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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del viernes, 10 de octubre de de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Julio
de la Puerta, desigualmente presentados, mansos, de juego irregular;
los tres primeros muy terciados.
Diestros:
- Rui Fernandes, rejón trasero y rejón (palmas); rejón en su
sitio (oreja).
- Sergio Galán,
rejón trasero y bajo (palmas); rejón trasero y caído (oreja).
- Álvaro Montes,
rejón trasero (palmas); rejón muy efectivo (oreja).
Entrada: tres cuartos de entrada
Crónicas de la prensa: El
País, ABC
El País.
MA. CUADRADO. Los caballeros entretuvieron en
la segunda parte
En la cuarta de la Feria de Otoño llegó el toreo a caballo. Como es
costumbre adquirida desde hace unos pocos de años. Un paréntesis que
muchos aficionados aprovechan para ir al cine o estar en familia. Algo
que se notó en los tendidos, que lucieron claros significativos. Y
aquellos que acudieron a Las Ventas, en definitiva público amable el de
las corridas de rejoneo, pudieron contemplar un festejo que tuvo dos
partes bien diferenciadas. Una primera que resultó aburrida hasta para
el palo de la bandera, y una segunda en la que los caballeros
rejoneadores entretuvieron con sus cabriolas, suertes varias y un toreo
templado a trechos, reunido algunas veces.
Buena parte de la culpa de que el festejo no fuera de buen tono,
vistoso e incluso almibarado de aplausos, como suele ocurrir en estos
fastos, la tuvieron los toros de Julio de la Puerta, que llegaron a
alardear de mansedumbre, si es que se puede lucir con orgullo tal estado
de ánimo perfectamente animal. Todos los toros salieron manseando de
toriles y no respondieron al castigo como es de recibo en toros de
casta. Fueron distraídos y carecieron de codicia.
El rejoneador portugués Rui Fernandes bailó con donosura el caballo
antes de prender banderillas a una mano, para acertar una al quiebro y
en lo alto, que sería lo más logrado de toda su lidia. En el cuarto
clavó dos banderillas de buen acierto y tino, por delante del estribo,
de manera sobria, templado en el encuentro, que los tendidos le
aplaudieron con timidez. Estuvo breve con las banderillas cortas, y se
ganó una oreja por un rejón de muerte muy efectivo que realizó con
prontitud.
Álvaro Montes, que luce un corte campero de porte elegante, intentó
parar de salida a su primero, al amparo de la garrocha de añejo
abolengo, algo que hizo a medias por mor del manso que escarbaba y se
dolía en los rejones de castigo. En banderillas a una mano fue a más,
y echó a perder lo ganado con un rejón final por los bajos. En su
segundo estuvo espectacular y clásico, ambas cosas bien mezcladas. Lució
la cabalgadura, entre el regocijo popular, al ponerla varias veces a dos
manos. Y llegó a clavar varias rosas en la suerte del violín, que
tanto parece gustar.
Sergio Galán, en su primero se fue calentando y clavó banderillas a
dos manos con ajuste, el segundo par de cortas y por dentro al hilo de
las tablas. En el sexto comenzó nervioso, y amagó en falso dos veces
con las banderillas. Pero enderezó su actuación con el precioso Cisneros,
alazán oscuro, al ganarle la cara al toro de frente por dos veces, y
prender con fuerza y sabor.
ABC. SUAREZ GUANES. A
oreja por montura tocaron los caballeros
El festejo de rejones de la Feria de Otoño
ofreció un mayor lucimiento a la hora de torear a caballo -algunas
veces por los caminos de las espectacularidades- que a la hora de clavar
en lugar certero o de una forma ortodoxa. Un público festivo premió la
gran voluntad y los deseos de los tres caballeros en plaza con una
corrida cobardona.
El toro que abrió plaza resultó distraído desde su salida. Rui
Fernándes lo supo encelar y hacerse con él a la manera lusa, logrando
salvar su tendencia a la huida. Sólo clavó una vez al estribo, pero
sus cabriolas llegaron mucho al público. Al matar en segunda instancia
se disipó un mejor premio.
Supo, otra vez, sacar a su rival de su querencia a los tableros en su
segundo turno. Se empleó como consumado caballista en las tareas de
preparación, pero la colocación fue harina de otro costal. Dos
perfectos quiebros y un rejonazo fulminante dieron pie a un trofeo.
Álvaro Montes esperó a portagayola, garrocha en mano, como hacían
Salvador Guardiola y Javier Buendía. Cumplió con los rejoncillos
previos y con los palos supo atemperar las embestidas del burel. Tras
alguna pasada en falso colocó un palo en las mismas péndolas. Quiebro
preciso, violín lucido y carrusel de cortas precedieron a un rejón
final caído. Sí cortó la oreja en el quinto, con el que pasó borroso
con los hierros, pero al que toreó con garbo con la chaquetilla en
mano. Se pasó de tonos espectaculares. De todos modos, algunos palos le
salieron redondos y perfectas las piruetas. Se pasó en la reiteración
de la faena, pero el acierto del rejón postrero dio una oreja.
Sergio Galán, que logró la actuación más redonda, tuvo que luchar
con la mayor tendencia distraída del deslucido conjunto. A base de
llegar mucho a la res, logró momentos favorables. Bien toreando en el
sexto, aunque con bastantes fallos a la hora de colocar las banderillas.
Ciertas pasadas en falso se convirtieron en un final realmente
conseguido, con banderillas suaves y templadas y un perfecto toreo
sombrero en mano. Se lució en tres rosas consecutivas y logró un muy
pedido y justo trofeo.
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