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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA
Tarde del domingo, 7 de julio de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Marqués
de Domecq,
muy bien presentados, sin clase, mansos y varios con peligro.
Diestros:
-
Esplá,
cuatro pinchazos, estocada caída y dos descabellos (silencio);
estocada corta y un descabello (aplausos).
-
Liria,
media estocada y tres descabellos (silencio); estocada (oreja).
-
Luis
Miguel Encabo, estocada caída
(aplausos); estocada trasera (aplausos).
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino, El País, ABC
PortalTaurino.
MIKY RIOJA. Pepín
Liria cortó una oreja de una gran estocada
Como siempre en Pamplona, lleno hasta la bandera y
tarde de calor, sol y moscas. Impresionante la presencia de los 6 toros
del Marqués de Domecq, con juego y comportamiento desigual durante la
lidia. Presidió el festejo la alcaldesa de la ciudad Yolanda Barcina.
Luis Francisco Espla, silencio y aplausos cuando se
retiraba a la enfermería
Pepín Liria, ovación y oreja
Luis Miguel Encabo, que sustituía a Enrique
Ponce, saludos y palmas
El día del patrón comenzó taurinamente hablando
con un encierro peligroso en las calles de la ciudad, y que en cierto modo
continuó en la plaza por la tarde durante la lidia.
El alicantino que abría el cartel, topó con el
lote más complicado de la tarde, en su primero, un toro que fue muy
castigado en el caballo, llegó ya al tercio de banderillas que compartió
con Encabo, muy parado esperando a los toreros y que solamente el oficio
de Esplá consiguió que sus dos pares fueran lucidos. En la muleta el
animal siempre anduvo con la cara alta, defendiéndose y tirando cornadas.
En el cuarto, más de lo mismo, Esplá incluso ni banderilleó, en la
muleta el toro sólo quería coger y casi lo consigue cuando a la hora de
entrar a matar, el toro fue derecho al matador, no siguió el engaño,
prendiéndolo de mala manera. Afortunadamente tras pasar por la enfermería
solo se le apreciaron lesiones musculares.
Pepín Liria, es el torero de Pamplona, sus cualidades de lucha y entrega
han calado desde hace varias temporadas en el público navarro y eso se
nota. Toreó con cierto gusto y con algunos muletazos de valor al primero
de su lote, y pudo haber conseguido una oreja de no ser por el desacierto
en el manejo de los aceros. En el quinto salió decidido a todo comenzando
su faena de rodillas y saliendo apurado del tercer muletazo, con es norma
en él no se arredró y siguió porfiando aunque en esta ocasión, poco
hubo destacable. Cobró una magnifica estocada y nunca mejor dicho, que en
esta ocasión, una estocada que valió una oreja. Una Vez más, los gritos
de Pepín, Pepín, se oyeron en el coso pamplonés. Luis Miguel Encabo,
entró en el cartel sustituyendo a Enrique Ponce, en mi forma de ver tuvo
los dos toros más potables de la corrida, quizá mas el sexto, un toro
con nobleza que humillaba y al que no le sacó, los pocos muletazos que
podía tener, muletazos sin acabar de cuajar continuidad en ambos enemigos
y lamentables tercios de banderillas. Pasó con más pena que gloria por
Pamplona
El País.
JOSÉ LUIS MERINO.
La oreja de la bronca
¿Qué se puede hacer si cada toro tenía
dos furias por pitones y no llevaban dentro nada de bravura?
La corrida enviada a Pamplona por el marqués
de Domecq puede que sea buena para el carnicero, mas de pocos argumentos
de casta para los toreros y, por ende, para el respetable. Los seis toros
dieron el pego, no valían nada. Además, el cuarto, que le correspondió
a Luis Francisco Esplá, no dejó de mirarle al torero en todo momento.
Tal le miraba, que al irse tras la espada a matar el animal fue a por el
pecho del matador, sacándole la camisa y se la puso como si fuera un
babero de niño. Como la espada había entrado en su sitio le bastó con
un certero descabello para mandar a mejor vida a aquel marrajo de toro. A
continuación pasó a la enfermería, más que nada por precaución, de la
que volvió a salir para la lidia del sexto toro, que correspondía a Luis
Miguel Encabo.
Luis Francisco Esplá, en su primer toro
no pudo acoplarse con la franela. Se puede decir que no pudo con el
ejemplar del marqués.
A Pepín Liria le tocó en suerte tal vez
el único toro algo potable. Sin embargo, el diestro murciano no estuvo
demasiado fino, sobre todo porque en las tres tandas de derechazos que dio
empezaba bien los pases y acababa ahogándole. Dos buenos naturales y
otros dos con enganchones. Instrumentó algunos pases circulares, pero lo
que pasaba allí es que no hizo el toreo que pedía el toro, el cual no
era un dechado de bravura; sin embargo, algo más sí pudo hacer con él.
Curiosamente, en el quinto de la tarde, su segundo, a Pepín Liria le
dieron una oreja, totalmente injusta, a no ser que fuera para paliar desde
la presidencia la bronca que gran parte del público de sol le endilgó a
la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, en cuanto compareció en su
desempeño de presidenta de la corrida. Pepín, en ese toro, pese a que se
hincó de rodillas al iniciar la faena, automáticamente perdió la
muleta. Trató de darse el arrimón, aunque con pocos fundamentos. Volvió
a seguir ahogándole al toro, y exponiendo, pero sin emoción. Como decía
el maestro Juan Belmonte: 'Cuando un torero se arrodilla mucho es porque
la guitarra no le deja tocar bien'.
Luis Miguel Encabo, que sustituía a
Enrique Ponce, pegó un mitin con las banderillas. Decididamente no era su
tarde con los palitroques. No obstante, hay que abonar en su haber el que
tratara de torear a la verónica con lentitud y con gusto. Respecto a sus
faenas es verdad que los pases más templados los ejecutó él, en
especial en su primero. Anotamos dos series de naturales bastante
aceptables en el último de la tarde.
La oreja otorgada, como hemos dicho
injustamente, a Pepín Liria parte del inicio de la corrida. Nada más
salir la alcaldesa, desde los tendidos de la solana, cargados de euforia
etílica y de la otra, arremetieron a improperios con la dama del palco.
Como reacción a ese abroncamiento del sol, una gran parte del público de
sombra fue apagando poco a poco, o intentándolo, aquellas subidas de tono
abroncado. Sin duda, como la tarde misma, las voces eran tan ardientes
como el ron. Cada ciudad conoce a sus ediles y les juzga a tenor de las
creencias que cada uno tiene en su cabeza y en su corazón. Ha pasado toda
la vida en todos los sitios. Acuérdense de las disputas entre sajones y
normandos en la Francia antigua. Y yendo a la noticia misma del día, el
conflicto que tuvieron ayer en Irlanda los protestantes con los católicos,
o los católicos con los orangistas.
Lo malo de todo esto para la fiesta es que
esas disputas por un edil aquí y otro allá no dejan que se le ponga en
la picota públicamente al ganadero que mandó aquellas toneladas de carne
inservible. ¿Dónde está la verdad? ¿Quizá se debe buscar la verdad
que hay detrás de la verdad?
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Feria de San Fermín:
Mil duros por un argumento
Faltó muy poco para que el abajo firmante
ofreciera mil duros, o su equivalente en euros, en el tendido a cambio de
un argumento para la crónica. Como un guionista en quiebra de ideas. Por
no exigir demasiado, ni siquiera meditaba convocar una puja por una razón
que sostuviese la oreja que la presidencia regaló a Pepín Liria. Porque
por no haber no había ni pañuelos. A la alcaldesa, Yolanda Barcina,
increpada con crudeza por los componentes más radicales de las peñas,
obsequida con una pitada abrumadora cuando se sentó en el palco, o la
asesoraron mal o la perdieron los nervios. Flaco favor le hace a la plaza
de Pamplona con semejante dádiva, señora. O sea que ni el único trofeo
de la tarde se fundamentaba en algo sólido para desarrollar unas pobres líneas.
La corrida de Marqués de Domecq a buen seguro que no entrará en las
quinielas del jurado de la Casa de Misericordia, reunido ayer para decirse
hola, éstas son las bases, suerte a todos, nos vemos el día 14, aquí en
«Rodero». Pero tampoco sería justo cargar las tintas sobre los toros,
que, aun sin romper ninguno con una claridad meridiana hasta el final ni
humillar con nitidez, e incluso cambiantes a lo largo del tercio último,
no fueron apurados durante los tiempos que sirvieron.
Liria compuso una salutación variopinta para recibir al serio segundo,
castigado en el caballo con un par de puyazos horriblemente traseros, que
es la norma de la suerte de varas. Encabo quitó por Chicuelo con lucidez.
No hubo respuesta por parte del murciano, que después se clavó en los
medios en un pase cambiado por la espalda, pletórico de valor y riesgo.
El pitón derecho del domecq titulado ofreció posibilidades a Pepín, que
toreó denso en tres series de muletazos largos y sin chispa. A
izquierdas, el bruto enganchó la muleta y quebró la faena, sin rúbrica
con los aceros.
La cosa de la oreja surgió a la muerte del quinto, tras una estocada
contundente. El muleteo, voluntarioso, iniciado de rodillas, devaluado con
dos desarmes, que el pitón izquierdo se las traía, no valió mucho, más
bien poco. Mas el palco valoró, digo yo, el espadazo, el tesón y los
cuatro pañuelos al viento para devaluar el peso de un trofeo pamplonés.
Esplá y Encabo, matadores-banderilleros, pasaron con más pena que
gloria con los palos. El veterano maestro ofreció las zarpas al joven
pupilo con el toro inaugural del festejo, que esperaba y medía. Es decir,
que el ofrecimiento más que de agradecer fue para acordarse de sus
antepasados. Le devolvió la moneda el madrileño en el tercero, que arreó
con muchos pies, y fracasaron de nuevo en el intento de divertir con
acierto. No quiso luego el alicantino banderillear al cuarto, y Luis
Miguel Encabo suspendió el examen en el sexto, siempre a toro pasado.
Encabo presentó batalla al primero de su lote por estatuarios, siguió
al natural y mejoró en unos derechazos de figura relajada y temple. Desde
ahí la faena se diluyó poco a poco hasta acabar de una estocada ladeada
-aviso a los listos: el término ya lo usaban cronistas de finales del
XIX-. No enderezó rumbo en la faena de despedida que, igual que la
anterior, tuvo un principio notable, con unos ayudados muy toreros y unos
naturales señoriales, hasta que cambió a peor el astado. Sin estar mal,
debió apretar más el acelerador.
Parece que Esplá fuera de Madrid es como pez fuera del agua. Breve
anduvo con el animal que estrenó la tarde, que no humillaba ni se
entregaba, y pajareó un tanto con el cuarto, que le dio un susto
considerable al ponerle los pitones en el pecho en la suerte suprema y
desencuadernarle el chaleco.
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