GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del Domingo, 15 de mayo de 2005
Crónicas del festejo

Cesar Jiménez confirmó su alternativa.

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería:  1 toro de Joselito, 3 de Enrique Martín Arranz y 2 de Sorando. Mal presentados, excepto el 6º, mansos, inválidos y descastados.

Diestros:

  • El JuliPinchazo y estocada (palmas); estocada (silencio).
  • César Jiménez, que confirmó la alternativa. Estocada -aviso- (ovación); casi entera (silencio).
  • Matías TejelaMetisaca, pinchazo y estocada baja (silencio); estocada (silencio).

Preside: M. Muñoz Infante.

Entrada: Lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC.


El País. ANTONIO LORCA. Madrid no manda.

Eso de que Madrid es Madrid como argumento de autoridad es una 
auténtica falacia. Madrid no manda; en esta fiesta mandan los taurinos, los más refinados y furibundos enemigos de este espectáculo, con el que acabarán más pronto que tarde como Dios no ponga remedio. De lo contrario, no se entiende lo ocurrido ayer en la plaza de las Ventas. Sencillamente, incomprensible. Basta que se anuncie una figura para que 
todo se convierta en una burda caricatura. Basta que haga el paseíllo El Juli, por ejemplo, para que en lugar de toros salgan becerros sin cabeza, sin hechuras ni casta; animalitos impresentables con los que hacer el más espantoso de los ridículos.

Cualquiera puede pensar que el prestigio de figura hace perder la chaveta, que es un error venir a Madrid en estas deplorables condiciones. Pues va a ser que no. Son listos estos taurinos y conocen bien a los espectadores. Vencida y desaparecida la afición, sólo queda un aluvión de indocumentados que aplaude como toreo excelso la vulgaridad más espantosa. A estas alturas, ni el temido tendido 7 hace honor a su fama y traga cualquier corderito degollado, el más descarado de los fraudes.

Así se consumó el desastre. Influyen estos taurinos para que la autoridad acepte como toros a novilletes impresentables, inválidos y descastados. Las figuras bailan al son que les tocan, dan miles y miles de pases, no torean nada, ridiculizan a la propia fiesta y salen de la plaza sin merma alguna en su vitola de maestros que pasearán ufanos por toda la geografía taurina, plagada de más indocumentados e ingenuos espectadores.

Pasan por Madrid, otrora primera plaza del mundo, de rositas estas modernas figuras de hoy, sin que vean alterado su prestigio ni su cotización económica a pesar del flagrante engaño. ¿Quién manda? Los taurinos, sin duda, que imponen sus malévolos criterios a quienes pasan por taquilla y, de camino, los hacen ricos.

Por cierto, Joselito y Martín Arranz podrían cambiar de ocupación. Como ganaderos, cero patatero. No es de recibo venir a Las Ventas con materia tan impresentable. Ni siquiera pudieron completar la corrida. Un respeto, señores ganaderos, un respeto para Madrid de quienes tanto defendieron su propia dignidad cuando ejercían como matador y apoderado.

¿Y los toreros? El Juli parece claro que pasa de Madrid, lo que dice muy poco de él y de sus mentores. No se entiende, por otra parte, que Jiménez confirme la alternativa con estos novilletes a los tres años de su doctorado. Y Tejela, triunfador del pasado año, se apuntó al carro de lo fácil y en el pecado llevó la penitencia.

Inédito, y con más pena que gloria pasó El Juli por Las Ventas. No tuvo toros, sino novillos a los que dio cientos de pases insulsos y vulgares. Ni un capotazo, ni un muletazo de la más mínima calidad. Lamentable el sentido de la responsabilidad de esta figura. Flaco favor le hizo Joselito a su mentor Jiménez, un chaval cargado de ilusiones 
que se estrelló ante un lote descastado e inválido. Estuvo Jiménez, pero no se le vio. Estaba toreando, es un decir, Matías Tejela a su primero y la gente comentaba en el tendido las últimas noticias futbolísticas, mucho más interesantes que la labor del madrileño. Muy desconfiado se mostró ante el reservón sexto en actitud impropia de un triunfador.

Se aburrió el público, pero aplaudió con frecuencia. Éste es el triunfo de los taurinos: pasaron por caja y volaron hacia otra plaza. Madrid ya es historia, porque Madrid no manda; mandan ellos.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Así no se viene a Madrid.

No hay Plataforma de Defensa de la Fiesta que valga cuando los propios taurinos se encargan de dinamitarla. La rumorología anunciaba desde tiempo ha que la corrida de Joselito, apoderado de César Jiménez, no servía. Los rumores siempre se ponen en cuarentena. Porque en este caso, además, costaba creerse que Jiménez y sus huestes, tras dos años de no pisar Madrid, se atreverían a cometer semejante torpeza y falta de respeto en el día de su confirmación. Porque nadie podía pensar que El Juli, a quien en Las Ventas le cuesta un mundo entrar, se iba a dejar camelar y a ponerse a los pies de los caballos. Porque Tejela... Yo qué sé Tejela también qué pintaba en todo el entramado, quizá el que menos. Porque al final, para no dar pábulo a las lenguas malintencionadas, uno confía ingenuamente en la Autoridad, que no aprobó unos cuantos pero debió desestimar otros cuantos. Y porque la nueva empresa, que se supone domina el campo con tropecientos veedores, fracasó también con estrépito en fecha tan señalada. Veedores por aquí, veedores por allá, veedores de unos, veedores de otros, y como remiendo cuelan dos galafates contrahechos de Sorando, otro Sorando que no es Román. Vaya bluf de equipos técnicos.

Efectiva y desgraciadamente los rumores se convirtieron en noticia. Así, señores, no se viene a Madrid. Así, con semejante escalera, con toritos de cara lavada o, directamente, sin cara. Ni poder, ni fuerza ni casta dentro de envase tan rácano.

César Jiménez confirmó con uno más aparente de cuerna y kilos, aceptable simplemente. Y lo que confirmó Jiménez en Madrid es que no pasa de ser un torero del montón por muy líder que haya sido en un par de temporadas. Un torero mediocre tirando a malo. Porque en este toro, mansurrón, noble, medio rajado y descolgado, planteó una faena sin estructura. En los medios, presentó pronto la izquierda y en lugar de coserlo en la muleta tiraba naturales cortos, tan cortos y violentos que la embestida seguía trastabillada, despedida y escupida más allá del trallazo. Cada uno por un lado. En los derechazos a «pasa toro», sin prenderlo en los vuelos, logró lo más limpio e interesante para el público, que admiraba la composición ajoselitada de su figura, riñones hundidos y barriguita para fuera. Después, ya con el animal en son de paz y tablas, pero todavía con jugo, se repitieron los enganchones. Hasta que de tanto repetirse surgió el desarme. Los isidros tragaron con todo, incluso con la estocada desprendida y lo sacaron al tercio. En el aviso se precipitó la presidencia, con la espada ya hundida y la muerte cantada.

Los isidros tragaron

Los isidros tragaron, pero César Jiménez no le tragó ni uno al remiendo de Sorando, sin cuello y con dos leños, inútil para humillar y no sin guasa. Sin entrega, al hilo y poco o nada dispuesto, Jiménez.

En esa escasa disposición se le vio también a Matías Tejela con el galafate último, también de Sorando, avisado y con sentido. En la primera oleada, Tejela resopló, miró al tendido y tomó la calle de enmedio. No había transmitido el anovillado tercero, de tan pajuno bobo. Y M.T. muleteó mecánico, sin poner el alma de la que carecía el ¿enemigo? Un enemigo es otra cosa. El otro de su lote, por ejemplo. Plano y lineal, el último triunfador de San Isidro, tan sólo más en son con la moneda de oro de su izquierda. Sólo un poco mejor. Muy poco. Para olvidar el metisaca y el uso de la espada.

Impresentable bicho

El Juli pinchó de partida al anunciarse con este saldo de corrida. Y aunque luego estuvo muy centrado con el castaño torete -impresentable bicho- no remontó el ambiente hostil. Pero, hombre, si usted ya lo tiene aquí fastidiado para calar y se encuentra en el momento de mayor madurez de su carrera, ¿cómo se apunta con algo que todavía va a encrespar más los ánimos? Erróneo el planteamiento de pitón a rabo, aunque a mí El Juli fue, aun con este engendro, lo que más me gustó, sin arrebatos. Bajó mucho la mano, exprimió más de lo que había y en las rayas abrochó faena con un trío de naturales cumbres, al margen de la ligazón y la concentración para ausentarse de tanto griterío.

En el cuarto, un toro regordío -de hecho se tapaba más por su envergadura que por la seriedad de su acapachada cabeza-, se contagió Juli de la falta de clase del animal, carente de calidad y de un tranco, cada minuto a menos. Vulgarota labor resuelta de un espadazo en el estilo que patenta.

El error de los señores del toreo lo pagan los aficionados y, en última instancia, la Fiesta. Y al final ya podemos organizar trescientas cincuenta plataformas y doscientas fundaciones, que si en el ruedo se suman las irresponsabilidades premeditadas...

 

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