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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del lunes, 12 de agosto de 2002
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de El
Torero, bien presentados.
Diestros:
Entrada: Casi lleno
Crónicas de la prensa:
Diario Sur, El
País.
Diario
Sur. Pacurrón.
Finito de Córdoba cortó la única oreja de la tarde
Ayer no hubo problemas en el reconocimiento matutino y se lidió
completa la corrida de El Torero que vino a sustituir la de Daniel Ruiz
utilizada como recurso final el pasado sábado. Las reses enviadas por
Salvador Domecq exhibieron una preciosa lámina, a excepción del que
abrió plaza, de distinto tipo aunque, como algunos de sus hermanos de
camada, tuvo el defecto de la poca fuerza. Una lástima porque, como
ocurre siempre, se caen los buenos y no lo hacen los que tienen
problemas.
En primer lugar, Ortega Cano se encontró un toro noble y de muy
buena clase por el lado derecho, pero Ortega tuvo que torearlo de forma
mimosa por ese pitón, sin tener tan siquiera esa opción por el
izquierdo, ya que el toro se rebrincaba en su intento de defenderse. Fue
una faena de belleza sin emoción, ya que esta se produce cuando el toro
repite y el torero lo lleva y existe eso que ahora se llama transmisión.
Al cuarto le propinaron dos fuertes puyazos y la gente protestó por
considerar excesivo el castigo, lo que luego se demostró no se
correspondía con la realidad. Al igual que el primero, el toro iba bien
por el pitón derecho y, también como en el que abrió plaza, el
quehacer del cartagenero se basó en la diestra, pero en una faena a la
que le faltó continuidad. Los detalles no fueron suficientes para
complacer al público y como con la espada estuvo desconfiado, se
produjeron más pitos que aplausos. Estimamos que el fallo de Ortega
Cano consistió en no dejarle la muleta para que repitiera pero, en
cualquier caso, no parecían justas las protestas, aunque el público es
soberano y, según dicen el cliente siempre lleva la razón, aunque haya
presidentes que no comulguen con esta aseveración a la hora de conceder
trofeos.
La mejor faena
Finito de Córdoba, una vez más, encandiló a los malagueños con su
toreo. La faena a su primer toro fue una auténtica exhibición de buena
técnica, pero también de un toreo largo, como es habitual en este
torero, que prolonga los muletazos por la flexibilidad de su cintura y
lo despacio que torea. El animal se siente como acariciado y así toma
confianza y termina por entregarse en la embestida. Finito inició la
faena sin forzarlo, con la muleta de abajo hacia arriba hasta que, poco
a poco, le fue bajando el engaño, y el toro se afianzó. Y entonces
surgió el toreo estético, relajado y largo de Finito, en series en las
que lo meció con su muleta tersa y templada. Hay quien dice que al
toreo de Finito le falta profundidad y quizá, en muchas ocasiones,
lleven razón los que se lo recriminan, pero Finito con su forma de
interpretar el toreo, contradice a los que piensan que cargar la suerte
es adelantar la pierna de salida, cuando la mayor longitud de los
muletazos se consiguen con un mínimo adelanto de las de recibo. Simple
cuestión de geometría para los que saben torear tan bien como Finito.
El segundo de su lote tuvo poco recorrido y en el transcurso del último
tercio fue quedándose cada vez más corto y derrotando, por lo que le
enganchó varias veces la muleta y se puso imposible. El toro, manso,
acabó buscando el refugio de las tablas. Sinceramente creemos que el
torero estuvo muy por encima del toro.
Mala suerte
También una vez más, El Juli pasó por La Malagueta sin obtener ese
éxito de clamor que suele lograr en otras plazas. Ayer fue el menos
afortunado en el sorteo y sólo lo vimos en plenitud en los dos tercios
de banderillas y en el toreo variado con el capote, sobre todo en su
primero. Con los rehiletes puso varios pares de poder a poder y en el
tercero, se la jugó en dos pares al sexto, en los que se metió por los
adentros para aprovechar la querencia del animal. Su primer toro tuvo
poca fuerza y embestía rebricando, defendiéndose. A El Juli se le
presentó un problema de imposible solución, ya que si le bajaba la
mano el toro se caía, porque sus claudicaciones eran frecuentes; y si
lo dejaba ir a su aire, como fórmula para evitarlo, el toro se defendía
todavía más. Intentó mejorar su rendimiento perdiéndole unos pasos,
pero ni por esas consiguió que el toro mejorara su rendimiento.
Entregado y dispuesto a cualquier cosa, El Juli recibió al sexto con
dos largas afaroladas e instrumentó varios lances excelentes, pero a la
muleta llegó apagado. El Juli no pica nunca en exceso a sus toros, para
que faltos de castigo se muevan más, pero en esta ocasión, con un
picotazo, dijo que eso de embestir no iba con él. El Juli se lo llevó
al centro del ruedo, a ver si de esta forma el animal desarrollaba más,
pero lo único que pudo poner de manifiesto fue su buena voluntad y, eso
sí, matar de un soberbio volapie, en el que él tuvo que hacerlo todo.
El
País. Juan Ortega.
Tarde
en diminutivo
Un diminutivo de toro es torito, pero no suena bien hablar de fiesta
de toritos, cuando la esencia de esa fiesta es la vida puesta en juego.
Y ya, ni siquiera por los toros, que podían pasar de presentación,
pero es que la blandura que exhibieron fue inadmisible y los metió de
lleno en el diminutivo. Ortega Cano toreó poquito al primero, tan
poquito que sólo esbozó un pase de pecho. En el cuarto realizó un
gran esfuerzo pasando fatigas hasta conseguir firmar su propia
caricatura entre penosas carreras.
Finito de Córdoba ha cambiado algo de su música esférica y está
mucho más dispuesto. Con la capa no llegó a adelantar la pierna pero,
al menos, no retrasó la contraria. Con la muleta toreó en redondo, que
ya es torear si se hace a ley, y mató con habilidad. Puro diminutivo,
puesto que si bien fue gloria bendita con relación a lo que vemos en
este purgatorio, supo a poco. El quinto era más toro y más áspero,
por lo que planteó una pelea más firme y recia que exquisita, en la
que no llegó a triunfar. El Juli templó con el capote y dio espectáculo
en banderillas en los dos toros. Naufragó con la muleta, no llegando a
dominar en ningún momento y se echó fuera a la hora de matar. Hay que
destacar dos pares por los adentros en el sexto que no se tenía en pie,
y eso que el tercero se cayó tres veces. El público no admitió el
trabajo de bata blanca y el torero se quedó en diminutivo.
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