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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del viernes, 16 de agosto de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Cuatro
toros de Zalduendo,
justos de presencia (impresentables 1º y 2º), y dos de Martelilla, lidiados en 4º y 5º lugar, de aceptable
presentación y juego desigual, más nobles los de Martelilla.
Diestros:
Entrada: hasta la bandera.
Crónicas de la prensa:
Diario Sur, El
País.
Diario
Sur. Pacurrón. Fernando Cámara debió salir por la
puerta grande
José Tomás y la afición malagueña han
convertido en verdadero amor el flechazo que se produjo entre ellos
desde la primera vez que se encontraron. Resulta evidente que José
Tomás, en La Malagueta, se siente a gusto, torea a placer; es
visible un permanente esfuerzo por corresponder a tanto cariño y el
público no duda en corresponderle. José Tomás ha dicho que la de
Málaga es su plaza y resulta obvio que, para Málaga, José Tomás es
su torero.
Ayer pudo salir de nuevo por la puerta grande, pero falló con los
aceros. Su primer toro manseó algo en el caballo, pero se vino
arriba en la muleta, entre otras cosas, porque José Tomás, en La
Malagueta, siempre saca a los toros al centro del ruedo, donde el
toro siempre es más toro, pero también el torero tiene que ser más
torero. Lejos de su querencia natural el animal se creció y fue a
mejor, porque el madrileño templó lo necesario para que no le
enganchara la muleta. En la posición más conveniente, adelantando el
engaño, surgió el toreo prodigioso de José Tomás, entre el
entusiasmo del público, pero una faena de dos orejas se convirtió en
dos avisos porque falló con la espada. El error se produjo porque
entró siempre a matar con el toro encogido, humillado, y en que José
Tomás ejecutó la suerte sin convencimiento.
Su segundo toro cortó en banderillas y todo parecía indicar que
sus defectos se desarrollarían en la muleta, pero lo evitó el
torero. Empezó con varios estatuarios, erguida la figura y sin
enmedarse, pasándoselo muy cerca. Posteriormente pudo comprobarse
que el toro obedecía más por el pitón derecho, y por el izquierdo
los muletazos no fueron tan lucidos. El toro se apagó pronto y José
Tomás tuvo que acortar las distancias y ponerse en un sitio más
próximo, en el que se encuentra menos a gusto, porque su toreo más
esplendoroso consiste en adelantar la muleta y templar las
embestidas. De cualquier forma, el público hubiera pedido para él la
oreja si, de nuevo, no falla con la espada.
Debe perdonarnos Fernando Cámara, que sustituía a Paco Ojeda, que
hayamos dado preferencia en el comentario a las dos faenas de José
Tomás, lo que significa demérito alguno para la buena tarde que
ofreció. En primer lugar le correspondió un toro de Zalduendo muy
justo de presentación, pero muy astifino, que empezó a manifestar su
bravura en el caballo, soportando un largo puyazo. El toro era de
los que se lidiaban en La Malagueta en los años sesenta, de esos que
tienen el peso ideal para que pueda moverse y este lo hizo de
principio a fin, con una embestida desbordante, de esas que a la
menor duda puede poner en serios apuros al torero. Con muchos toros
como este, pese a su escasa presencia, la mitad del actual escalafón
estaría en su casa. Pero Fernando Cámara no tuvo ni una duda, se
quedó valientemente en el sitio que demandaba el toro para repetir
las embestidas y cuajó series excelentes. En nuestra siempre modesta
opinión, creemos que se pasó de faena, que la prolongó demasiado y
esto influyó negativamente en el desarrollo final de la misma. De
cualquier forma, la petición fue mayoritaria y se le negó una oreja,
lo que originó una de las más fuertes broncas que hemos escuchado en
La Malagueta en disconformidad con la presidencia. Esta actitud
presidencial le quitó la puerta grande a Cámara, con la falta que le
hace un triunfo así, pero el señor presidenmte abandonaría su palco,
una vez más, convencido de que le había dado categoría a la
plaza.
En su segundo toro volvió a estar bien, sobre todo con la mano
izquierda, pero la faena tuvo menor lucimiento que la primera porque
el toro, aun siendo bueno, transmitía menos que el de Zalduendo
lidiado en primer lugar. En esta ocasión si atendió la demanda del
público, pese a que la faena tuvo menos intensidad y la petición de
inferiores proporciones. Pero ya sabemos que en La Malagueta el que
manda es el único de todos los participantes en el festejo que no es
profesional, o sea, el presidente. Así lo dice un reglamento
absurdo.
Morante de la Puebla tuvo una actuación muy deslucida. Hubo
momentos en los que fue más Tunante que Morante como, por ejemplo,
en su primer toro que demandaba una muleta baja, para intentar
someterlo. Pero Morante no estaba por la labor y como era algo
brusco y le enganchó varias veces el engaño, su defecto se
acrecentó. No estuvo Morante a la altura de las circunstancias.
El toro que cerró plaza se dio un costalazo en una vuelta de
campaña e incluso pudo apreciársele un bulto en el lomo como
consecuencia del costalazo. Lo sacó a los medios pero sólo le
adelantó la muleta en un par de ocasiones y luego el toro dijo que
ya estaba bien y que no embestía más. Con un solo pinchazo se echó
el animal y enseguida surgió el puntillero para rematarlo. O sea,
que al toro, en realidad, no lo mató Morante.
El
País. Juan Ortega.
Dos
lunares feos
Los dos primeros ejemplares carecieron de la mínima presencia.El
quinto sí era serio, un cinqueño cuya faena comenzó José Tomás por
estatuarios con los pitones lamiendo la taleguilla. Hubo cinco series de
redondos, dos de frente, con el torero siempre dando distancia, cruzado,
adelantando el engaño y ligando los pases. La conformación del toro,
montado en demasía, impidió que terminara de armar la embestida, lo
que provocó algún tropiezo. En el segundo convirtió en bravura la
mansedumbre, consintiendo en una faena que fue a más. Con los aceros,
negado.
Fernando Cámara sometió el genio del primer becerro y tuvo mérito
en el cuarto, ante el que se empleó por naturales y por ayudados por
bajo, prólogo de una buena estocada.
Morante se equivocó de pleno en el tercero y no pudo con el sexto.
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