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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 4 de agosto de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Hernández
Plá, flojos y deslucidos
Diestros:
Entrada: un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País
El País.
MIGUEL ANGEL CUADRADO. La torería según
Frascuelo
Por segundo domingo consecutivo, un torero nacido en Madrid y al que
llaman Frascuelo, un respeto, dictó lección de torería para quien
quisiera aprender y a la vez deleitarse. Ante unos toros nada fáciles,
que rehúyen las denominadas figuras del toreo. Toros que desarrollaron
casta con muchos matices, para pedir en todo momento las acreditaciones
de matador de toros. Que pelearon desigualmente en el caballo y después
embistieron o se pusieron a cantar por peteneras, pero con el eco su
aquel de rabioso
Sacaron al maestro Frascuelo a saludar cuando se deshizo el paseíllo,
y él a su vez invitó a sus compañeros de cartel, como es preceptivo.
Y después, el torero de rancio abolengo correspondió con un toreo de
capa, en el saludo a su primero, impregnado de arte, señorío y
cadencia. Tres verónicas por cada pitón puras, el vuelo alado,
abrochadas con una media arrebujá. En la faena de muleta, a
continuación, derrochó esencias. Naturales y redondos muy templados.
No hubo series ligadas, más sí trasteo consustancial. La clase, ni se
compra ni se vende.
En su segundo, un toro de genio que echaba arriba la cara al
finalizar el lance, Frascuelo, sin descomponerse, lo pasó por ambos
pitones en el último tercio y se lo quitó de en medio con brevedad y
prestancia. El Andujano había puesto un brillante par de banderillas.
Miguel Martín banderilleó a sus dos toros con poderío y facilidad,
valiente y enterado. A su primero, noble, le hizo una faena compuesta,
sin estridencias, amoldada a las condiciones de la res. En el quinto, un
cárdeno picajoso, que no le dejó estirarse demasiado, realizó un
meritorio trasteo por el lado izquierdo.
Curro Vivas, en el toro de su confirmación se mostró seguro,
valeroso, quiso ser y lo fue, sobre todo en una faena de muleta
asentada, en la que aguantó parones y miradas, y dio muletazos más que
meritorios. Rubricó con una buena estocada su actuación, como hiciera
en el sexto, un rajado burel mirón, que despenó de certero, torero
estoconazo.
Al final, por la calle de Alcalá, créanme, el personal iba toreando
a la verónica, la cintura un roto compás fundido en plata, las palmas
de las manos música celestial. Olé Frascuelo.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Ser,
estar y andar en toreo
Frascuelo es, está y anda en torero. Llena la plaza, toreando hasta
sin torear. En el cite, en el paso, en la colocación. Se cree y se
siente torero, y lo transmite. Desprende torería, un sabor añejo. En
él hay muchas cosas del Antoñete reaparecido de los ochenta. O al
menos nos las recuerda en pasajes, en el manejo de las distancias, en
detalles. Aquel Chenel, pletórico de valor y sitio, irrepetible.
Muy decidido y genuflexo paró al precioso y armónico segundo de la
tarde, el más bello y mejor de toda la desigual corrida de Hernández
Pla, que no se definió. El gas inicial sirvió para que Frascuelo
trazara verónicas señeras, señoras verónicas por el pitón derecho,
y una media con sabor pero con tralla en la ejecución. A medida que
transcurrió la lidia, perdió ese empuje del principio el claro
santacoloma, no la nobleza, situación ideal para estar a gusto y
desahogado. Las dobladas preliminares y un pase de la firma supieron a
gloria. Planteó la faena sobre la raya del tercio, sobre la mano
diestra. Una serie suave, a media altura; otra con un par de derechazos
despatarrado, que carecieron de continuidad porque se frenó el toro, lo
que provocó un trincherazo espléndido para salir airoso. La izquierda
sonsacó naturales de uno en uno. El abaniqueo final y una estocada
arriba prendieron la mecha de la recompensa: una oreja que preamiaba ese
ser, estar y andar en torero por encima de la conjunción maciza de la
obra. En Madrid se quiere a Frascuelo.
El cuarto echó las manos por delante y se frenó en el capote. Manseó
en el caballo y huyó del peto. El Andujano estuvo sensacional en el
segundo par de banderillas, asomándose al balcón de veras. Sorprendió
la acometividad arrolladora del astado al propio torero, que no evitó
algunos enganchones. Después encontró más el temple en tres
derechazos de mérito, y luego resolvió con recursos y habilidad,
siempre sin perder la compostura. Breve con la espada, se le despidió
con la misma ovación con que fue recibido.
Curro Vivas confirmó la alternativa con más que dignidad. Se mostró
firme y seguro con el bizco y vareado toro que abrió plaza, que se metía
mucho por el pitón derecho, aunque se dejó hacer. Aguantó bien un parón
y apuró a izquierdas, por donde el animal se quedaba más cortito. En
el sexto cogió los palos, con fortuna en los dos primeros pares y con
desacierto en los siguientes. Le faltó material, que topaba y se
paraba, y acabó con una recia estocada en todo lo alto.
Miguel Martín buscó el camino del éxito con valentía con el
ensabanado, flojito, avacado y astifino tercero, un feo que se tapaba
por la capa. Banderilleó al cuarteo en dos ocasiones y en un par
arriesgadísimo por los adentros. Prologó faena de rodillas y se
mantuvo en su sitio aun cuando le buscaron las pantorrillas las afiladas
astas.
Martín clavó muy reunido en el quinto y cortó demasiado los viajes
en los comienzos del último tercio. Se confió poco a poco y obtuvo
algunos muletazos tan elogiables como censurable fue el sartenazo
mortal.
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