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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA CONDOMINA
MURCIA
Tarde del jueves, 13 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victorino
Martín, de gran calidad.
Diestros:
Entrada: más de tres cuartos de plaza cubierta.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, La Verdad
de Murcia
El Mundo.
GONZÁLEZ BARNES. Los toros de
Victorino son otra cosa
Acostumbrados en la Feria de Murcia al monopuyazo, a algunos toros
anovillados, a ver pasar sin pena ni gloria el tercio de varas, la corrida
de ayer fue otra cosa, porque otra cosa son los toros de Victorino Martín.
Sin llegar a ser un encierro escandaloso de pitones, más bien diría que
agradable para los toreros, vimos a los toros tomar dos puyazos,
arrancarse de largo al caballo y llegar a la muleta con el genio necesario
para que el toreo tenga emoción.
Los triunfadores de la tarde fueron Victorino y Pepín Liria, porque
este binomio es fácil de entender cuando ante el genio de los toros de
Galapagar está el coraje de un torero de Cehegin; cuando a la bravura se
le pone delante el valor y cuando la casta se iguala por hombría.
Luis Francisco Esplá, quien brilló en sus oponentes en el tercio de
banderillas, derrochó profesionalidad, saber estar ante la cara del toro
e incluso, cuando le pudo mandar con la muleta, lo hizo con personalidad.
El público reconoció las maneras y la honradez del alicantino.
Se presentaba en Murcia Juan José Padilla y pasó con notable el
examen, luciendo con los rehiletes, decidido en su primero, al que
incomprensiblemente no probó por el pitón izquierdo. En su segundo, que
tenía algunas complicaciones puso ganas, aunque en algunos momentos se
mostrase desconfiado.
La Feria de Murcia ha concluido con dos murcianos en triunfadores:
Liria por el número de trofeos y Alfonso Romero, quien ha cortado el único
rabo del ciclo y cuya faena aún se recuerda.
La Verdad de
Murcia. JOSÉ MARÍA GALIANA MURCIA. Importante
actuación de Liria
Pese a que la corrida no fue lo que el aficionado esperaba, los toros
de Victorino Martín se hicieron notar en La Condomina. Salvo el cuarto,
el más flojo del encierro, todos cobraron dos puyazos, si bien ninguno
protagonizó un tercio de varas espectacular, es más, el que cerró
plaza, distraído y reservón, manseó en el peto. Tampoco se empleó el
tobillero segundo, curiosamente premiado con algunas palmas en el
arrastre, pero el quinto se arrancó de largo a recibir la segunda vara de
José Bernal, aplaudida por el aficionado. Ese quinto fue un toro con trapío,
largo, serio, cuajado y pujante, que desarrolló sentido y cierta
violencia en el último tramo de la segunda faena de Liria que, paradójicamente,
no tuvo eco en los tendidos. El tercero, escaso de pitones, embistió al
peto con fijeza y fue el que mejor humilló y más templanza desarrolló
en la muleta. Con este bagaje de defectos y virtudes, todo lo que hicieron
los diestros tuvo importancia. Se aplaudió un buen puyazo de José Bernal,
y Anderson Murillo, picador de Esplá, mostró su dominio del caballo.
Como cada tarde, la suerte de varas fue un despropósito: puyazos
traseros, el caballo que tapa la salida, la carioca que quebranta y
desengaña. Así acaeció con el toro que abrió plaza, al que Esplá pareó
en dos ocasiones, la última muy ceñida. Precavido, el torero de Alicante
lo probó por ambos pitones, vio que se frenaba por el derecho, recurrió
a un trasteo y escuchó algunos pitos. Al cuarto, un cárdeno aplaudido al
salir de toriles, lo saludó con templados lances, quitó por navarras y
clavó los últimos pares de banderillas en los adentros, con justeza y
arrojo. Brindó al público, inició la faena con cuatro muletazos por
alto y se echó la muleta a la izquierda. Era el pitón del toro y se olía
a faena; los primeros muletazos tuvieron templanza, mas el vitorino, que
resultó ser el más flojo del encierro, empezó a revolverse con más
aspereza que peligro, y la esperanza resultó fallida, aunque parte del público
abroncó a la presidencia por negar una oreja que no se pidió
mayoritariamente.Pepín Liria estuvo por encima de sus toros. Capoteó al
primero con ajuste y reunión, Ecijano II y Riverito dieron lustre al
tercio de banderillas y el torero de Cehegín empezó la faena doblándose
por bajo y sorteando la aviesa embestida del vitorino que se revolvía en
un palmo. Las primeras series con la derecha fueron precipitadas, pero los
naturales ya transmitieron hondura. El riesgo de una cornada aleteaba en
el aire, y la aceleración no era un demérito sino la única posibilidad
de esquivar los derrotes. Salió airoso de una emocionante tanda de
naturales rematados con el de pecho, y en los muletazos postreros con la
mano derecha el peligro se hizo aún más presente. Con el público
expectante, el torero se perfiló para matar en los medios, cobró una
gran estocada que no precisó de puntilla y paseó dos orejas.
Vibración
Esa faena pudo tener más vibración, pero estuvo más importante en el
quinto y no flameó ni un pañuelo. Había brindado al público y el toro
tomó la primera serie con gran pujanza; luego escarbó, punteó la
muleta, hizo el avión en una serie de naturales, se tornó áspero y
violento, desarrolló sentido, y Liria, heróico, se jugó muy seriamente
una cornada.La presentación de Juan José Padilla fue acorde con lo que
el respetable esperaba de él. Valiente y honrado, dio muletazos largos y
templados al tercero, prendió banderillas cuadrando en la cara, hizo la
suerte del violín, y cuando tuvo que arriesgar con el reservón sexto, lo
hizo sin tapujos, con la verdad por delante. Que no es poco tal como están
las cosas.
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