GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

21ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del sábado, 31 de mayo de 2003
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Julio de la Puerta, correctos de presentación, mansos y manejables.

Diestros: 

  • Leonardo Hernández, rejón muy trasero y bajo y rejón en lo alto (silencio); rejón en lo alto (petición y vuelta).
  • Andy Cartagena, bajonazo (oreja); dos pinchazos y rejón bajo (petición y vuelta). 
  • Diego Ventura, metisaca (silencio); dos pinchazos y el toro se echa (palmas).

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla.


El País. Antonio Lorca. Coleccionistas de aplausos

Los rejoneadores son coleccionistas de aplausos. Quizá, es que no les quede más remedio ante el público variopinto y veleidoso que se emociona más con las piruetas de las cabalgaduras que con el verdadero toreo a caballo. Pero, ciertamente, los rejoneadores abusan del desmedido afán aplaudidor de sus admiradores. Finalizado el paseíllo, la terna se marca una vuelta al ruedo en la que la gente se rompe las manos batiendo palmas. Seguidamente, los tres ensayan unas cabriolas muy sosas en el centro del ruedo y les falta tiempo para solicitar cerradas ovaciones. Sale el primer espada del cartel y lo primero que hace es colocarse en el centro del anillo, quitarse el sombrero y saludar afectuosamente a la afición que le responde de forma unánime y atronadora. Todavía no ha salido el toro y más de uno ha sido ya atendido por la Cruz Roja de un síndrome palmero. La petición de aplauso se repite antes de cada banderilla, que los rejoneadores brindan a distintas zonas del tendido, y la emoción se desborda después de cada encuentro con el toro, momento en que el espada levanta los brazos, espolea al caballo y sale en estampida hacia el lado contrario mientras la plaza estalla en una encendida ovación.

La secuencia acaba felizmente o no. Por ejemplo, una actuación medida y templada como la de Hernández en su primero se redujo al silencio por un error en el primer rejón de muerte. Hernández puso un par de banderillas a dos manos de perfecta ejecución, pero de nada le sirvió para que el público le aplaudiese al final de su buena labor. Andy Cartagena, por el contrario, clavó casi siempre a la grupa, pero supo encandilar templando a dos bandas y con espectaculares vueltas del caballo en la cara del toro. Tanto es así, que a pesar del bajonazo que propinó a su primero le concedieron una oreja. Mal sin paliativos estuvo Ventura, muy acelerado, con demasiadas pasadas en falso y clavando siempre a la grupa.

Al salir el cuarto, la tormenta dijo aquí estoy y llovió de lo lindo, lo que deslució el espectáculo porque los aplausos sufrieron una drástica reducción. Hernández luchó contra los elementos y el desorden que provocan los espectadores en su huida de la lluvia. Colocó dos soberbios pares de banderillas a dos manos y mató de un rejón en todo lo alto, pero el presidente le negó la oreja que la mayoría solicitaba. Se lució Cartagena en una actuación desbordante de espectacularidad, basada en las cabriolas de sus caballos y en las banderillas largas y cortas al violín de deficiente colocación. Mejoró su actuación en banderillas Diego Ventura en el último, aunque volvió a fallar con los rejones de castigo y, en esta ocasión, con las rosas, pasó en falso en repetidas ocasiones y clavó siempre al contrario de como mandan los cánones. También el público -empapado hasta los huesos- aplaudió. Pero menos, ésa es la verdad.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Cartagena deleita en faena grande

La lluvia, que irrumpió a mitad del festejo, y un palco duro, no habitual en los espectáculos de rejoneo, encarecieron los trofeos en una tarde que tuvo a Andy Cartagena como triunfador inequívoco y en la que también brilló por momentos Leonardo Hernández. El alicantino estuvo a punto de abrir la Puerta Grande, con una gran faena al quinto. El desacierto en la suerte suprema le privó de ello. Arrasó con el incierto segundo. Ganó una oreja en gran medida gracias a Esfuerzo, un tordo oscuro, de sangre árabe, muy torero y de una elasticidad fantástica. Toreo de frente, metido en la misma cara del toro, con piruetas arrebatadoras. Dos puntos negros: un par de tropiezos, de sustos, en los que el toro alcanzó a sus cabalgaduras, y la mala colocación del rejón de muerte, caído. También en banderillas descolló en un par a dos manos.

Con el quinto, un toro con clase, el mejor del encierro, deleitó con una faena muy completa, sin tiempos muertos, en la que conjugó el temple con algunos alardes de espectacularidad. La inició con dos eficaces rejones para ahormar al toro. En banderillas dejó boquiabierto al respetable con dos quiebros espectaculares, clavando al violín. Con el precioso Quito alcanzó la cota artística más importante del festejo. Un quiebro en los medios fue deslumbrante. Todavía mejor estuvo en otro en el que atravesó diametralmente la plaza y al llegar junto a tablas, donde estaba el toro, clavó en lo alto. En su línea espectacular prendió banderillas cortas, la segunda de ellas al violín. La plaza era un clamor. Cartagena tenía abierta la Puerta Grande. Pero la perdió al fallar con los aceros. A pesar de la petición de oreja, el presidente se negó a la concesión. El premio quedó en una merecida vuelta al ruedo.

Leonardo Hernández completó una actuación discreta. No lo tuvo fácil con el que abrió plaza, un toro tardo, parado y que apretaba para los adentros. Realizó una faena lidiadora interesante, pero embadurnada por demasiados tropiezos de las cabalgaduras. Con Bucaré, tres rejones porque el primero no se partió. En banderillas, Quieto sufrió un tropezón en una pirueta, además de otro toque. Lo mejor lo consiguió en un par a dos manos, de poder a poder, a lomos de Macareno. Con el manejable cuarto, faena a más. Anduvo desigual a la hora de clavar en el primer tercio. Mejoró en banderillas, montando a Lorca, clavando de manera espectacular al quiebro o en dos pares a dos manos. Acertó en el rejón de muerte a la primera y dio una merecida vuelta al ruedo.

Diego Ventura, que derrochó pundonor, se marchó en blanco. En su primero, acusó demasiados desaciertos en el tercio de rejones. Desigual en banderillas, cosechó palmas con Bambi, en toreo a dos pistas. Una banderilla en corto fue francamente buena. Prendió un par de rosas a dos manos, por los adentros, muy meritorio. El toro cayó tras un metisaca, como si lo hubiera descordado. En el sexto, manejable, cumplió en correcta lidia, con acierto a la hora de clavar en banderillas. Perdió las manos el toro mediada la faena tras meterle el capote un auxiliar. A partir de ahí la repercusión de lo sucedido en el ruedo fue menor.