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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 20 de mayo del 2001
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Yerbabuena, sosos en general, el primero fue devuelto al romperse un pitón.

Diestros: 

Entrada: media plaza

Crónicas de la prensa: El País,  Diario de Sevilla


EL País. ANTONIO LORCA. Debú de Yerbabuena

La noticia era el debú en La Maestranza de la ganadería propiedad de Ortega Cano y Rocío Jurado que lleva por nombre Yerbabuena. Debutó y no pasó nada. No quedó en el albero la fragancia de una planta tan aromática, ni hubo toreo artista ni bravura y nobleza de cante grande. Hubo una novillada moderna y pare usted de contar.

En honor a la verdad, el cuarto fue bravo en el caballo, al que acudió dos veces de largo y empujó con fuerza. Pero se encontró con un picador que venía dispuesto a matarlo y no lo consiguió de milagro. Se ensañó con el novillo y le recetó una paliza de órdago, mientras el novillero Saavedra asistía a la masacre como si la cosa no fuera con él.

Saavedra estuvo en Sevilla, pero no se notó su presencia torera. Se comportó como un hombre sin ilusión ni ambición, ayuno de técnica y con pocos mimbres para el triunfo. Su primero fue un novillo soso al que dio muchos pases insulsos y sólo un par fueron largos y limpios. Después de tan grande gesta, salió a saludar por su cuenta y algún extranjero le aplaudió. El bravo cuarto se defendía en la muleta después de la paliza y el torero no dijo nada. Lo avisó el presidente antes de montar la espada y a punto estuvo de que le echaran el novillo al corral.

Casi la misma suerte corrió su compañero Peña, al que la buena voluntad presidencial evitó el disgusto del tercer aviso. Fue desbordado por el segundo novillo, que desarrolló una casta complicada, y toreó bien al natural en su primero cuando fue capaz de cogerle la distancia. La sorpresa la protagonizó el madrileño Iván García, muy joven, espectacular y valiente, que toreó muy bien con el capote, banderilleó con facilidad y se la jugó en la muleta. Le funciona la cabeza, trasmite seguridad y alarga los brazos por ambos lados. Se le escapó el triunfo en el primero porque se apagó pronto; el sexto desarrolló sentido y, además, el novillero lo mató muy mal.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Iván García deja una grata impresión en La Maestranza

La tarde no acompañó en la climatología. Llovió desde el comienzo del festejo. Aun así, como era novillada de abono, se cubrieron dos tercios de entrada. En el espectáculo, dos de los novilleros, Julio Pedro Saavedra y Enrique Peña, estuvieron grisáceos, del color del gigante toldo en que se convirtió el cielo sevillano.

Sin duda, la novillada de Yerbabuena, en otras manos, hubiera dado más de sí. Dentro de un encierro con muchos matices, destacó el quinto, un novillo con mucha movilidad y tranco y el manejable segundo. La terna, que manejó muy mal los aceros, recibió numerosos avisos.

El debutante Iván García, un madrileño con desparpajo, fue el único que puso calor y color en el albero maestrante. Su primero, un novillo muy largo, salió con la divisa colocada casi en el rabo. Fue un animal distraído, pero manejable. El madrileño toreó muy bien a la verónica hasta rematar en la boca de riego. En un quite volvió a brillar nuevamente en el lance rey, rematando con una media. En banderillas destacó en un par de dentro afuera. Ya con la muleta, abrió su faena con tres firmes estatuarios. En los medios, dando distancia, logró una serie con mucha calidad por el pitón derecho, con un pase de pecho soberbio. Sacó otra tanda por ese lado, pero el novillo se había apagado. Cuando manejó la zurda, el astado acudió sin brío. Cerró con dos ayudados por alto y una crujiente trincherilla. Rozó el premio; pero todo quedó en una vuelta al ruedo, tras un pinchazo, antes de agarrar una estocada entera, en la que se volcó con fe.

Con el sexto, un toro bien hecho, que empujó en el caballo y llegó complicado a la muleta, Iván García cumplió a secas. Con el capote estuvo bien, ganando terreno a la verónica y descollando en un quite con tres chicuelinas ajustadas y una revolera muy torera. Con los garapullos se mostró más atlético que acertado. Su labor muleteril se limitó a un trasteo, estrellándose con las dificultades del novillo, al que mató muy mal.

Julio Pedro Saavedra, desdibujado, no parecía el novillero que el año pasado triunfó y fue herido en esta misma plaza. Con el largo, escurrido y altote sobrero, que cumplió en varas, estuvo descentrado e inseguro ante el incierto animal, en una faena que brindó al doctor Vila.

El cuarto, un toro por trapío, empujó en el caballo y desarrolló peligro en la muleta. Saavedra sufrió un pitonazo en la cara durante la faena de muleta. El torero no consiguió domeñar la aspereza y se dilató lo indecible con los aceros, perdiendo los nervios a la hora de descabellar, hasta el punto de estrellar en un capote de uno de sus peones el estoque, que extrajo con la espada.

Enrique Peña dejó una pobre impresión. Su primero, carente de fuerzas y entrega y suelto en varas, calamocheó en exceso en la muleta. En su honor, el valor que derrochó dando cinco largas de rodillas en los tercios. De pie, no logró lucirse. Sí lo hizo su compañero Iván García en un quite por chicuelinas. Enrique Peña, con la franela, no doblegó el calamocheo inicial del novillo, que se coló peligrosamente por el derecho. Por el izquierdo, el animal tenía buen son; pero el novillero tardó mucho en verlo. Sacó una buena serie corriendo la mano. Y fue arrollado al inicio de un pase de pecho. A partir de ahí, todo estaba sentenciado. Y cerró su labor con unos ayudados por alto. En la suerte suprema tampoco estuvo acertado, quedándose en la cara.

A su segundo, justo de fuerzas, pero con movilidad y tranco, no lo entendió. Su labor, por ambos pitones, se concretó en una cascada de enganchones, con desarme incluido. Además estuvo muy mal con la espada. El presidente -que fue benevolente a la hora del cronómetro- le envió dos recados. A punto estuvo de que le echaran el novillo al corral.

Tarde lluviosa, pesada en lo ambiental y en el ruedo; a excepción del desparpajo con el que el rubio Iván García se desenvolvió en su debut en la Maestranza. Fue lo único dorado en una tarde gris.

 

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