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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del lunes, 15 de abril de 2002
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Arroyo. PortalTaurino.comGanadería: Toros de Osborne (2º, pitado en el arrastre, 3º, que fue devuelto a corrales por inválido y 4º, pitado en el arrastre), Joselito ((1º y 5ª, pitado en el arrastre, y Martín Arranz (6º y 1er. sobrero, lidiado en 3er lugar). Solo demostraron algo de raza los de Martín Arranz. 

Diestros: 

Entrada: lleno hasta la bandera.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País, ABC, eldiadeandalucia.comDiario de Sevilla  


PortalTaurino. MANUEL VIERA. Tal vez mañana...

Recuerdo, nunca se me olvida, la imagen del gato que desaparece pero del que queda su sombra. Ocurría en la escena de un entrañable cuento de la infancia. Hoy, busqué la sombra galopante de la bravura entre tanto  muerto viviente deambulando por el ruedo. No la encontré, y era de esperar. Con tan apresurada búsqueda se debe hacer imposible encontrar lo que, posiblemente, haya estado cuidando con esmerado mimo el ganadero anunciado: bravura. Y es que tengo, demasiadas veces, la impresión de no haber captado todo lo que pasa en este, cada vez más enredado y más polémico mundo del toro.

Debido, quizá, a esa otra polémica  desatada el pasado sábado, los toros anunciados para esta tarde fueron rechazados casi en su totalidad en los reconocimientos previos. Ni entiendo ni imagino que el  ganadero en cuestión venga a Sevilla con reses de iguales características a los no admitidos el pasado año, buscándose el descrédito porque sí.  Es una pena, que por una u otra causa, se hayan tenido que traer toros a velocidad de vértigo  para completar una corrida a todas luces desdeñable. La conclusión: una tarde anodina, plomiza y desesperante, en la que sólo las ganas, y el querer llegar de un sevillano que sustituía al, que amparado en el  parte facultativo, dejaba vacante un puesto con demasiado peso para él.

Ya se sabe que hay toreros entregados. Quienes en cada tarde de toros se les ve avanzar en la única dirección que les puede   llevar a la cima. Eduardo Dávila Miura es una de ellos, y hoy se puede decir, a pesar de sus limitaciones,  que  está en el camino para conseguirlo. Al sobrero  de Martín Arranz corrido en tercer lugar, un toro de embestida sosa pero noble, le toreó Dávila  muy firme con la diestra. Las tandas resultaron largas, muy templadas, y sobre todo bien rematadas con los de pecho. Al natural hubo desigualdad en los pases, mientras dos de ellos le salieron con buen trazo y ritmo despacioso, otros resultaron enganchados. Faena medida sin demasiada continuidad, con momentos bellos que llegaron con facilidad a los tendidos, pero  otra vez el fallo con el acero le hizo perder un seguro trofeo.

Dávila Miura, ya se sabe, no es buen capotero. Es y será su asignatura pendiente por mucho tiempo. Mal  con la capa estuvo  toda la tarde, pero sobre todo en el sexto, otro toro de Martín Arranz que manseó en  anteriores tercios de la lidia para después llegar a la faena de muleta con codicia. Le pudo el sevillano con muletazos mandones, sobre todo con la diestra. Ligó las tandas con  dobles pases de pecho. Lo intentó con la mano izquierda consiguiendo el natural hondo y sentido aunque sin la continuidad deseada. A tablas se fue el manso y allí, esta vez, la espada le sirvió para alcanzar el deseado apéndice, tal vez se premió así  el conjunto de su actuación.

Poco más hubo, en este festejo de caída de cartel y diferentes hierros ganaderos. Joselito se va de la feria sin nada hecho en la plaza para recordar. Una larga cambiada  al cuarto, unas chicuelinas ajustadas, y una media muy aplaudida, fue lo más destacado de su soporífera tarde. 

Tal vez mañana tenga, Enrique Ponce, los ánimos suficientes para mayores logros. Hoy ni los toros tocados en suerte ni el torero estaban por la labor de agradar.          


Francisco Mateos, crítico taurino de www.eldiadeandalucia.comeldiadeandalucia.com. Francico MateosDávila apuntala su categoría de triunfador

Una corrida infumable, un desfile de toros podridos, desigualmente presentados -alguno impresentable por trapío y reventados pitones- y de juego deslucidísimo. Si, estando en abril, la empresa sólo puede ofrecer estos toros a una plaza de la categoría de la Maestranza, ¿qué les espera a las ferias del mes de agosto? ¿Es que no hay toros en el campo cuando estamos comenzando la temporada? Un nuevo desastre que se tragó el público. La corrida de Manolo González, muy mal presentada según cuentan de forma casi unánime quienes la han visto, fue rechazada al completo, lo que provocó la inmediata caída de Ojeda -parte médico por medio-, siendo sustituido por Dávila Miura. Para completar encierro, una mezcla de cuatro hierros que más bien parecía una limpieza de corrales de cierre de temporada de plaza de segunda.

Menos mal que Dávila Miura quería redondear su Feria de Abril y sumar más trofeos a los dos conseguidos el pasado jueves. El tercero, aunque manso, fue noble y duró lo suficiente en la faena antes de rajarse. Eduardo volvió a mostrar su buen nivel y momento. Tandas buenas por el derecho y otras más por el izquierdo, ya metido en el tramo final del trasteo. Mando, temple y largura. Falló con la espada y una oreja franca se quedó en saludos desde el tercio.

Al sexto, otro manso pero con genio, arrancada y recorrido, lo logró dominar en el muy buen comienzo de faena, sometiéndolo por bajo. Muy firme Dávila, lo templó en las afueras y mandó con la mano diestra. Al natural pudo robarle un par de tandas antes de que el astado de martín Arranz se rajara definitivamente, con dos o tres muletazos de categoría. Se puso difícil para matarlo, gazapón, pero Dávila sí agarró esta vez la estocada y un descabello para cortar su tercera oreja abrileña.

Con toros malos, Joselito y Ponce, desangelados y melancólicos, aburrieron.


Antonio Lorca, crítico taurino de El PaísEl País. Antonio Lorca.Vergonzoso baile de corrales

Todo lo malo puede empeorar. La realidad es así de tozuda. Y la torera actuación de Dávila Miura no puede ocultar la tropelía que, una vez más, los taurinos han cometido contra la fiesta de los toros.

La corrida anunciada de Manuel González fue rechazada por los veterinarios por falta de trapío. El ganadero, muy ¿digno?, se negó a presentar más toros. La empresa se lanza al campo y, ¡misterio, misterio!, no encontraron una corrida completa para la Feria de Sevilla. Y eso que estamos a principios de temporada.

¿Cómo es que no hay toros? Si alguien entiende este galimatías, que lo explique. Vienen siete de Osborne y rechazan cuatro; cinco de Joselito y suspenden a dos; cinco de Martín Arranz y rechazan tres. En total, 25 reses reconocidas para aceptar ocho. Y entre éstos, varios muy justos de presentación, y uno, propiedad de Joselito, que era una ratita sin cara y muy sospechosa de presunto afeitado. Nadie protestó.

El asunto no acaba aquí. Paco Ojeda estaba anunciado en el cartel y, cuando se enteró del lío de los toros, buscó a un médico y le firmó un parte facultativo que justificó su ausencia. Nada se sabía de su lesión, pero se comentaba (¡hay que ver lo mala que es la gente!) que lo que tenía era un enfado monumental porque él había apostado por Manuel González. Pues ahora no voy, ea, que, además me apoya el Reglamento. Y los ojedistas, con la mosca: ¿no será que Paco no está bien y ha visto el cielo abierto?

Conclusión: un vergonzoso baile de corrales consentido por la autoridad, que, una vez más, admitió toros impresentables. Pero así es la feria de Sevilla.

El sustituto fue Dávila Miura, que cortó una oreja por una meritoria actuación de conjunto. Mejor en el primero, de más recorrido, que en último, que se rajó pronto. Destacó su torería, su disposición, su toreo profundo y pases por ambas manos largos, templados y hondos. La oreja fue de poco peso, pero el premio quedó equilibrado por su buena labor en su primero.

Joselito hizo negocio. ¿Impondría él sus toros y los de su apoderado? Pues sí que manda para lo poco que torea. Sus oponentes, tan sosos como él; y él, ausente, sin entrega, apático, sin convicción, aburrido, de vuelta de todo.Toreó bien con el capote por verónicas y chicuelinas. Y como ganadero, un cero.

El tercero fue Enrique Ponce, voluntarioso, que es como no decir nada de una llamada figura.Fuera de cacho, echando fuera la embestida, va uno y se lo recrimina, y la gente: Pssss... por favor, que esto es Sevilla...


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Dávila Miura, otra vez casi

El futuro no le depara nada halagüeño a la Fiesta, tan abandonada de la mano de Dios como los aficionados que la sostienen. No hay ni el mínimo respeto. Cambiaron la corrida completa de Manolo González, que debía de venir paupérrima de presencia. Es una simple deducción, una vez visto el saldo de toros de Joselito, Martín Arranz y Osborne que saltó al albero. Una escalera de vergüenza, cada cual de su padre y de su madre. Uno anovillado, otro más mutilado de pitones que sus hermanos, el siguiente terciado como la cabra de la Legión. En concreto, ninguno para quitarle el sueño a Paco Ojeda, que envió un parte facultativo con no se sabe qué graves dolencias. El plantón de ayer a la Maestranza confirma la teoría de la que advertíamos en la crónica del último y sevillano Domingo de Resurrección: su reaparición comienza a tambalearse, si es que no está ya absolutamente desinflada.

Joselito mató un toro de su acreditada ganadería, y otro de Rosario Osborne, aunque si le llega a tocar otro de su hierro o de Martín Arranz todo queda en casa. No sé si a ustedes les parecerá serio, porque este que firma no sabe ya qué pensar sobre los hombres que gobiernan los destinos de la Fiesta, llámense maestrantes, empresarios, equipos veterinarios, presidentes, apoderados, taurinos, figuras o figuritas.

Al final, lo más serio fue la actuación de Eduardo Dávila Miura, que sustituía a Ojeda. Dávila otra vez tiró al poste un balón claro de gol, aunque sin duda sale reforzado de Sevilla, con un balance muy positivo de sus tres tardes en la Feria abrileña. Su firme y recio paso ante los «armarios» de Gavira, su dulce encuentro con los torrestrellas -inolvidable el galope de «Ojito»- y las dos faenas de ayer que a continuación analizaremos.

Al nieto de don Eduardo le tocaron en suerte una pareja de toros del apoderado de Joselito, uno como sobrero. El ejemplar titular que hacía tercero, una porquería, fue devuelto porque arrastraba, además de su triste lámina, los cuartos traseros. Así que el que salió en su puesto, colorao y grandón, le ofreció notables posibilidades por uno y otro pitón.

Pero, desgraciadamente, ambas obras no mantuvieron el tono notable. ¿Culpa del torero? Más bien de su poderoso concepto, pues Dávila Miura les bajó la mano y los sometió con largura. Y, claro, ambos astados terminaron rajados y buscando las tablas con descaro, que no anda la cabaña de bravo para muchos trotes. Hasta entonces, el torero quiso siempre ligar los muletazos, que son contundentes como un sargento con un recluta.

Hubo momentos importantes, como el principio de faena al sexto, cuando fijó por bajo en la muleta su mansa y alocada embestida, o como los pases de pecho. La espada le privó en el tercero de un premio mayor que el saludo desde el tercio final, aunque la oreja obtenida del último de la tarde le recompensó todo. O casi. No evitó, sin embargo, la sensación de que de nuevo faltó algo para redondear el manido casi.

En el lado negativo, cabe señalarle su excesivo retorcimiento, un manejo del capote pésimo y una distancia excesiva a veces entre él y el toro, aunque esa también fue una constante en sus compañeros de la tarde de ayer.

Joselito y Ponce tampoco se apretaron ni se embraguetaron nunca con sus enemigos, que tampoco funcionaron. Según algunas sabias voces, el matador de Chiva es el único del escalafón que usa el pico, porque sólo se lo recriminan a él. Es decir, que Finito o Rivera o el mismo Dávila, por ejemplos recientes, torean con la panza de la muleta, ¿no? Su primero carecía de fuerza y recorrido, y no servía ni para carne, pues ni chicha había; el quinto lucía unos pitones de sonrojo y no se calentó en la franela. Ponce no perdió la compostura. O sea que ni se despeinó. Un horrible metisaca afeó una faena vacía.

Joselito se aburrió a sí mismo con su toro, el que abrió plaza. Suyo en todos los sentidos. Seguía el trapo con una noble sosería que el madrileño no aliñó. Es más: nunca pisó terrenos comprometidos. El cuarto, de Osborne, que realizó un buen tercio de varas y prometía esperanzas, se apagó a plomo en el tercio final, quizá desfondado por su esfuerzo en el peto.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Dávila Miura pide paso

Continúan los líos en el aspecto ganadero ya que, en el reconocimiento previo de la corrida de Manolo González, el presidente, Juan Murillo, rechazó siete de los ocho toros y el ganadero se llevó también el único aprobado, fue noche de camiones cargados con toros, hasta una veintena desembarcaron. Al final, hasta cuatro hierros distintos. Desigual presentación. Escaso juego. Y el mejor lote, de Martín Arranz, correspondió a Dávila Miura, que apuntaló su gran Feria vía sustitución, ya que Ojeda se cayó, enviando parte facultativo, “con lesión en un dedo”.

La racha de Dávila ha sido tremebunda, con hasta tres toros inutilizados al despitonarse y ayer otro por inválido. Mas el final, feliz. Paseó una oreja del sexto. Si no pincha, también le sucedió en su anterior comparecencia, hubiera cortado al menos otro apéndice. Sin duda, hubiera salido a hombros. Pero el nivel que ha ofrecido con ambición, acierto y generosidad ante sus oponentes, le han convertido hasta el momento en el triunfador indiscutible de esta enrarecida Feria.

El tercero, inválido, fue devuelto y saltó como sustituto uno de Arranz, noble, que acabó entregándose. Dávila, sin opción al lucimiento con la capa, no dudó en llevárselo a los medios. Serie con la derecha mandando; la siguiente más larga y templada. Le bajó más la mano en la siguiente y descendió el tono. En los tercios ligó una al natural formidable. El público, jubiloso. Pero el toro se rajó de inmediato. A la ambición unió también macizos pases de pecho y bellas pinceladas, como un pase de desprecio. Cuando llegó la hora de matar el respetable empujaba con sus corazones. Se perfiló el torero. Entró en la suerte contraria y… falló reiteradamente con los aceros. Al menos, una oreja que volaba.

Dávila buscó con rabia el éxito ante el desconcertante sexto. Lo recibió con una larga de rodillas en los tercios. Los lances le salieron tropezados, con el animal echando las manos por delante. Pero en la muleta consiguió llevarlo embebido con la diestra. Por el izquierdo, cuando le atacó con dos naturales bajándole la mano se rajó de inmediato. El torero le sacó una última serie, aprovechando las querencias. Propinó un estoconazo en la suerte contraria. Pero el toro se resistió a morir. Pasó el tiempo y hasta escuchó un aviso y precisó de un descabello. Le concedieron una oreja. Oreja al conjunto de su actuación.

Joselito, con un lote descastado, estuvo muy dispuesto. Se lució con el capote tanto en el que abrió plaza, en verónicas, chicuelinas y dos medias, como en el cuarto, al que toreó a la verónica con empaque. Le resultó imposible lucirse con la muleta ante un lote manso.

Más inadvertido pasó Enrique Ponce, con otro mal lote, en su primera de las dos comparecencias en esta Feria.

Dávila ha triunfado. Tres orejas en tres festejos, la última como sustituto. Si no es por la espada, hubiera salido a hombros dos tardes, una de ellas por la Puerta del Príncipe. Pide paso y en carteles de tronío. Ya lo dijimos: ojito con Dávila Miura.

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