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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del sábado, 29 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victoriono
Martín, justos de presencia. 1º, 2º y 3º,
nobles; 5º, manso; 6º, impresentable. Fueron al caballo dos veces.
Matadores:
-
Zotoluco,
que sustituyó a Pepín Liria: estocada
desprendida (silencio); cuatro pinchazos, metisaca (pitos).
-
Juan
José Padilla, estocada (oreja); estocada
trasera (oreja). Salió por la puerta grande.
-
Luis Francisco Esplá,
pinchazo, estocada atravesada haciendo guardia,
estocada -aviso- (ovación y saludos); media estocada recibiendo (ovación y
saludos).
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC,
El Mundo
El País.
TOMÁS BLANCO. Primos lejanos
Suele ser tradición que la última corrida de las ferias de plazas de
segunda lleven la etiqueta de torista. Para tal evento se ha escogido la afamada
ganadería de Victorino Martín. Sacar una corrida de este tipo al principio sería
perjudicial.
Vendrían las comparaciones, que se sabe son odiosas, y los toros de cartón
que exigen las figuras darían mucho el cante quedando éstas en mal lugar. En
estas ocasiones, dicho sea con todo el respeto hacia los actuantes, para el
hincha las estrellas no hacen el paseíllo sino que salen del portón de
chiqueros.
Como la ilusión es lo último que se pierde, los que se autodenominan
toristas y los aficionados ávidos de sensaciones esperan que salten al ruedo
seis tíos como Dios manda. Ayer se han tenido que conformar con unos primos
lejanos.
Justos de presencia, de casta, de raza y algunos escasos de fuerza resultó
el encierro presentado por Victorino Martín para cerrar la Feria de Santander.
Todo tan justito al menos por lo presenciado ayer tarde que esta ganadería se
está acercando peligrosamente a lo comercial. Con todo, los tres o cuatro
puntos que le separan marcan la diferencia. Ya se sabe que en el país de los
ciegos el tuerto es el rey.
El paseíllo se hizo con los toreros desmonterados y se guardó un minuto de
silencio por el atentado de Tolosa. Luis Francisco Esplá brindó su toro al
cielo. Posteriormente y por el mismo motivo Esplá brindó al cielo la faena de
su primer toro.
Juan José Padilla, con una oreja de cada toro, abrió la puerta grande de
Cuatro Caminos. Sabedor de que no está dotado con el don del arte, lo suple con
voluntad, arrojo y honradez, buscando los aplausos por el camino de lo
emocionante pero intrascendente.
En sus dos enemigos actuó con parecido esquema. A sus dos toros los recibió
a puerta gayola. A los dos también les dio dos largas cambiadas. En los dos
estuvo arrollado y torpe a la hora de interpretar la verónica.
Corredor de fondo y campeón del salto de barreras a una mano a la hora de
banderillear, es con el par al violín como consigue las mayores ovaciones. Con
la muleta basó sus faenas en la mano derecha, donde escasea la técnica. Su
falta de sitio y sentido de la distancia le deja vendido en numerosas ocasiones
llenando el tendido de angustia. Cortó los trofeos por aclamación
popular.
Reaparición
Había especial expectación por ver a Luis Francisco Esplá reaparecía tras
un largo y doloroso percance sufrido en la plaza de Las Ventas de Madrid, del
que no se encuentra totalmente recuperado. Pero, como poseedor de todos los
secretos de la lidia y conocedor de los gustos del público, busca y encuentra
el aplauso con facilidad.
Alegre con el capote, bullidor con las banderillas que clava con ventaja,
pero que al quedarse entre el punto intermedio que hay entre el balcón y el
toro pasado deja ver poco el defecto. Desconfiado y sin asentar las zapatillas
en su primero basó la faena en la eficacia y la pinturería. Agradó.
Ante su soso segundo instumentó una faena con la mano izquierda, sobria pero
sin transmisión. Aplaudidísimo a la hora de entrar a matar recibiendo, suerte
en desuso que no conocían muchos de los espectadores que llenaban la plaza
santanderina. Esplá demostró ser un grandísimo director de lidia, atento y
oportuno toda la tarde. Su presencia torera causa respeto en los tendidos.
Zotoluco, torero mexicano, que sustituía en el cartel a Pepín Liria, estuvo
desacertado toda la tarde. Sin sitio, sin conocimiento de los terrenos. A esto
hay que unir el desastre de la corrida que le acompaña, lo que perjudicó el
estado en que llegaron sus dos reses al último tercio.
Poseedor de un toreo agarrotado, descompuesto, arrugado de planta y muy
abierto de compás, derrochó una expresión tosca del arte. Le tocó bailar con
la más fea, el quinto, un manso peligroso al que no supo en ningún momento qué
hacer. Tuvo la suerte de que el director de lidia era Luis Francisco Esplá que
le dio una lección de cómo y dónde hay que picar a un toro manso que no
quiere acudir al caballo. Sencillamente Esplá ordenó el cambio de terrenos del
picador.
Broche final
El broche final de la Feria de Santander fue del agrado de la parroquia.
Sirvió al menos para amortiguar de alguna manera las decepciones sufridas por
la mala presentación del ganado y la floja actuación de las figuras.
Vaya como resumen de la serie de corrida que, para que haya una feria digna
de ese nombre, y más ésta que se quiere denominar del Norte, debe de cuidarse
muy mucho la presencia del ganado. El toro con presencia es el que da categoría.
Será cuestión de mimar este punto para no dar la impresión de que la feria
está hecha con retazos y retales de ganaderías. De alguna manera le queda la
impresión al aficionado que la feria se ha hecho con sobreros.
ABC.
José Luis SUÁREZ-GUANES. Triunfo
de Juan José Padilla con los dos victorinos mejores
La corrrida empezó con un minuto de silencio en recuerdo de la última víctima
de ETA. Los toros de Victorino tuvieron de todo y, precisamente por ello, no nos
aburrimos. Abrió la terna Luis Francisco Esplá, que reaparecía tras su último
percance en Madrid. Esplá se lució en unas reposadas verónicas y en el modo
de llevar el toro al caballo, con un galleo por chicuelinas. Pasó con bien en
el tercio de banderillas, en el que se mostró de menos a más. En la faena de
muleta, su rival se le coló dos veces y, en ambas ocasiones, pareció haber
lesionado a Esplá, pero afortunadamente no fue así. La faena estuvo llena de
detalles que justificaron de por sí su maestría.
Los detalles de torería se pudieron ver, también, en su segunda faena en la
que instrumentó derechazos de regusto y dejó en la memoria la manera de andar
delante de la res. Los cambios de mano en la misma cara del toro y la vieja
policromía de llevar encasquetada la montera durante la lidia. Todo ello
delante de uno de los garbanzos negros de la tarde —manso y remiso— al que,
por cierto, había banderilleado deficientemente.
El primer toro de El Zotoluco tomó tres varas y eso le dejó un punto
aplomado. Eulalio López, que no hizo nada destacable con el percal, aguantó lo
indecible con la muleta. Si durante la primera tanda diestra se limitó a
embarcar a su rival, a enseñarle el camino, en la segunda sacó unos cuantos
muletazos valientes y arrogantes. Así permaneció indistintamente en el resto
del trasteo: con aguante y algún pase rematado que otro. Justo, al final, bajó
de ritmo. Recetó una estocada de ley.
El quinto tenía sus problemas. Era manso, y en algún momento, pareció que
iba a acarrear problemas al diestro azteca. Resolvió estos con un toreo sobre
las piernas que no gustó a la gente, aunque no dejó de tener rememoranzas de
estampas antiguas. Falló a espadas lamentablemente y ahí sí llegó el mitin.
Juan José Padilla fue todo entusiasmo desde que se abrió de capa con una
larga cambiada. Toreó con serenidad y templanza a la verónica y, tras un par
trasero, puso uno logrado y un tercero —al violín— que llegó totalmente a
los tendidos. La larga faena de muleta tuvo dos partes: una primera, en la que
ejecutó dos series de derechazos, francamente buena, y otra segunda, más
teatral. El toro, que se comía la muleta, se le coló dos veces y Padilla salvó
las papeletas con valor. Perfecto el volapié postrero lleno de entrega.
En
el sexto, volvió a estar muy lucido con el capote, ofreció banderillas a Esplá,
que le ganó la partida, y toreó muy bien con la derecha para terminar con una
labor efectista, que caló hondamente en el público.
El Mundo.
Indalecio Sobrino. Ni siquiera la de
Victorino
Después de la debacle ganadera de toda la feria esta corrida de Victorino
que la cerraba era la última esperanza de los aficionados. El ganadero de
Galapagar es un habitual triunfador en este serial y los asiduos, lógicamente,
pensaban que al final vendría la redención de tanto hastío.
El encierro estaba presentado muy en el tipo de la casa y aunque ninguno de
ellos luciera ofensivas defensas, algunas pobrísimas, sí tenían cuajo. El
problema estaba en lo que llevaran dentro y al final el conjunto fue otra
decepción.
Los toros fueron castigados duramente en los caballos. La estadística no es
habitual en esta plaza: dos varas el primero, tres el segundo, dos el tercero,
tres cuarto y quinto y por último dos el sexto. Lo malo fue que a pesar del
empeño de los toreros por lucir el ganado en el caballo, el intento fue
contraproducente evidenciando más su mansedumbre. Abría que esperar a la
salida del sexto para encontrarnos con un ejemplar de boyante embestida y morro
por el suelo.
El mejor lote le correspondió a Padilla. Algo tardo su primero aunque
sospechamos que buena parte de la culpa tiene el afán de torear con la muleta
retrasada. El sexto embistió incluso con el defecto apuntado. Toro noble donde
los haya que hubiera proporcionado un triunfo de clamor a un torero que supiera
estar a su altura. El jerezano bullidor y bastote toda la tarde encandiló a la
presidencia. Dos orejas y salida a hombros, premio excesivo para su ramplona
labor.
Esplá estuvo torero y lucido con el primero pero muy mal con la espada.
Oportuno en quites y con detalles toda la tarde. Hay que destacarle un gran par
al sexto toro. El Zotoluco ante un toro que tardeaba en los engaños consiguió
sacarle algunos muletazos largos fundamentalmente con la mano derecha. En
segundo lugar le correspondió un toro alimañero que se quedaba muy corto por
los dos pitones con aviesas intenciones. Lógicamente el torero tuvo que tirar
por la calle de en medio macheteando algo que no gustó a la concurrencia.
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