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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del martes, 13 de agosto de 2002
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de El
Torero, desiguales de presentación.
Diestros:
Entrada: tres cuartos
de entrada.
Crónicas de la prensa:
Diario Sur, El
País.
Diario
Sur. Pacurrón. El Fandi, dos
orejas y a hombros por la puerta grande La corrida empezó mal,
pero la gente, al final, salió contenta de la plaza. Se inició, más
que mal, peor, por culpa de dos toros absolutamente inválidos que con
sus continuas caídas dieron lugar al más que justificado enfado del público.
Sus reiterados batacazos pudieron ser la consecuencia de una tremenda
voltereta que él mismo se propinó al humillar demasiado sirviéndole
los cuernos de punto de apoyo para la acrobacia; pero cuando salió el
segundo, llegamos al convencimiento de que no había sido esa la causa,
sino algún problema pulmonar porque, como le ocurrió al último de
anteayer, era manifiesta su dificultad para respirar.
El segundo cayó como fulminado y se produjo la siempre desagradable
imagen de los subalternos tirándole del rabo y de los cuernos para
ponerlo en pie. Estos síntomas debería ser motivo más que suficiente
como para que Salvador Domecq hiciera un análisis de las vísceras,
para tratar de averiguar que origina este desfondamiento, porque no se
trataba de falta de fuerzas.
El primero de Finito se cayó en los dos primeros tercios y en el de
banderillas, cosa insólita en La Malagueta, se cambió con solo dos
pares. Finito hizo labor de enfermero a tal punto, que el toro se repuso
y no volvió a caerse pero, claro, allí no había las más mínima
emoción ya que el toro era más bobalicón que noble. Uno de esos toros
que produce la impresión de que cualquiera es capaz de darle pases. En
definitiva, el público no mostró el menor interés por el quehacer de
Finito
Interés del público
En su segundo, sí. Se trataba de un toro muy serio de pitones y el
diestro cordobés volvió a demostrar en La Malagueta que cuando se
siente a gusto y confiado, es uno de los mejores intérpretes actuales
del toreo. Volvió, también, a torear con largueza, con temple y como
llevaba al toro muy toreado, y permítasenos la redundancia, por
expresiva, lo dejaba en el lugar precios para que las series fueran
largas. Una faena que nos pareció mejor que la del lunes, pero que
malogró con la espada.
Debutaba en La Malagueta Eugenio de Mora y como ha pasado con tantos
otros toreros castellanos triunfadores en Madrid, pasó sin pena ni
gloria. En el primero, justo es reconocer que poco podía hacer con un
toro que cayó como fulminado cuando se la capoteaba para ponerle
banderillas. También en este toro se cambió con sólo dos pares y el
tercio de varas había sido testimonial, una especie de simulación como
en el resto de la corrida. Eugenio de Mora lo despechó con rapidez.
En el segundo debió estar mejor. Eugenio de Mora es un torero de
escuela, sin duda un alumno aplicado que hace un toreo ortodoxo pero
carente totalmente de personalidad. En el inicio de faena dio, más que
pases, tironazos y el toro debió sentirse maltratado, pero se aburrió
y dejó de embestir. Nada de nada.
Un torbellino en el ruedo
Y salió El Fandi, un auténtico torbellino. El tercero de la tarde
no andaba sobrado de fuerzas, pero el público no tuvo ni tiempo de
protestar porque le dio dos largas afaroladas, unos lances a pies
juntos, unas chicuelinas, luego un quite por navarras y para terminar de
entusiasmar al público, colocó tres pares de banderillas, dos de
‘moviola’ y uno del ‘violín’. Puede que los puritanos pongan
objeciones a la revolución del tercio de banderillas en los últimos
tiempos y los nostálgicos quizá recuerden la forma de clavar de Pepe
Dominguín o de Pepote Bienvenida, llegando a la cara y saliendo
andando, pero las nuevas generaciones lo hacen más difícil y, claro, más
espectacular, una auténtica exhibición de poderío físico, hasta la
hora de saltar la barrera. En la muleta, su primer toro le puso difícil
encontrar la posición adecuada para torear y la faena resultó algo
embarullada, porque el toro no tuvo regularidad en su embestida. El
Fandi pasó apuros en varias ocasiones y hasta resultó lesionado en una
pierna, porque el toro se resistía a obedecer la muleta del granadino.
El que cerró la plaza fue un gran toro en todos los aspectos. Muy
serio, pero también muy bravo. El Fandi volvió a entusiasmar con las
banderillas, sobre todo en un tercer par en el que expuso mucho por los
adentros. En la faena de muleta fue visible su afán de torear quedándose
quieto y llevando al toro lejos en sus desplazamientos, pero también, y
como se diría en términos futbolísticos, que está en pleno período
formativo para conseguir la mejor capacitación muletera. De cualquier
forma, tiene la materia prima, que es el valor, y es plenamente
consciente de que su primera obligación es la de dar espectáculo y
divertir al público.
El
País. Juan Ortega.
El Fandi tiene crédito
Hasta el tercer toro, agua. Los dos primeros debían ser simulados,
posiblemente de fabricación oriental. Finito y Eugenio de Mora tuvieron
la desfachatez de ponerse bonitos. El Fandi fue otra cosa: a su habitual
pirotecnia con capa y banderillas, cubriendo tercios importantes, añadió
una importante dosis de aguante torero ante un primer enemigo difícil y
un segundo que fue a más gracias a la labor del granadino, reposado y
valiente, nada exquisito, correcto siempre, cruzado y adelantando el
engaño. Todavía hay mucho que pulir, pero el valor, las ganas y la
vergüenza constituyen un patrimonio que merece crédito.
Finito apuntó en el cuarto varios naturales poco ligados, de
evidente gusto, y se superó en los redondos hasta que la faena se diluyó
en detalles para ganar sabor al final. A la hora de matar, se echó
fuera.
Eugenio de Mora no logró rehabilitarse en el quinto.
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