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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA

MÁLAGA
Tarde del domingo, 18 de agosto de 2002
Corrida de toros

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería Toros de Guardiola Fantoni (manejables, sosa, bien presentada. El mejor, el 6º).

Diestros:

Entrada: Media plaza.

Crónicas de la prensa: Diario Sur, El País.


Diario Sur. Pacurrón. Una vuelta al ruedo para El Cid, que falló con la espada

Los aficionados que se califican de ‘toristas’ no debieron enterarse ayer de que en La Malagueta se lidiaban toros de uno de sus hierros preferidos, el de la familia Guardiola, y tampoco que estaba en el cartel El Cid, que el año pasado triunfó con ellos. La verdad es que al reclamo de las denominadas ganaderías ‘duras’ no acude nadie a nuestra plaza de toros y ello hemos tenido ocasión de comprobarlo cuando em-presas anteriores trajeron reses de Eduardo Miura, Victorino Martín, Conde de la Corte, Pablo Romero, Murteira Graved o cualquier otra. La de Málaga, por mucho que algunos se empeñen, entre ellos veterinarios y presidentes, es una plaza ‘torerista’ y los tendidos se llenan al reclamo de los toreros que funcionan y no de los toros que pueden crear problemas. Por este motivo, La Malagueta registró ayer la entrada más floja de la feria y por no haber, no había gente ni tan siquiera en las terrazas de los edificios próximos, en las que se ven las corridas sin tener que pasar por taquilla. Ayer, los que hicieron esto fueron los que habían sacado abonos y el cambio de cartel les permitía la devolución de las entradas.

Pero además de todo esto, el presunto espectáculo de los toros de Guardiola, no se produjo. La presentación fue irreprochable, aunque el lote de toros de la familia Guardiola tuvo hechuras muy distintas. En el juego también hubo desigualdades, como trataremos de explicar.

El primero de José Luis Moreno resultó algo blanco, aunque iba perfectamente por el pitón derecho, por el que el diestro cordobés cuajó varias series espléndidas. Cuando intentó torear al natural, no llegó el deseado acoplamiento y le enganchó varias veces la muleta. La faena, llena de altibajos por los motivos expuestos, no tuvo excesiva repercusión en los despoblados tendidos.

El segundo de su lote tenía poca fuerza y escasa bravura. Se desplazaba con la cara alta y salía distraído de la muleta. Moreno lo dejó ir a su aire, pero luego, para ver si aquello resultaba más emotivo, le bajó la mano y el toro se desplomó. Una vez recuperado, se paró y ahí se acabó todo.

También tuvo poca fuerza el primero de Dávila Miura. En esta ocasión, y según un dicho popular, se juntaron el hambre con las ganas de comer y a la sosería del toro se unió la del propio torero. La flojedad del toro le obligó a torear al revés, o sea, de abajo para arriba. Hubo, no obstante, algunos muletazos templados, pero Dávila Miura necesita un toro más enrazado, porque al bobalicón lo torea de forma que trasciende escasamente en el público.

En el quinto de la tarde lo mejor lo hizo, lidiando, Joselito Rus. El toro miraba mucho y en un par de ocasiones probó al toro y este se mostró muy desconfiado, por lo que abrevió, cosa que le agradecimos todos.

El Cid volvió a mostrar sus buenas cualidades artísticas y sus carencias como estoqueador. Lo mejor de la tarde lo hizo, sin lugar a dudas, el sevillano. El tercero de la tarde sembró el pánico en banderillas y el subalterno malagueño Lorenzo del Olmo, a las órdenes de El Cid, fue perseguido al salir de un par de banderillas, cayó al suelo y se libró de milagro de un grave percance. Pero con la muleta El Cid lo sometió y aprovechó que el toro tuvo más movilidad en los primeros compases para interpretar un buen toreo. A la hora de matar dejó un metisaca alevoso en el costillar y luego una estocada y se produjo una sorprendente reacción en el público, que parecía distinto al de otros días, solicitando una oreja que en forma alguna merecía este apoyo popular, ya que fue un bajonazo en toda regla. Nos pareció, además, que la sorpredente petición fue minoritaria. Desde luego, con comportamientos de este tipo, no va a ser posible dar a La Malgueta la categoría que pretenden los presidentes, negando orejas más que merecidas.

En el que cerró plaza volvió a estar muy bien. El Cid es uno de esos toreros que, como decíamos el sábado al referirnos a José Luis Moreno, se va a quedar en nada teniendo cualidades para estar en los primeros lugares del escalafón. Torea muy bien, porque los templa y es capaz de aguantar, impávido, las embestidas a veces descompuestas de los toros, pero con la espada en la mano es un auténtico pinchauvas y ayer, por este motivo, no salió a hombros por la puerta grande. Bueno, tanto como eso... Porque tal como están los presidentes, empeñados en crear una categoría para La Malagueta, porque ni en Madrid ni Sevilla hay tantas exigencias, no es suficiente torear bien y matar mejor.

 


El País. Juan Ortega.  Dos ausentes

El Cid perdió la batalla. Es natural que una lucha se gane o se pierda, pero, por lo menos, hay que presentarse en el palenque. José Luis Moreno y Dávila Miura estuvieron ausentes.

La tarde discurría insoportable cuando El Cid, en el sexto, eligió el método más natural y sencillo, oculto para sus compañeros, que fue ponerse a torear en el centro del ruedo, sin grandes aspavientos ni exquisiteces, pero correcto y con gusto. Cuando lo tenía todo ganado, cuatro pinchazos lo mandaron al garete. En el tercero se equivocó al acortar distancias. Dio la vuelta al ruedo y fue ovacionado.

José Luis Moreno, ovacionado en sus dos toros, se empeñó en solemnizar lo banal, quizá una manera de tapar carencias, y eso que no tiene mal corte de torero, pero difícilmente llega a lo sustancial, cayéndose las faenas por sí mismas.

Dávila Miura trabajó larga, inútil y pesadamente en su primero y se vio complicado por los problemas del cuarto, que nunca supo resolver, procurando que la guerra no fuera con él. Mal debieron de andar las cosas en primavera cuando este torero fue el triunfador de Sevilla. En la forma que está actualmente, aburre.

 

 

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