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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 30 de abril de 2004
Corrida de toros

El Fandi en Sevilla. Fotografía de Alejandro Ruesga. El País

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Gavira  (bien presentados, con distinto juego: noble y encastado el 1º. 5º y 6º-bis con peligro, pitados en el arrastre. El 6º fue devuelto por el presidente)

Diestros: 

  • Manuel Caballero (pinchazo que escupe, estocada en su sitio. Saludos desde el tercio; pinchazo sin soltar, media estocada trasera y un poco tendida. Palmas)
  • El Cid (bajonazo. Palmas; pinchazo que escupe, estocada caída casi perpendicular. Silencio)
  • El Fandi (pinchazo hondo que escupe, descabello. Saludos desde el tercio; estocada caída. Oreja). 
Presidente: Antonio Pulido

Tiempo: nublado y viento.

Entrada: hasta la bandera

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, TorosComunicación, El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla

 

LOS PROTAGONISTAS 

Manuel Caballero
"He toreado al primer toro muy a gusto sobre todo con la izquierda me  he sentido torero que es lo que voy persiguiendo. He toreado muy relajado, muy como yo quiero, templado... Ha sido una pena que haya pinchazo antes de meter la espada porque estoy convencido de que podría haber cortado la oreja. En mi segundo toro no he podido hacer nada, era bastante malo.He toreado al primer toro muy a gusto sobre todo con la izquierda me  he sentido torero que es lo que voy persiguiendo. He toreado muy relajado, muy como yo quiero, templado... Ha sido una pena que haya pinchazo antes de meter la espada porque estoy convencido de que podría haber cortado la oreja. En mi segundo toro no he podido hacer nada, era bastante malo."
El Cid
"La mala suerte sigue conmigo y el lote que me ha tocado hoy también ha sido como el día de Victorino. No me ha dado opciones. El primero iba con la cara a media altura y sin clase. El otro no me ha dejado ni siquiera ponerme, no pasaba. Parecía que estaba toreado. Espero que en septiembre las cosas salgan de manera distinta."
El Fandi
"Ha valido la pena hacer este esfuerzo porque la afición de Sevilla ha podido ver las complicaciones del toro. En el tercio de banderillas me la he jugado y estoy bastante satisfecho de lo que he conseguido. Este trofeo significa mi primera oreja en Sevilla como matador y como trofeo me llevo la cabeza del toro. Estoy muy contento, creo que lo he dado todo".
 
Realiza: Emilio Trigo

 

LO MEJOR Y LO PEOR


Por Ricardo Ríos. PortalTaurino.com

 
A cuenta gotas, así van cayendo las orejas en esta Feria sevillana. En la antepenúltima tuvimos que esperar al séptimo de la tarde, al sobrero, para ver al alguacilillo con una en sus manos. Una orejita y no al gusto de todos, aunque mayoritariamente se pidiera especialmente desde la solanera donde se asentaban los partidarios del torero galardonado. Nunca llueve a gusto de todos.
LO MEJOR de la tarde, en estricta democracia, o sea por lo demostrado por el público, lo hizo El Fandi. Y lo hizo con su espectacular forma de poner las banderillas. Se le podrá discutir los cánones, la ortodoxia, lo que usted quiera, pero pone al público de pié, lo enfervoriza, da espectáculo. Muchos van a la plaza a eso, al espectáculo, y David Fandila conecta con facilidad con ese sector de público. Las orejas se las gana banderillas en manos, con su alarde y potencia física. Y el público soberano se lo premia. Me lo decía el periodista, escritor y vecino -y además de todo amigo- Antonio Burgos al llegar a casa tras el festejo: "Mira, Ricardo, El Fandi es medalla olímpica en banderillas". Punto y aparte.
Hoy no vale recurrir al ganado para decir que ha sido lo peor. Los gaviras fueron desiguales, muy desiguales. Pero vimos a dos, los dos primeros, que envistieron con nobleza y a un tercero que se arrancó con alegría -¡noticia, noticia!-  al caballo. También los hubo malos de solemnidad y peligrosos. Pero LO PEOR es que ni Manuel Caballero, ni Manuel Jesús "El Cid" supieran sacarle más partido a los que abrieron plaza. Cerca estuvo el primero de hacerlo, pero se quedó en el intento.
¡Ah!, ya sabemos lo que votan los tendidos de sombra de la Maestranza: menuda ovación se llevó Mariano Rajoy antes de empezar el festejo. Lo escrito, nunca llueve a gusto de todos.

 


El Mundo.
JAVIER VILLÁN
El paseíllo de Rajoy y la oreja de El Fandi

De no ser por el delirio colectivo que desató El Fandi en banderillas, sobre todo dos pares al sexto corriendo vertiginosamente hacia atrás, y de no ser por la oreja que le arrancó a la mansedumbre del Gavira, la ovación más grande de la tarde se la hubiera llevado Mariano Rajoy. Avanzaba Rajoy por el tendido del 7 recién iniciado el paseíllo y ¡hala!, la gente ovacionándolo como a un matador en tarde de gloria.

Rajoy saludaba a la afición como si acabara de cortar las dos orejas después de una faena cumbre. Y eso que el revolcón que le pegaron los electores el 14-M no es precisamente de vuelta al ruedo ni siquiera de división de opiniones. ¡Oh tempora, oh mores! Tan eufórico iba saludando Rajoy, mientras las cuadrillas hacían el paseíllo, que le dan un capote y se lía a verónicas con todo bicho viviente. ¡Oh tempora, oh mores! O Rajoy no sabe nada de toros o no sabe de política; o de ninguna de las dos cosas. ¡Oh tempora, oh mores!; ¡oh templo sagrado del toreo, La Maestranza! Claro que a Rajoy le acompañaba Arenas que, como peón de brega y banderillero, no es precisamente El Chano, Curro Molina, Montiel o Joselito Gutiérrez, que ayer se me cayó del cuadro de honor y es justo que hoy le restituya su lugar. O sea, que en el paseíllo de Arenas y de Rajoy por los tendidos no hubo temple y sí cierta torería a destiempo.

El temple, el verdadero temple, lo puso un magnífico toro de Gavira que abrió plaza; y la torería cabal Manuel Caballero, centrado y torerísimo como hacía tiempo no se veía al albaceteño: muñeca, cintura y sitio. Sentimiento y elegancia de trazo en cada muletazo. Y dio una gran estocada, a la segunda, que dejó al personal frío y casi indiferente. El cuarto era un toro imposible y si en el primero, que había estado tan bien, le habían tratado con tan distante frialdad, se imaginarán ustedes con qué gélida indiferencia trataron a Caballero en éste.

¿Es esta la misma gente, la misma sabia y entendida afición que anteayer regaló la oreja a César Jiménez? Hace Jiménez lo de Caballero y lo sacan en carroza. Y no digamos si lo hace Mariano Rajoy. Pero el jefe de la oposición contuvo los entusiasmos del paseíllo, un poco enfriados por algunas voces discrepantes, y aplaudía comedidamente desde la barrera, que es, en sentido amplio y un poco impreciso, desde donde va a tener que hacer política en los próximo años.

El Cid estuvo tan pulcro como había estado Caballero y, con el capote, un poco mejor; sólo que el torete de Gavira transmitía vibraciones menos intensas; y el quinto ninguna vibración ni buena ni mala. Para vibraciones, El Fandi en banderillas; tiene el granadino más fondo que los toros y eso se evidenció tanto en su primero como en el que cerraba plaza. Aquél se desfondó enseguida, seguramente por la paliza que le pegó Alfonso Sánchez en una cruentísima vara tapándole la salida sin miramientos.Ovación grande. Por cierto, la afición que aplaudió esto, ¿es la misma que ovacionó anteayer la torerísima vara de El Chocolate? Tardó en darse cuenta El Fandi de que el sexto, por el pitón derecho, no tenía un pase; y por el izquierdo, muy pocos. Aquí estuvo, posiblemente, lo mejor de la tarde y lo que para algunos podría justificar una oreja injustificable. ¿Mejor o peor que la de Jiménez el otro día? No lo sé. Ni me importa. Ambas son absolutamente prescindibles, salvo para un buen guiso.

Quedamos llegar, por lo tanto, a un acuerdo de principio sobre el desarrollo no sólo de la tarde, que contado está, sino de la Feria de Abril en general. Con el lío que ha montado Iñigo Ramírez de Haro en el Bellas Artes de Madrid y los turbulentos cambios de gobierno no sé si la gente está percibiendo la catástrofe ganadera de esta feria y de estos tiempos. Yo creo que el título blasfematorio de Ramírez de Haro (tengo que ir al teatro tan pronto llegue a Madrid) y las tormentas que han desencadenado ministros y ministras entrantes y salientes, son maniobras de distracción para que nos olvidemos de esta bazofia de toros.

De este saldo ganadero que está saliendo al albero sevillano, Dios me libre de culpar sólo a La Maestranza; sería una localización relativista del desastre totalmente injusta. Lo que ocurre es que, al considerar a la Real Maestranza de Caballería espejo de todas las virtudes, aquí los desastres nos duelen más. Además, siempre habrá motivos de regocijo y entusiasmo; mismamente las banderillas espectaculares de El Fandi. O un paseíllo de Rajoy por los tendidos.


PortalTaurinoMANUEL VIERAEl Fandi, un gigante en el ruedo

La inquietud y la curiosidad con la que se acude cada día a la plaza, a ver lo que pasa, es interrumpida con inmediatez precisa nos más salir el primer toro de chiqueros. Y hoy fue reconfortable encontrarse, así de pronto, con un toro hecho, serio, noble y pronto. Un buen toro.

Y con este ejemplar cinqueño de Gavira, Manuel Caballero hizo fácil lo difícil, y las más clásicas de las formas se concentraron en un trasteo, cuya virtud fue dejar aflorar un toreo que mereció la pena ver, y entender. 

Su expresividad alcanzó el punto más alto al ejecutar el toreo con la izquierda, que puede considerarse como la más completa selección de naturales del repertorio del torero albaceteño. Quizá no fue faena para satisfacer el gusto de algunos, pero el vigor y la sensibilidad, el temple y la ligazón, y la profundidad del trazo, la convirtieron en una versión de buen toreo alejado de toda rutina.

Caballero ejecutó un toreo solvente, extraordinariamente templado y bien ligado, en el que sólo se echó en falta un mayor ajuste en los muletazos con la diestra. El pinchazo que precedió a la contundente estocada no justifica la leve petición de oreja que el público mostró. Cosas de Sevilla.

Con el cuarto no hubo emoción. Ni la transmitió el toro, ni la puso el torero. 

Como no podía ser de otro modo, El Fandi, es un gigante en el ruedo con su versión del segundo tercio. Consecuencia directa del interés que despierta este torero con su particular forma de clavar banderillas, es la oreja, que por los méritos contraídos en tan espectacular suerte, le concedieron tras la muerte del sexto.

El emocionado, sonoro y entusiasta aplauso que recibió El Fandi tras clavar los tres impresionantes pares al, manso y bronco, último toro de la tarde –lidiado como sobrero- acabó de convertir tan increíble suerte en el más contundente triunfo del granadino. Tercio que se convierte en la mejor forma de comunicación con los tendidos, y necesario para calibrar las asombrosas facultades de este torero. 

De parecidas formas clavó al tercero, para después intentar el toreo con la diestra sin conseguir altas cotas de lucimiento. El noble toro se fue apagando hasta hacerle desistir a El Fandi del torear con la izquierda. Al complicado sexto, le retó en las cercanías de chiqueros hasta conseguir algún que otro natural aprovechando la querencia del manso. Le pudo a medias, pero, aún en la gente quedaban los rescoldos de emoción por el tercio banderillas. Y hubo oreja.

El Cid se va de Sevilla, sin hacer ruido. Mal asunto. Esta vez, la suerte en los sorteos le ha dado la espalda. Ni con victorinos, ni con gaviras. Al noble segundo lo intentó sin convencer. Y al complicado quinto, sin fuerzas y defendiéndose, abrevió sin recursos. 

En todo caso, la corrida de Gavira tuvo las fuerzas muy justas y la casta mínima. Aunque una notable presentación. Algo es algo.



TorosComunicación. Francisco Mateos El Fandi, espectacular en banderillas

La corrida de Gavira no fue buena. Mansurrona, sin clase, parándose los toros en la muleta y rajándose. Sólo el primero de Caballero tuvo cierta clase en sus embestidas, pero los demás, incluyendo el lote de El Cid -que decían que tenía suerte en los sorteos-, no dieron opciones a faenas de brillo. Y eso que en los corrales parece que este año hay más manga ancha. Bueno, en los corrales y en casi todo: dejar en el ruedo toros moribundos, orejas concedidas de poco peso,... Por cierto, que hablando de los corrales, me preguntaba el otro día un compañero periodista foráneo que por qué este año no se exponía en los tabloncillos del exterior de la plaza los toros rechazados, sino tan sólo los que se van a lidiar. He estado indagando y por lo visto, como casi siempre en este mundo de los toros, en vez de avanzar, vamos para atrás. Desde hace unos años se exponía en carteles en el exterior de la plaza el orden de lidia y los avatares de los corrales; a veces era necesario unir dos folios para colocar los seis o siete toros rechazados, más los ocho de lidia. Me consta que los presidentes están a favor de esta claridad 'de luz y taquígrafos', de apertura de información a los 'clientes'. La normativa actual sólo obliga a colocar el orden de lidia, pero no prohíbe que se amplíe información. Pero hete aquí que lo que se había conseguido estos años atrás, este año se ha perdido... Volvemos al oscurantismo, a la edad de las cavernas. Y repito: los presidentes no sólo no tienen problemas en informar públicamente a los 'clientes' de qué ha sucedido en los corrales, sino que lo prefieren. ¿Imaginan quién puede haber metido presión para que este año haya menos información pública sobre las tareas de los corrales? 

Manuel Caballero toreó elegantemente al primero, a la postre el único toro que embistió con cierta calidad en la muleta. Faena de nota alta. Hubo exquisitos naturales y algún pase por bajo de manos y brazos desmayados. Me queda la duda de que si se hubiera cruzado un poco más el toro hubiera dado mayor emoción o se hubiera agotado antes. Caballero brilló a buen nivel. Mató de pinchazo y estocada. El cuarto no tuvo ni transmisión ni recorrido.

A ver quién es el guapo que le dice a El Cid después de los cuatro toros que ha matado en esta Feria de Abril que tiene suerte en los sorteos. Su primero de esta tarde ha sido soso, queriéndose rajar siempre y tardo en las pocas embestidas que tenía. El sevillano lo intentó en vano. Mató de bajonazo. El quinto pareció lesionarse durante la lidia y lo acusó en la muleta, a la que no entró ni una sola vez.

El Fandi vino a Sevilla como hay que venir: a dar lo mejor de sí. Y lo mejor de El Fandi son las banderillas. En el resto de tercios no es equiparable su calidad. En los dos formó un alboroto en banderillas, un auténtico espectáculo. La plaza en pie varias veces. Su primero se apagó en la muleta pronto. El último, que se defendió y sacó brusquedad, le permitió, al menos, estar valiente para robar algún muletazo. Un susto al cuadrar al toro y una estocada, además del regusto de los dos soberbios tercios de banderillas, sumaron los puntos necesarios para pedir la oreja y conseguirla, que viene a premiar uan labor de conjunto, sobre todo en banderillas.


El País. ANTONIO LORCAA falta de toreo, banderillas

Toreo no hubo. Y eso que estaban tres que se dicen toreros. Y la emoción llegó en los dos tercios de banderillas que protagonizó El Fandi, espectaculares, vibrantes, magníficos algunos pares, que levantaron al público de sus asientos. El granadino volvió a demostrar que es el mejor intérprete de esta suerte, y la ejecuta con auténtica maestría. De poder a poder, al violín o andando hacia detrás, clava en la misma cara y provoca el delirio en los tendidos.

Pero toreo no hubo. Y sí toros que lo permitieron, pero los llamados toreros, especialmente Caballero y El Cid, fracasaron estrepitosamente. El Fandi estuvo voluntarioso en su apocado primero, y valiente en el sexto, al que arrancó algunos naturales vistosos, aunque sin ligazón.

El mejor toro de la tarde, el primero, le tocó a Caballero. Noble, de suave y larga embestida, era algo así como el toro soñado para el triunfo. Muchos pases y ausencia total de toreo. Claro que es imposible la emoción cuando la muleta se presenta retrasada, se utiliza el pico y aquello no tiene fundamento ni hondura. Si un torero no triunfa con ese toro, es motivo suficiente para una reflexión serena. También embistió el cuarto, pero el torero se colocó siempre al hilo del pitón, y más de lo mismo.

Preocupante, también, la actuación de El Cid. Conformista, sin ilusión, vulgar, a años luz el torero que ha sido hasta ahora. Perdió una extraordinaria oportunidad ante el noblote segundo y dejó su cartel bajo, muy bajo. El quinto desarrolló sentido y peligro y saldó la papeleta como pudo.

A falta de toreo, sólo banderillas. Un pobre balance.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOEl Fandi, ¡felices banderillas!

Fue como un partido mal ganado. De nuevo por penalti, por la mínima y con un árbitro casero. O como un cumpleaños. Eso. Un cumpleaños feliz. La Maestranza estaba abarrotá otro día más. Vestida con sus mejores galas. Y hasta con políticos de postín, como Rajoy, que a poco si saluda más que el triunfador, y superjueces como Garzón. Con ese ambientazo y lo que cuesta una entrada, ¿quién era el guapo que salía diciendo que no se habían concedido orejas en tan importante evento? Así es que el respetable, al igual que El Fandi, se agarró a lo que tenía más a mano; o sea, las banderillas. Y como El Fandi en eso es ahora el capitán general puso la plaza en pie ¡A ver quién le rechista con los palos, con esas facultades que ya quisieran para sí los galácticos del Madrid! 

El personal estuvo con El Fandi y todos a la vez, al final, como si soplaran las velitas, consiguieron un trofeo en el sexto... ¡Feliz cumpleaños!...¡Felices banderillas!

Hasta que todos soplaron las velas -vamos, hasta que sacaron los moqueros-, El Fandi le echó arrestos en un par de largas cambiadas de rodillas en los tercios. Pero la traca, por la que ganó en gran medida el premio, tuvo lugar en un tercio de banderillas vibrante. En el primer par a la moviola tuvo el pequeño defecto de cuadrar muy lejos de la cara. El segundo fue un alarde de facultades corriendo también hacia atrás. Y el tercero, en el que entró arriesgadamente por los adentros, para prender los palos posteriormente a la moviola, fue un canto a su madurez banderillera en el juego de terrenos y facultades. Aunque, sinceramente, El Fandi clavó ayer algunos pares lejos de la cara y con unos saltos descomunales, en los que parecía que salía de la plaza. No alcanzó el grado soberbio de su anterior tarde.

El diestro, muy decidido, brindó al público. En las rayas, cuando se echó la muleta a la derecha fue desarmado. El toro, manso y violento, se refugió en tablas. Lo único lucido que pudo lograr el torero fue una tanda con la izquierda, rematada con una trincherilla y un pase de pecho. Tragó y en el inicio de otra trincherilla el astado le lanzó un tornillazo a la cadera y a punto estuvo de herirle seriamente. El público, impactado, se le entregó sin reservas cuando mató de una estocada defectuosa.

En la locura en la que se ha convertido esta feria, la presidencia devolvió con anterioridad al sexto toro, que ni se cayó ni presentaba problema alguno. Todo para no oír las protestas injustificables, puesto que el animal únicamente era mansote. El Fandi, en el tercero, estuvo con garra en galleos, quites y, por supuesto, en banderillas, prevaleciendo las facultades y la espectacularidad -en versiones moviola y violín- sobre la ortodoxia al clavar. Realizó una labor voluntariosa con un toro reservón, peligroso por el pitón izquierdo.

Manuel Caballero, descentrado, empezó a degustar su bombón primero cuando ya estaba a punto de derretirse. Dos tandas con la derecha entonadas. Una con la izquierda, con mando. Y otra posterior, con sabor, cuando ya era tarde porque en la tercera tuvo que dar los naturales de uno en uno. Para colmo pinchó. Toro para triunfo grande cuyo resultado quedó en una ovación. El albacetense no pudo hacer gran cosa con el reservón e incómodo cuarto.

El Cid tuvo nuevamente un mal lote. No rompió su faena ante el segundo, en consonancia con el animal. Y quedó inédito con el peligroso quinto. 

Ayunos de toreo a la verónica, como en tantas y tantas tardes, Caballero se dejó ir un gran toro; el presidente, Antonio Pulido, se dejó llevar por el público y devolvió al sexto titular porque era manso -¿desde cuándo el reglamento especifica esto?-; y en el ruedo, como en el cielo, los claros de El Fandi se impusieron en una tarde nubosa... ¡Felices banderillas! 


ABCZABALA DE LA SERNA El Fandi pelea su premio apoyado en las banderillas

El Fandi es un auténtico espectáculo en banderillas. Nada nuevo. Pero en tiempos de tanta sequía todo lo que sea salir de la monotonía se agradece. Las facultades de Fandi ya las quisiera Florentino Pérez como refuerzo para el último tramo de la Liga, con todo el Madrí fundido. El Fandi arreglaría la banda derecha del Bernabéu sólo con correrles a los extremos hacia atrás como ayer hizo con los toros; en sus banderillas se apoyó, como en su época de esquí en los bastones, para elevar una tarde que mantuvo su interés en la corrida de Gavira hasta el tercer toro, cuando cayó en un bache profundo. Hasta entonces la entereza, por encima de la calidad, las buidas astas, las finas velas, las afiladas dagas, las estrechas navajas, sostenían la tensión. Por encima de lo bueno y lo malo, sin romper y en general mansa, cuando el toro se hace presente en el ruedo con todo lo que hay que tener se valora al torero.

Manuel Caballero se quedó a las puertas de cortar una oreja y de dar una vuelta al ruedo después de pinchar y cobrar una estocada en todo lo alto; si no paseó el anillo fue por timidez o tontería: el torero ha de darse importancia. La merecía. Técnicamente perfecto, con la muleta por delante sobre la derecha y un poco más retrasada sobre la izquierda, templado y pulcro, tan terso su muletazo como su planta que a veces habría que fustigarle con un gamonito en los riñones para que se rompiera con un toro. Porque torear lo toreó al natural francamente sobrio, castellano, sin ademanes ni alardes. Tres series así calentaron el prólogo de la tarde y los tendidos, que supieron agradecer lo de Caballero. Y una trincherilla de broche a una buena tanda. Faltó un cierre. De chico, cuando hacíamos toros de salón con mi tío José Ignacio en la Casa de Campo, las faenas contenían un principio, un desarrollo y un cierre. Y en cada toro no valía ni el mismo principio ni el mismo cierre. Pues la obra del albaceteño careció de ese final, de un postre que endulzase los platos gruesos. Pinchó arriba y hubo petición tras el espadazo en lo alto. Fue el toro más nítido, muy distinto al deslucido segundo de su lote.

El Cid, como Caballero, demostró que es un muletero cabal, sobre todo porque su enemigo, al margen de las perchas que lucía, portaba defectos que tapó mucho. Había brindado a Manolo Vázquez, y cumplió con el brindis. Con el infumable quinto, menos toro pero más cabrón -Pilar, no hay palabra más descriptiva-, resolvió más pobre de recursos por la cara y breve. Mala suerte la de El Cid en esta feria.

Fandila se puso las pilas desde que sonaron los clarines. El tercero tenía un pitón derecho que era el Capitán Garfio, astifino y con trapío. Conectó con los tendidos con sus facultades y con su poderío con los palos. Una vez me contó Andrés Fagalde que Luis Miguel corría más para atrás cuando entrenaba que para adelante; El Fandi no le andaría a la zaga. Los pares a la moviola son bárbaros, y más asomándose a semejante balcón. El violinazo clásico desató la algarabía. Después en la muleta, el toro se quedaba corto.

No se sabe por qué el palco devolvió al sexto, de poco trapío. No mucho más seriedad reflejaba el sobrero, con un poco más de leña, eso sí. ¿Por qué optaron los sabios taurinos por echar los de más trapío por delante y los más terciados luego? Al suplente le tiró el matador de Granada dos largas cambiadas de rodillas, y lo «asó» en un tercio completo a la moviola, recortes añadidos en la tercera y expuesta reunión. La plaza estalló antes de responderle en justa medida a su pelea en la muleta. El toro lanzaba derrotes y tornillazos y, aunque hacia adentro se tragó algunos naturales, se defendió hasta última hora, cuando un pitonazo deshilachó la taleguilla a la altura de la cadera. Oreja por tanto a la entrega, oreja «in memoriam» de las banderillas, un premio apoyado en ellas tras un espadazo rinconero.El Fandi es un auténtico espectáculo en banderillas. Nada nuevo. Pero en tiempos de tanta sequía todo lo que sea salir de la monotonía se agradece. Las facultades de Fandi ya las quisiera Florentino Pérez como refuerzo para el último tramo de la Liga, con todo el Madrí fundido. El Fandi arreglaría la banda derecha del Bernabéu sólo con correrles a los extremos hacia atrás como ayer hizo con los toros; en sus banderillas se apoyó, como en su época de esquí en los bastones, para elevar una tarde que mantuvo su interés en la corrida de Gavira hasta el tercer toro, cuando cayó en un bache profundo. Hasta entonces la entereza, por encima de la calidad, las buidas astas, las finas velas, las afiladas dagas, las estrechas navajas, sostenían la tensión. Por encima de lo bueno y lo malo, sin romper y en general mansa, cuando el toro se hace presente en el ruedo con todo lo que hay que tener se valora al torero.

Manuel Caballero se quedó a las puertas de cortar una oreja y de dar una vuelta al ruedo después de pinchar y cobrar una estocada en todo lo alto; si no paseó el anillo fue por timidez o tontería: el torero ha de darse importancia. La merecía. Técnicamente perfecto, con la muleta por delante sobre la derecha y un poco más retrasada sobre la izquierda, templado y pulcro, tan terso su muletazo como su planta que a veces habría que fustigarle con un gamonito en los riñones para que se rompiera con un toro. Porque torear lo toreó al natural francamente sobrio, castellano, sin ademanes ni alardes. Tres series así calentaron el prólogo de la tarde y los tendidos, que supieron agradecer lo de Caballero. Y una trincherilla de broche a una buena tanda. Faltó un cierre. De chico, cuando hacíamos toros de salón con mi tío José Ignacio en la Casa de Campo, las faenas contenían un principio, un desarrollo y un cierre. Y en cada toro no valía ni el mismo principio ni el mismo cierre. Pues la obra del albaceteño careció de ese final, de un postre que endulzase los platos gruesos. Pinchó arriba y hubo petición tras el espadazo en lo alto. Fue el toro más nítido, muy distinto al deslucido segundo de su lote.

El Cid, como Caballero, demostró que es un muletero cabal, sobre todo porque su enemigo, al margen de las perchas que lucía, portaba defectos que tapó mucho. Había brindado a Manolo Vázquez, y cumplió con el brindis. Con el infumable quinto, menos toro pero más cabrón -Pilar, no hay palabra más descriptiva-, resolvió más pobre de recursos por la cara y breve. Mala suerte la de El Cid en esta feria.

Fandila se puso las pilas desde que sonaron los clarines. El tercero tenía un pitón derecho que era el Capitán Garfio, astifino y con trapío. Conectó con los tendidos con sus facultades y con su poderío con los palos. Una vez me contó Andrés Fagalde que Luis Miguel corría más para atrás cuando entrenaba que para adelante; El Fandi no le andaría a la zaga. Los pares a la moviola son bárbaros, y más asomándose a semejante balcón. El violinazo clásico desató la algarabía. Después en la muleta, el toro se quedaba corto.

No se sabe por qué el palco devolvió al sexto, de poco trapío. No mucho más seriedad reflejaba el sobrero, con un poco más de leña, eso sí. ¿Por qué optaron los sabios taurinos por echar los de más trapío por delante y los más terciados luego? Al suplente le tiró el matador de Granada dos largas cambiadas de rodillas, y lo «asó» en un tercio completo a la moviola, recortes añadidos en la tercera y expuesta reunión. La plaza estalló antes de responderle en justa medida a su pelea en la muleta. El toro lanzaba derrotes y tornillazos y, aunque hacia adentro se tragó algunos naturales, se defendió hasta última hora, cuando un pitonazo deshilachó la taleguilla a la altura de la cadera. Oreja por tanto a la entrega, oreja «in memoriam» de las banderillas, un premio apoyado en ellas tras un espadazo rinconero.

 

Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas