igualarlos. Derecho como una vela, la pierna zurda adelantada y el redondeo de la muñeca imprimieron a sus pases una emoción especial. También se le vio puesto, valiente, seguro e inteligente; no tuvo ningún momento de vacilación y todo lo que hizo estuvo dentro de los más rígidos cánones de la tauromaquia. Por si fuera poco, atacó con decisión y buen estilo a la hora de matar. Su primer toro fue tan bueno que era muy difícil torearlo; había que superar su clase. El quinto, muy manejable, pero menos; los restantes toros de la ganadería de Victorino Martín resultaron regulares ante el caballo y tobilleros en la muleta.
Pepín Liria, con el primero, mansote y de corta arrancada, no se arredró y con la derecha aguantó las tarascadas del toro, que se revolvía muy pronto. Los naturales, bravos, con poca templanza porque el animal no la tenía. Volvió con la derecha valiente, soportando las arrancadas tobilleras y sin perder la compostura. En un natural final, se le fue al pecho con mal estilo. Faena de torero valiente y seguro.
Recibió al cuarto a portagayola seguido de unos lances y chicuelinas. Fue lo único lucido que pudo hacer. El toro, muy brusco en la muleta, no le dejó estar a gusto a pesar de que el murciano se mostró firme. La res no era a propósito.
El Cid se recreó en los lances iniciales al excelente toro que salió en segundo lugar, al que hizo un precioso quite Salvador Cortés. Comenzó la faena sin más preámbulos con la mano derecha en el centro del ruedo, que remató cuatro muletazos y un pase de pecho, templados, en los que el toro repitió muy humillado y con nobleza. Así hasta cuatro tandas más con la diestra, de semejante factura. Las dos series con la izquierda, también templadas y con la muleta muy baja, ya que el toro humillaba hasta el límite. Tras adornos por la espalda y dos preciosas trincheras zurdas, completó con la espada una gran faena a un buen toro.
Con el quinto, bueno aunque más tardo, estuvo excelente con el capote al pararlo y dar cinco lances y media, muy buenos. Los primeros muletazos por bajo, largos para limar asperezas. Los que siguieron, diestros y siniestros, pausados y con regusto, más en los naturales, logrados a fuerza de dejar la muleta muy baja y adelantada y conducir la embestida con suavidad. Faena valiente e inteligente.
Salvador Cortés sufrió una colada terrorífica en el inicio de faena al tercero, que se quedaba por debajo y exigía mucho al torero. Aguantó las miradas del animal siempre a las ingles con mucha firmeza. Prosiguió con la derecha teniendo que tocarle a tiempo para que no se le fuera al cuerpo. Así hasta dos tandas en las que si no hubo lucimiento, sí emocionaron. Soportó con la zurda tres tarascadas y remató con un pase de pecho muy ceñido. Labor sin demostraciones artísticas pero meritoria y muy valiente.
Con el sexto de la tarde, soso pero que se revolvía presto, confeccionó una labor sobre el pitón izquierdo, el más potable de los dos, muy cruzado y tapado con la muleta, ya que el toro si lo veía le
achuchaba.
El Mundo. CARLOS
CRIVELL. El Cid, un mago con los de Victorino
Tarde maravillosa para el toreo en la Maestranza. Toros encastados de Victorino Martín con la cumbre del segundo, Borgoñés, y un torero que volvió a demostrar que es un mago con estas reses. Su capote y su muleta son un bálsamo para estos astados. Nadie entiende al toro de Victorino como el de Salteras. Es un conocimiento basado en una gran capacidad para pisar el terreno adecuado y una inteligencia natural para mover las telas en armonía con las arrancadas de los cárdenos. El Cid triunfó a lo grande; con toro sensacional, que no fue un toro fácil, y con el quinto, un toro que en otras manos hubiera sido un regalito. Aún hay quien dice, y lo dirá de nuevo, que es sólo cuestión de suerte en los sorteos. Los mismos que dicen que no tiene valor; o que en Sevilla se le regalan las orejas. La tarde de ayer deja en ridículo a tanto entendido frustrado. El Cid ha salido por cuarta vez por la Puerta del Príncipe de la Maestranza, algo que no ha logrado ningún torero en activo.
El toro segundo salió arrastrando el morro por el albero. El Cid toreó con gusto a la verónica. El toro empujó como bravo en el caballo y derribó porque entrampilló la mano del caballo. En banderillas galopó con alegría. El toro era un espectáculo de movilidad y capacidad para humillar. La faena de Manuel Jesús fue brillante, aparentemente fácil, pero no fue así, porque el toro reponía y repetía sus embestidas. El Cid perdió algunos pasos entre los muletazos, que siempre fueron largos y templados. Faena de mejor principio que final, pero rotunda en su conjunto. El toro seguía con fijeza, nobleza y movilidad. Alguien pidió el indulto. No procedía. El honor de la vuelta al ruedo unánime es la gloria mayor para una ganadería en la Maestranza. Las dos orejas, de clamor.
Era el segundo de la tarde y toda la plaza era consciente de que habíamos presenciado uno de los acontecimientos de la Feria. Pero quedaba el quinto.
No fue el segundo, ni parecido. Fue un toro que mimó el torero con el capote con leves toques y la distancia precisa en cada movimiento. El toro se fue suelto de los caballos, esperó en banderillas y nada hacía presagiar lo que estaba por llegar.
La magia de un torero que conoce el encaste como pocos domó al de Victorino. Perfecto de colocación, ahora quedándose colocado para ligar, El Cid dio un curso de toreo bueno con la derecha primero y, lo que parecía casi imposible, con la izquierda. El toro se transformó bajo el poder de la muleta del saltereño. Lo mató en el rincón, el toro cogió al puntillero en un definitivo arreón y la oreja cayó por su peso. Y con la oreja, la gloria y la confirmación de que este Cid es un torero grandioso. Como es normal, sus detractores encontrarán argumentos para quitarle méritos. Mejor están callados.
La corrida de Victorino tuvo movilidad y variedad. A Pepín Liria le cayó en suerte un lote muy complicado. El primero buscó al torero y fue violento. Pepín se fajó como siempre en una nueva batalla de resultados previsibles. Se fue a portagayola a recibir a un toro que careció de fijeza toda la lidia y que se revolvió como una fiera en cada muletazo. Fue una faena de infarto, una más de este torero curtido el mil batallas.
Para Salvador Cortés era una tarde muy difícil. Después de su triunfo del pasado año, Salvador se medía en la Maestranza con El Cid. Una papeleta que resolvió a medias. Se quitó el miedo en un quite al segundo con media enorme. Su primer «victorino» apenas le dejó dar pases limpios, aunque se evidenció su inexperiencia con estos astados. Algunos derechazos tuvieron enjundia. El sexto fue un toro con embestidas largas por el lado izquierdo. Lo comprobó el torero de Mairena cuando prolongó el muletazo y se apreció que animal seguía la muleta en toda su extensión. De nuevo quedó la impresión de que Salvador Cortés no tiene aún el fondo de experiencia preciso para entender a los de Victorino.
La Feria ha roto definitivamente después de esta corrida. Al trono de triunfador se ha apuntado con fuerza El Cid. El que quiera destronarlo debe torear mucho y bien. Para este ciclo es una maravilla que El Cid haya ejercido de gran provocador. Los toreros jóvenes tienen un duro compromiso por delante. La llamada de atención de El Cid ha sido una bendición para todos, sobre todo para el torero que sale reafirmado como una figura indiscutible del toreo actual.
Metro. IGNACIO
DE COSSÍO. El Cid salta
la banca
Creíamos que sus apoderados lo habían colocado a los pies de los caballos. Pues nada, enfrentándose a los mejores, le está ganado el El Cid uno a uno a todos la mano. Primero Ponce y Castella, ahora Cortés y cuidado cuando llegue EL Juli. Esta claro como López Chávez el día anterior, que el catedrático de salteras vino a jugársela con mucha entrega y predisposición. Pudo con todo y salió a hombros por
cuarta vez, recordemos, dos veces en 2005 (1
y 2), y otra vez en 2006, en San Miguel (1),
y ahora en el 2007. No hay quien lo pare. Torea mejor que nunca y más si cabe también con el capote. ¿Qué le ha pasado a Manolo? Que ha madurado y se ha convertido en el torero de Sevilla. Pues sí, ni Morante, ni Castella, ni Cortés. Sevilla solo quiere a Manolo y solo Manolo por el momento. Al primero lo lancea con temple a la verónica. Que media la del quite, ni Morante y lo digo bien y alto. “Belmonte también llegó a Salteras en un cascarón de nuez”. Comienza con la derecha y ejecuta otra serie más templada. El toro cumbre y él también. ¡Qué son y que clase la del Victorino! Ellos solos han roto la Feria de Abril. Otra seria arrastrando la muleta y al fín vemos la izquierda. Sevilla es un delirio, tres naturales de arte y sentimiento con profundidad de veras. El toro de vacas, el torero también, que hasta pega un muletazo sin muleta. Piden el indulto a un toro que se lo pensó mucho en el caballo para luego cumplir sin más. Estocada al toro y a la Feria. En su segundo un toro complicadísimo estuvo aún mejor. Otra vez de lujo a la verónica, no se lo van a creer, no les miento la media fue de Triana pura. El toro mira, le busca y el aguantando un mar de puñales. EL Cid coloca su muleta en la cara del animal, quietas están sus manoletinas y hasta el final, como Dios manda. Naturales de peso uno a uno, le llevaron en volandas hasta el río. Del resto apuntar que Cortés muy firme estuvo valiente ante lote más chico y sin opción. Liria fuera de cacho, sin colocar los engaños en la cara, perdió la partida antes de empezar. Disposición y menos voces, que aquellos toros no fueron fáciles pero tampoco alimañas ¿Verdad Cid?
El País. JOSÉ SUÁREZ INCLÁN.
El Cid gana otra batalla
Cartel de lujo. Y con los toros del vivísimo abuelo de Galapagar. ¿Se puede pedir más? Sí, que embistan. Sí, que toreen. Y embistieron. Y hubo toreo.
Allá iba El Cid, dispuesto a continuar el idilio que mantiene con Victorino, a no dar batalla por perdida. Salió Bordoñés, un cárdeno, y desde que lo vio, lo mimó; no lo dejó tocar. Metió la cabeza en verónicas que fueron creciendo y lamiendo la arena llegó al penco, al que derribó y luego levantó. Trabajo tan esmerado le valió una ovación. Y aún se había de esmerar más. Lo mimaba -era un cañón-: el capote suave, volando a media altura, el quite reposado, y Espinosa, el piquero, pasó el portón entre palmas. El animal estaba justo, era bravo: triunfo seguro. Se arrancó de lejos a la muleta y rompió a hervir el caldo. En la primera serie los redondos eran un lujo y, entre música y palmas, se empezó a recrear. En la segunda lo llevaba metido en la tela, como a un niño, y ya en la izquierda, haciendo el avión, el hocico en la arena, planeaba rítmico como un reloj. Allí llegaron los naturales más naturales, y los de pecho más largos, al hombro contrario. Borracho de torear le dio dos desplantes de gratitud y algunos empezaron a pedir el indulto, pero El Cid, con buen criterio, se echó en lo alto y se abrazaba a Alcalareño cuando el presidente sacó el pañuelo blanco por segunda vez.
Al rematar la sexta verónica que recibió el quinto, El Cid vio de reojo entreabierta la puerta del Príncipe. Y volvió a los cuidados, el capote dulce con planeo alto hacia Parrón, que picó liviano en la cruz. Lo citó en el centro y tosieron dos señores, tal era el silencio. El toro, bravo y con casta, no era tan claro como el primero pero El Cid no dudaba, le forzaba, con energía, tirando bien con la izquierda, venciendo y convenciendo. Se estaba cargando la plaza de electricidad y llegó una serie larga, ligada, curvilínea, rematada e iluminada con un farol. En la siguiente, natural y lenta, se desbordó la emoción. También estaba el diestro emocionado cuando rubricó con dos firmas y un ayudado. Luego se vació en la estocada, y el toro, tras levantar de un puntazo al puntillero, cayó. La puerta del Príncipe estaba esperando.
El veterano Liria sabe bien lo que es este ganado. No tuvo el mejor lote, pero tampoco estuvo como sabe. Al primero, un encastado que le dio rasgones en capote y muleta, pese a estar bien picado por Sánchez, le volvió la sangre fiera de su casta. Al primer pase le dejó la espada que escondía la franela como una alcayata y el resto fue todo hacerle pasar, sin perderle la cara un segundo, apartándose de los derrotes y la cabeza rápida del entrepelado. Se aplaudía su valor pero las tablas fueron tibias tras el arrastre: le había faltado decisión. E igual pasó con el cuarto, media tonelada cárdena a la que esperó de rodillas, en silencio sepulcral que se hizo eterno. Tal vez le dio tiempo a repasar toda su vida. También aquí se hubo de limitar a esquivar su mirada aviesa y buscadora y sus cárdenas intenciones.
Cortés aún nota el tacto de los cuatro trofeos en las manos. Y eso a lo mejor le impidió estar. Se le fue un bravo tercero. No se ponía en el sitio. Ni él ni la muleta. También en el sexto le perdió la precaución. Aunque dibujaba buenas curvas con la muleta, estaba fuera del lugar del embroque y no encontró el punto donde surge el escándalo. Que es el de mandar y templar. Y aligerar, porque se puso un poco pesado. Menos mal que la estocada entró suave y fácil.
Marc
Lavie. Un victorino de rêve
La feria a vraiment commencé ce jeudi, avec un exceptionnel toro de Victorino Martín - pour lequel une partie du public alla jusqu'à réclamer la grâce - et la quatrième Porte du Prince pour le meilleur spécialiste actuel de cet élevage qu'est Manuel Jesús "El Cid".
Très sérieux d'apparence, ce "Borgoñés" - "grand Bourgogne", bel hommage du célèbre ganadero au patrimoine français... - chargea avec classe la cape du Cid, qui le toréa avec aisance par véroniques. À la première rencontre, le fauve attaqua de face le cheval et provoqua une spectaculaire chute du picador de Camas, José Manuel Espinosa. Il prit une deuxième pique sans insister, mais avec fixité. Dans les capes des subalternes, le Victorino ne cessait de promettre ce qu'il allait être à la muleta : un toro d'une bravoure infatigable, d'une noblesse absolue, chargea vite et loin, avec brio, moteur, galop, vibration. À peine El Cid lui présenta la muleta, pour le toréer sans préliminaires sur le côté droit, des barrières vers la piste, que "Borgoñés" s'élança à perte de vue, prenant même de vitesse le torero. Mais Manuel en prit le rythme dès la deuxième série droitière, parfaitement liée et toréée. La troisième série fut dans le même ton, compacte, serrée à la ceinture, et libérée avec hardiesse. La première série à gauche eut une intensité croissante, avec deux naturelles extraordinaires. Jusque là, tout parfait. Lors de la série suivante, toujours à gauche, El Cid se fit désarmer mais remonta le courant en marchant avec le toro - toujours vers l'avant et vers le centre, car le moindre recul et le fauve mangeait son dompteur... Pour terminer, le torero de Salteras reprit la droite pour des passes d'ornement inégales en limpidité mais fortement acclamées. À ce toro exceptionnel, il manqua une autre grande série à gauche que la faena soit exceptionnelle. Alors qu'une pétition "d'indulto" s'élevait des tendidos, El Cid monta l'épée et tua d'une quasi entière desprendida. L'enthousiasme déborda du cirque maestrante : deux oreilles, et surtout mouchoir bleu pour ce toro de rêve.
Sans dévaloriser cette première faena, avec les réserves mentionnées, j'avoue avoir préféré El Cid au cinquième, un toro brave, mais de bravoure plus brute. Tout aussi sérieux mais plus haut - impressionnant le trapío de ce toro avec pas plus de 505 kilos sur la bascule - qui chargea le picador avec alegria et le poussa jusqu'aux planches. Chargeant franchement, mais avec moins de parcours et sans vraiment baisser la tête. C'est avec cet animal que le Cid fit vraiment la différence, lors d'une faena abordée sur le voyage, pour se centrer notamment lors de trois grandes naturelles liées sur place. Comme toujours chez ce torero au concept très pur mais au répertoire étroit, les terminaisons manquèrent de souplesse et de coulé, mais El Cid avait fait techniquement tout ce que le Victorino exigeait. Il porta en mouvement une estocade entière légèrement desprendida mais sensationnelle d'exécution. Une fois couché, le fauve se releva pour infliger un coup de corne au puntillero Julio López. Oreille amplement méritée, et quatrième Porte du Prince pour un torero dont on peut parfois discuter les formes mais qui a désormais l'un des plus beaux palmarès de l'escalafón.
Avec le lot le plus violent et le plus âpre, Pepín Liria, en guerrier, eut beaucoup de mérite. Il ne désarma pas devant un premier qui ne tolérait pas le moindre doute et qui lui vint à la poitrine dès que le rideau rouge de la muleta laissa entrevoir l'acteur. Pepín attendit longuement à genoux le quatrième à la sortie du toril. Depuis qu'on ne met plus la devise à Séville, les "porta gaiola" sont encore plus risquées, car les toros sortent au pas, sans élan. Ce quatrième mit une éternité à pointer son nez. Pepín resta là, planté. Torero aguerri, matador vétéran, ce père de famille eut le cran de rester à sa place, sans broncher ni modifier la position, et d'éviter d'une larga magistrale l'assaut court du Victorino : chapeau pour ce torero en fin de carrière ! Chapeau pour tous ces hommes qui s'habillent en lumière et qui poussent chaque jour un peu plus loin les limites du courage. Il gagna le centre ensuite debout avant d'être violemment désarmé par le fauve le plus puissant du lot, qui se déplaça en crabe, ne se livra pas vraiment sous le fer et mena la vie dure au guerrier de Cehegín. La Maestranza salua d'une grande ovation la geste de Pepín.
Quant à Salvador Cortés, il connut la dure épreuve des Victorino, ne sachant pas trop comment les prendre, ni comment les toréer, avec la meilleure volonté du monde. Aussi bien le troisième, qu'il travailla sans brio alors que le public décuitait de la lidia de "Borgoñés", que le sixième, qui fut l'autre Victorino de grand jeu, sans le long parcours du deuxième, mais baissant la tête avec classe dans les leurres.
Les cuadrillas, et en particulier les picadors, rayonnèrent à un haut niveau dans une Maestranza archi comble qui connaissait l'ambiance fastueuse des jours de gala.

Imágenes del festejo
Otros
festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas
|
|