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Corrida de toros
MÁLAGA
Tarde del domingo, 19 de agosto de 2001
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Guardiola, bien presentados, encastados y de juego variado. La corrida se vino arriba en la muleta. Primero y tercero fueron complicados para sus lidiadores, aunque en conjunto no fue brava en el caballo.

Diestros:

Entrada: casi lleno.

Incidencias: 

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo


El País. JUAN ORTEGA. El Cid triunfa de veras

El Cid demostró que para triunfar hay que estar muy vivo; lo contrario es una manipulación intencionada. Fue volteado casi de salida y avisado de nuevo, respondiendo con verónicas de buen calado. Lo mejor de su labor con la muleta fue su progresión. Remató bien y cortó una oreja benévola. El quinto campó por sus respetos durante el primer tercio, y provocó una batalla en el segundo. Con una claridad sorprendente, El Cid se puso a torear a la primera, perdiéndole cualquier respeto, obligándolo, citando de lejos con la muleta adelantada y pasándoselo cerquísima, después de haberse cruzado en el cite. No le dudó una sola vez y acabó con la tormenta él solo. Esta vez la oreja fue de ley.

Chicote veroniqueó valerosamente al primero, que había salido al paso y frenando se emplazó en primera instancia y luego se avecindó en chiqueros. Con la muleta, la pelea fue desigual, ganando puntos las dos partes, con caídas de la res, mucho telón y escasa sustancia. El cuarto se dolía en banderillas, buscaba el bulto y daba guerra con un cabeceo molesto propulsado por un potente motor. Allí habría hecho falta más de uno achicando agua y dulcificando asperezas. Chicote estuvo digno capeando el temporal y desgraciado con el acero.

Tras dos largas cambiadas, Martín Antequera debió defenderse en verónicas de un acoso que casi se convierte en derribo, con el toro regalando coladas por el lado derecho. Después del segundo tercio, se acabó lo de colarse, pero llegó al tercero atosigando al matador con una embestida codiciosa que terminó por apagarse, dejando patente una soterrada mansedumbre que se había empezado a delatar con un significativo berrear según pasaba. Demasiados cambios para un torero de alternativa tan reciente, que volvió a poner valor y voluntad en el sexto, si bien falló el temple, pilar fundamental para que la bravura no dicte su ley al torero.

La corrida de Guardiola tuvo casta, pero sobre todo aspereza y brusquedad, quedando la duda de si la bravura exhibida por el quinto la traía de suyo o la hizo aflorar El Cid con su toreo valiente.


El Mundo CARLOS CRIVELL. El Cid, una traca al final del ciclo

Finalizó la larga Feria de Málaga con una corrida de toros de verdad. Se han aplaudido medianías y se ha sido cicatero con el que se la ha jugado de verdad. El Cid armó ayer en Málaga un alboroto grande. Después de la gran tarde de Ponce, la del matador de Salteras ha sido la mejor de esta Feria.

Los pocos privilegiados presentes comprobaron que su decisión y temple fueron el suave elixir que animó a sus dos reses a embestir por derecho. No es que fueran mejores que las de sus compañeros, es que encontraron un torero con ganas y que torea muy bien.

Las dos faenas tuvieron el mismo patrón. A los dos toros los dobló por bajo, para enseguida ponerles la muleta por delante y taparles todo horizonte que no fuera el rojo de su franela. Muy firme, templado y valiente, fue desgranando dos obras de gran mérito. No fueron trasteos largos, pero dejó hasta cinco tandas de seis o siete muletazos ligados en cada una de ellas. La faena del quinto fue más intensa, porque ahora el torero se entretuvo en dibujar el toreo al natural con desmayo en tandas de hasta siete pases, que siempre abrochó con los de pecho y trincherillas. El toro nunca tocó la muleta. Siempre victorioso, seguro, firme y gallardo, el torero salía de la cara del toro con naturalidad.

La Malagueta se rindió a este espada que pide paso a voces para entrar en mejores carteles. Le cortó una oreja a cada Guardiola, aunque si mata al quinto las dos orejas hubieran ido a su esportón. La cruz de la moneda fue la tarde de sus compañeros Chicote y Martín Antequera. Así, Chicote desplazó de forma violenta al primero. No hubo forma de saber cómo era el toro. Sólo se podía apreciar la falta de quietud y el desplazamiento que sufría el animal al querer embestir. Así, dicho queda, los toros medianos se vuelven malos. El cuarto fue un toro muy potable. Chicote volvió a intentarlo, ahora con mejores maneras, aunque con muy pobres resultados. Mató bastante mal. Seis pinchazos y seis descabellos necesitó para liquidarlo, pero sin venir a cuento se fue a saludar al centro de la plaza, como si hubiera tenido una actuación muy lucida.

Martín Antequera le echó una enorme voluntad a la tarde. Dejó largas cambiadas en el tercero y anduvo decidido. Lo que no tiene es temple en su muleta. En los dos astados, tercero y sexto, reses normales por otra parte, el de Antequera ofreció un recital de enganchones.

 

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