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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del viernes, 9 de agosto 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de San
Miguel, desiguales de presentación, manso el 5º.
Diestros:
Entrada: un tercio de plaza.
Crónicas de la prensa:
Diario Sur,
El País.
Diario Sur.
PACURRÓN. César
Jiménez cortó la única oreja en faena meritoria
La corrida que se lidió ayer en La Malagueta, para abrir feria, fue
una especie de asilo para toros mayores de edad, porque los hubo de
todas las edades. Unas reses muy serias por delante, desiguales en tipo
y en peso, que resulta increíble que fueran elegidas, sobre todo, por
los mentores de una figura del toreo, como Enrique Ponce, aunque esta
luego no pudiera venir y lo sustituyera César Jiménez. Desde luego si
todas las corridas que quedan por lidiarse tienen las hechuras de la de
ayer, los denominados toristas se lo van a pasar en grande, aunque los
demás, si no nos aburrimos, será porque los sobresaltos no lo
permitan.
El primer toro fue de los más manejable, aunque dio la impresión,
por la forma de embestir al caballo y por su edad, a punto de cumplir
los seis años, que quizá fuera tentado para semental por tener buena
reata. No se explica, de otro modo, su larga permanencia en la dehesa
como no sea para esperar al juego de sus descendientes. Con él, Manuel
Caballero anduvo con soltura. El animal, a veces, sacaba a relucir las
intenciones, malas por supuesto, que proporcionan los años. En la faena
de muleta se pueden destacar una serie de buenos naturales, pero cuando
intentó repetirla, el toro hizo por él. Además, el toro no acabó de
entregarse, por lo que la faena estuvo llena de altibajos. El cuarto de
la tarde fue un manso integral que salió de estampida al ser picado.
Buscó refugio en tablas y aunque Caballero le cambió los terrenos,
cuando se decidía a embestir lo hacía con pocas ganas y malas maneras,
dando cabezazos. Lo mató porque no cabía otra cosa.
Mejor partido
Morante de la Puebla, con un toro muy ofensivo por delante, no se
confió con el capote y, sin embargo, le sacó más partido de lo que
podría pensarse. El toro hizo un amago de rajarse e irse a tablas, pero
Morante lo llevó casi al centro del ruedo y le cuajó una faena
interesante, porque estuvo hábil y sobre la base de perderle unos
pasos, para estar siempre en el sitio justo, ligó algunas series con la
mano derecha en las que llevó al toro muy medido, pero a la hora de
matarlo extremó considerablemente sus precauciones y la espada quedó
sensiblemente baja, al salirse de la línea recta.
En el quinto de la tarde todo se redujo a unas primeras tentativas de
llevar al toro muy tapado, a ver si de esta forma podía trajinarlo,
pero nunca consiguió lo que Antonio Ordóñez decía respecto a lo que
era el toreo y que consistía en engañar al toro, sin mentir al público.
Morante no consiguió su propósito y a la hora de matar, dejó un
metisaca infamante del que murió el toro, aunque después lo pinchara
una vez. El público protestó porque creía que el toro se había
llevado, cuando en realidad había sido cazado por Morante.
El sustituto
La gente se preguntaba, antes de la corrida, que quién era ese César
Jiménez que sustituía a Enrique, lo que demostraba, una vez más, el
poco conocimiento que existe del momento de la fiesta, porque este joven
madrileño constituye la más firme promesa de la torería actual.
Incluso creemos que debería haber entrado en la feria sin necesidad de
hacer una sustitución. Luego, el para muchos desconocido torero, se ganó
el respeto del público por su entrega. En sus dos toros se lució con
el capote y en la faena a su primer toro se echó al suelo con ambas
rodillas en tierra y ganándole terreno caminando de hinojos, le
instrumentó una buena serie de pases, pero ahí se acabó todo ya que
tras unos muletazos iniciales con la mano derecha, se empeñó en
quedarse quieto, cuando las circunstancias aconsejaban que, al igual que
había hecho Morante en su primer toro, le perdiera unos pasos para no
ahogar sus embestidas. Como no lo hizo ni le cogió la velocidad, el
toro le enganchó repetidamente la muleta y se percató, el animal, de
que con ello no conseguía nada, por lo que dejó de moverse. El público
le agradeció su buena voluntad.
El comienzo de faena al que cerró plaza fue aún más espectacular,
ya que volvió a ponerse de rodillas, pero esa vez al descubierto, y
aguantó las acometidas del toro, que era otro regalito. Con muchos
menos recursos que sus compañeros, pero también con la sinceridad del
neófito y la ambición del que tiene todo por hacer, César Jiménez
quiso atropellar la razón y se puso en ese sitio en el que los toros
embisten, pero también cogen y, claro, se llevó una espectacular
voltereta que sobrecogió a todos, menos a él, que volvió a ponerse en
diversas posiciones en las que el peligroso oponente pudiera embestir.
Soportó las miradas del toro, sus coladas, y en estas circunstancias,
el público se entrega. Cuando un torero placeado se encuentra con un
toro así, es posible hasta el aburrimiento, porque no expone nada, pero
César Jiménez tiene, todavía y ojalá le dure, en su propio
beneficio, la sinceridad de la falta de oificio y también, hay que
decirlo, muy buenas maneras, porque torea muy erguido y de forma
despaciosa. Los que preguntaba quién era César Jiménez, salieron de
la plaza con perfecto conocimiento de sus cualidades.
El
País. JUAN ORTEGA.
Una oreja por un palo César Jiménez se arrancó a
torear a la verónica, consiguió alguna tafallera suave y empezó la
faena de rodillas. Falsa alarma; aquello se diluyó y no hubo nada. En
el sexto volvió a manejar el capote con soltura y a torear de rodillas
en los medios. Colocarse al hilo del pitón con la muleta retrasada ante
un toro que va a lo suyo fue un error, que pagó siendo lanzado por los
aires. Persistió en la equivocación y el peligro, que fueron pagados
con una oreja. Morante se tapó en el primero y obsequió, en unión de
su cuadrilla, con un recital de mantazos al último que, hastiado, se
echó y murió de aburrimiento. Lo mejor de Caballero ocurrió en la
tercera serie del primero, en la que unas veces lo metía en el engaño,
mientras que en otras ocasiones lo despedía.
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