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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del sábado, 10 de agosto de 2002
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros
de Daniel Ruiz (impresentables).
Diestros:
-
Víctor
Puerto. Estocada
caída (ovación); estocada (oreja).
-
Rivera Ordóñez.
Estocada honda trasera (ovación); dos
pinchazos, tres descabellos (silencio).
-
El Juli. Bajonazo
perpendicular, tres descabellos (ovación); cinco pinchazos,
estocada caída (silencio).
Entrada: Casi lleno
Crónicas de la prensa:
Diario Sur, El
País.
Diario
Sur. Pacurrón.
Una oreja
para Víctor Puerto y broncas a la presidencia
La corrida de ayer tuvo un lamentable prólogo
matutino, que no es el primero que ocurre en esta plaza. Hasta las tres
de la tarde, no se despejaron las dudas porque el equipo encargado de
reconocer los toros y aprobarlos rechazó íntegramente los enviados por
Victoriano del Río; siete en total. Luego llegaron cuatro de José Luis
Pereda y otros tantos de Gabriel Roja, que también fueron desechados.
En estas circunstancias, lo que debe de hacer el señor presidente es
suspender el festejo a las doce de la mañana por falta de toros, pero
no se encontró la solución hasta las tres de la tarde, lidiando la
corrida de Daniel Ruiz que estaba anunciada para mañana lunes. Mientras
el presidente y los veterinarios deliberaban en una habitación con aire
acondicionado, el que se jugaba el dinero, el empresario, y los que se
iban a jugar la vida, los toreros permanecían a la espera de lo que
finalmente decidieran bajo el fuerte sol del agosto malagueño. Muchos
de los subalternos venían de torear el día anterior en plazas lejanas,
deseando poder comer algo y descansar. Pero se les mantuvo allí,
nerviosos y cansados. Si los toros eran impropios de la plaza de Málaga,
que no lo eran porque varios nos parecieron mejores que los que
salieron, se suspende la corrida en paz y que, luego, cada cual pague
las consecuencias. Pero lo que no puede ni se debe hacer es mantener una
postura dudosa y encontrar la solución casi a las tres de la tarde. Se
recurrió, pues, a la corrida de Daniel Ruiz, que se había desembarcado
a las nueve de la mañana, sin tiempo para recuperarse del largo viaje.
¿Y qué pasó luego? Pues pasó que el público, que había ido a
divertirse, pidió orejas para los toreros y el presidente las negó.
También en este caso hay que decir que hubo peticiones que nos
parecieron mayoritarias, aunque quizá las faenas no fueran mereced oras
de ella, y la presidencia las negó. En definitiva, que hubo más
broncas a la presidencia que orejas a los toreros. Están los tiempos
como para que un presidente soliviante a las masas con oreja de más o
de menos.
Víctor Puerto toreó bien con el capote e inició la
faena de muleta toreando por redondos con las dos rodillas en tierra,
tras lo que el toro se mostró reticente a embestir. Puerto le cambió
los terrenos, sacándolo a los medios a ver si el toro desarrollaba más,
pero esto no mejoró su condición y, además, daba cabezazos, pero logró
algún que otro muletazo sin continuidad y lo mató muy bien. Primera
oreja denegada.
El cuarto de la tarde se acobardó y buscó el refugio
de las tablas y allí, en terrenos que se suponen del toro, Puerto se
pegó un arrimón y llevó y trajo al toro entre el entusiasmo del pùblico.
Estocada colosal. Le dieron una oreja y el público pidió
insistentemente la segunda. Segunda oreja denegada.
El primer toro de Rivera Ordóñez repitió mucho y, a
veces, de forma violenta. Por el pitón derecha el toro se revolvía en
un palmo de terreno, defecto que ya acusó en el primer tercio. La
faena, sobre cualquier otra cosa, tuvo emoción, porque se apreciaba la
posibilidad de que cogiera al torero. No sabemos, la verdad sea dicha,
si adelantándole la muleta lo hubiera sometido más y mejor, pero de
cualquier forma el toro se movió mucho y humilló. Gustó al público
la labor de Rivera, pero el presidente no atendió la petición. En el
quinto, sólo consiguió algunos muletazos con la mano derecha, porque
también este toro se paró. Posiblemente acusaran el cansancio del
viaje.
El Juli banderilleó a su primero de forma colosal. Es
la vez que mejor lo hemos visto en este tercio, porque lo hizo de poder
a poder y dándole todas las ventajas a los toros. En su primera faena
de muleta se vio molestado por el aire, que sopló a rachas en la tarde,
y en el comienzo del trasteo logró tandas muy ligadas, pasándose el
toro muy cerca y siempre erguido y relajado. Siempre acertado en la
posición, su toreo tuvo profundidad porque llevó siempre al toro al
sitio justo para engarzar el segundo muletazo. Faena de oreja, salvo
decisión presidencial, porque malogró con la espada, porque al entrar
a matar el toro se desvió de su camino y el acero quedó perpendicular
y bajo.
Con el que cerró plaza formó otro alboroto con las
banderillas, sobre todo en un espectacular tercer par citando desde
lejos y produciéndose el encuentro entre toro y torero en el centro del
ruedo, y la faena de muleta tuvo un buen comienzo, pero el toro también
se apagó. Intentó cambiarle los terrenos, pero el manso se negó a
embestir y El Juli, en contra de lo que en él es habitual, se quedó
sin cortar oreja y hasta falló con la espada, con la que siempre se
muestra tan seguro.
Ambiente festivo en los tendidos, elogiable entre los
toreros, que no escatimaron esfuerzos para dejarlos contentos, pero ya
hemos tratado de explicar el por qué se cortó una sola oreja.
El
País. Juan Ortega.
La
vergüenza, ausente
Es posible que con ocho ejemplares de Victoriano del Río, cuatro de
Gabriel Rojas, tres de Pereda y dos de Manolo González no se pudiera
completar una corrida de seis toros. Puede ser. Lo que no puede ser es
que por los chiqueros asomase una novilladita de Daniel Ruiz,
procedencia Jandilla, de la que tres ejemplares ni llegaban a ser dignos
de festival benéfico. Seguro que los aficionados cabemos en un autobús,
tal vez sea demasiado, pero seguro también que los éxitos, las loas y
los aplausos tampoco lo fueron, porque se consiguieron ante novillos que
nunca debieron bajar del camión.
El Juli corrió como un descosido en banderillas para clavar
irregularmente y sufrió enganchones sin cuento en la muleta. El sexto
fue bien y levemente picado por Salvador Herrero, que no se privó de
taparle la salida. Permitió a El Juli desarrollar toda su velocidad en
banderillas, para ponerlas a toro pasado, sin cuadrar en la cara. Parecía
que podía ir por la izquierda cuando lo cambió de terrenos a fin de
hacerlo pasar de modo desigual, sin poder evitar que huyera a tablas.
No sé que pudo impedir la faena de Víctor Puerto al primero, al que
había saludado vistosamente de capa, de rodillas, empezando así la
labor de muleta, por alto y en redondo. De pronto, las piezas dejaron de
encajar y todavía no sé por qué. El cuarto mejoró la presencia, nada
más que la presencia, y Puerto mostró un buen corte torero, que
administró con prisas, sin adelantar nunca el engaño, mientras el toro
tomaba el camino de las tablas, donde se refugió con el hocico entre
las manos. Con habilidad, Puerto robó algún pase y un desplante. Mató
bien.
Lo de Rivera viene de antiguo: puso de manifiesto el dogma de su
insustancialidad torera. Haga lo que haga, nadie es capaz de recordarlo
cinco minutos después. Por lo que tardó, debió ser mucho, pero no hay
manera de recordarlo.
En otra ocasión, sería recomendable que en el reconocimiento de las
reses estuviera presente la vergüenza, aunque sólo fuera un poco.
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