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Corrida de toros
MÁLAGA
Tarde del sábado, 18 de agosto de 2001
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Marcos Nuñez, desiguales de presentación y juego

Diestros:

Entrada: casi lleno.

Incidencias: "Riverito", el peón de Pepín Liria que apuntilló al segundo, resultó herido, pasando a la enfermería con una cornada de 8 cm. en el muslo.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo


El País. JUAN ORTEGA. Todos eran valientes

El cartel original estaba formado por toros de Domecq, a lidiar por Ricardo Ortiz, José Tomás y El Juli. Hubo cambio completo de reparto y, sobre todo, cambio de argumentos, porque lo que se esperaba terminara en tarde triunfal al uso, acabó en tarde de toros con sabor antiguo, emoción y grandes dosis de valor.

Fernando Cámara utilizó bien el capote, especialmente en el segundo, al que, tras una larga cambiada de rodillas, administró unas verónicas lentas, casi dormidas. Lució en el primero la mano izquierda, con la que se fue superando en series de naturales cada vez más bajos y mejor rematados. El cuarto toro era un ejemplar salido del armario del siglo XIX: de 621 kilos de peso y tocado con un par de pitones de los que hacen vacilar el ánimo mejor templado. Arruinó la carpintería de la plaza y lo que quedó por destrozar se lo cargaron sus dos hermanos siguientes. Pero tuvo poca fuerza, lo que no quiere decir poco poder y Cámara se fajó con él desde el principio, aguantando parones en el centro de la suerte. Nada que oponer a un trabajo torero auténtico.

Igualmente espectacular el quinto, si bien con menos pitones, pero con más fuerzas, nada picado, derribó en la única entrada, difícil en banderillas y aculado en tablas; nos dio ocasión de ver a Pepín Liria de rodillas, aguantando una peligrosa embestida cruzada y dando una lección de toreo antiguo y moderno, en una faena breve, conocedora de los terrenos, valiente y honrada. No hubo toro colaborador ni se alcanzaron cotas de recreo artístico, pero en todo momento tuvo lugar una lucha viril y honrada.

Juan de Pura recibió al sexto con una apretadísima larga cambiada de rodillas y confirmó en unas buenas verónicas las posibilidades exhibidas en el tercero, que, aquejado de una pronta disnea, se echó en mitad de la faena. El último se fue quedando y aprendía: el torero también se quedaba quieto y veía cómo los pitones le rozaban por la derecha y lo medían estremecedoramente por la izquierda. Aceptó el envite, demostrando que lo poco que lleva toreado no fue obstáculo para una labor en la que deberían fijarse los empresarios.


El Mundo CARLOS CRIVELL. Liria, vencedor en otra tarde de infarto

Del cartel primitivo no quedó ningún matador. La terna era muy distinta a la primitiva, tanto en situación en el escalafón como en emolumentos. Sin embargo, La Malagueta se cubrió en sus tres cuartas partes. La empresa ganó dinero en esta corrida. Lo que son las cosas.

Hay toreros que tienen la negra, ya en los lotes, ya en el tratamiento que reciben por parte de las presidencias. Es el caso de Pepín Liria. El primero de la tarde había sido un toro bondadoso. El segundo no se cansó de tirar gañafones a diestro y siniestro en su intención de cazar algo. Y lo cazó al final. Cuando el banderillero Riverito intentaba apuntillarlo, lanzó un derrote y le metió el pitón al subalterno en la pantorrilla. Una cornada tremenda y que le destrozó la rodilla.

Ese toro había sido la piedra de toque para volver a presenciar toda la épica capaz de poner en práctica un torero como el murciano. Le plantó cara con la muleta en la mano para lograr una faena emotiva. Era imposible el detalle lucido, pero no faltó la entrega, el valor consciente para pisar los terrenos imposibles y extraer de semejante astado un partido insospechado. Pero le quebada otro regalito en los chiqueros. Con gran decisión se puso de rodillas y le cuajó una tanda de valor espartano. Ya erguido, aprovechó las embestidas del manso para componer otra labor emocionante, de las que los públicos reciben con el corazón encogido porque no esperaban tanta entrega ni tanto valor. Algunos muletazos por la derecha tuvieron incluso buen gusto. Hasta lo intentó por la izquierda. La plaza estaba sobrecogida. Se pidieron dos orejas y sólo le dieron un trofeo.

Estas cosas de las orejas y los presidentes tendrían menos importancia si hubiera criterios mantenidos. En Málaga hay un presidente fácil y otro más exigente. El de ayer, que parece bueno, es el exigente. Lo malo es que ha cometido errores incomprensibles en la feria, entre ellos la negativa de la segunda oreja para un torero tan de verdad como Pepín Liria.

Fernando Cámara se llevó los mejores toros de la tarde. Toreó con buena clase de capa y compuso una faena de buenos conceptos y pasajes muy logrados, aunque algo por debajo de lo que merecía el astado. La oreja fue de poca fuerza. El cuarto necesitaba mano baja en la muleta. Cámara volvió a dejar pases sueltos de buena factura, siempre a media altura y dejando la muleta retrasada, pero no acabó de entender al astado.

Juan de Pura dibujó dos verónicas enormes en el tercero. Este torero ejecuta el lance con gran pureza. Su toreo no era posible con su enfermo primero. En el sexto de nuevo toreó con el capote de forma primorosa en un quite. Hay que ver más a este torero, aunque sólo sea por su forma de lancear a la verónica.

 

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