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22ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del sábado, 1 de junio de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Festejo de rejones
Ganadería: Toros de Julio de la
Puerta,
de juego desigual.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, Diario de Sevilla, ABC.
El País.
Antonio Lorca. Muy
bonitos los caballos
Los caballos, muy flamencos, con sus colores vistosos, valientes,
toreros, artistas. Muy bonitos. Y los rejoneadores, oscuros, vulgares,
imprecisos y pesados. Y como éstos mandan sobre aquéllos, el espectáculo
resultó tedioso, cansino y aburrido hasta lo insoportable. Un petardo
en toda regla protagonizaron ayer los tres caballeros.
Sólo la benevolencia y el desconocimiento del público impiden que
un festejo como éste acabe como el rosario de la aurora. Ayer, el único
que estuvo en su sitio fue el presidente, que no concedió trofeos no
solicitados mayoritariamente y evitó que el supuesto prestigio de la
plaza se arrastrara por los suelos.
'No nos agües la fiesta, presidente, que es sábado', se lamentaba
una admiradora. 'Los de provincias somos más generosos', añadía su
acompañante. Y el presidente, que a lo mejor nació en Cangas de Onís,
que nones.
Las broncas que recibió debieron tener como destinatarios los
rejoneadores. Porque ni uno de los tres clavó al estribo, como debe
ser, sino a la grupa, a toro pasado. Los tres, muy imprecisos, e
incansables a la hora de dar vueltas y vueltas. Especialmente mal estuvo
Luis Domecq, que volvía después del atentado sufrido por sus caballos,
lo que no justifica en modo alguno una actuación tan desafortunada e
impropia de su acreditada técnica. Falló en rejones y banderillas y
pasó en falso hasta la desesperación.
Más espectacular Andy Cartagena, que se justificó con las
banderillas al violín y su torería al templar a dos bandas. Por lo demás,
cansino y vulgar.
Y Sergio Galán se dejó tocar mucho las cabalgaduras; corrió, corrió
y corrió; falló y falló; puso bien algunas banderillas al quiebro y
mató muy mal.
Quede claro: ni uno clavó al estribo. Ni uno toreó como mandan los
cánones. Y las broncas, al presidente. Ay, este público...
Diario de Sevilla.
BARQUERITO. Andy Cartagena se consagra como
grande sin cortar orejas
Andy Cartagena toreó mejor que nunca en Madrid. Sólo
el desacierto con la espada le privó de un triunfo sonado. Una tarde de
consagración.
De menos a más la faena de Luis Domecq con un primer toro
espectacular por su brío y su galope. Toro despabilado ya de salida.
Tan pronto, agresivo y codicioso que Luis tuvo que ponerle hasta tres
rejones de castigo. Toreo del serio en banderillas. Sin adornos ni
carreras, con la sola verdad de los embroques ajustados y las clavadas
arriba, en los medios y al estribo. Luego, a dos manos, montado en
Lince, el caballo más lucido de su cuadra, Luis calentó. El toro, tan
exigente por bravo, rodó sin puntilla y Luis se adornó pie a tierra en
desplantes singulares.
Reservón, sin fijeza y muy incierto, el cuarto toro fue, para el
toreo a caballo, un saco de problemas. No todos lo percibieron. Luis
Domecq marró mucho con los rejones de castigo y en banderillas, dejó
que toreara mucho la gente de a pie, se puso prudente con sus caballos
nuevos y evitó cualquier compromiso.
El primero de los dos toros de Andy Cartagena se dolió en los
rejones de castigo, buscó tablas a la carrera, se distrajo y estuvo en
un tris de aconcharse. Noble, pero tardo y reservón no fue fácil de
torear. Ni clavarle ni sacarlo de querencia, pero Andy resolvió con
notable madurez, nuchos recursos y torería de fondo. Toreando con la
bandera en el primer tercio, llegándole mucho en su terreno, apostando
con paciencia y arriesgando. Faena de torero bueno. Le respondió como
un reloj la cuadra: templado el tordo Brujo de salida; pródigo en
piruetas y violines, espectacular en banderillas Guitarra, que es la
joya de la cuadra; valentísimo el bayo Quito en los ataques de caras y
al pitón contrario. El rejón de muerte cayó muy bajo.
De esta versión de torero de fondo de Andy hubo nueva edición
magnificada en el quinto, que, aunque no llegó a meter abajo la cara
nunca, sí se empleó. Toro hecho, desengañado y templado por Andy.
Faena muy redonda. Por la elección de terrenos y distancias, por la
manera de cambiar e improvisar sobre la marcha, por la variedad de aires
y suertes. Y con tres caballos en acción sumamente valerosos: el anglo
francés François, el tordo Esfuerzo en tarde espléndida y el lusitano
Galopea, con el que clavó a dos manos unas banderillas sensacionales.
Con la plaza volcada, el rejón de muerte no entró hasta el tercer
viaje. Voló el premio. Quedará el recuerdo de la faena, la mejor de la
feria.
El tercero de corrida fue bravo y en el tercio de castigo le pesó
mucho a Sergio Galán, que montó a un muy hermoso tordo árabe de
nombre Arabesco. Errores de clavada que, sin embargo, no contaron. En
banderillas, y con el bayo Montoliu, Galán le encontró al toro poco a
poco el aire y el sitio. De menos a más en todo. Prometedor.
Mucho más seguro delante del sexto, gigantesco toro de Flores
Tassara, que midió mucho y pegó al principio arreones. Con el tordo
Pedrés y en banderillas, Sergio se la jugó, corrió demasiados
riesgos. Y con el castaño Cisneros logró, cerrando faena de menos a más,
cosas brillantes: cites en aires, embroques ceñidos, clavadas arriba y
al estribo, salidas templadas.
ABC. JOSÉ LUIS
SUÁREZ-GUANES.
Sergio Galán, sin trofeos, demostró que
es más que una promesa
La tercera corrida de rejones de la Feria tuvo
dos partes: una primera, que fue hasta lucida, a pesar de que no se dio
ninguna vuelta al ruedo, y otra segunda, bastante más desigual, pero en
la que también vimos cosas interesantes. Tanto a Luis Domecq, como a
Andy Cartagena, como a Sergio Galán les pidieron la oreja de sus
respectivos primeros toros con mayor o menor intensidad. Una intensidad
que fue de la minoritaria al mayor de los Domecq a la casi mayoritaria
del último Cartagena, hasta llegar a la de Galán, que creo que rozó
la mayoría.
Si analizamos toro por toro, veremos que Luis Domecq no empezó con
buen pie, pues vio cómo su primer rejoncillo se cayó al suelo.
Colocó, después, uno en lo alto -salió toreando con la bandera- y
preparó el tercero, toreando en círculo, pero la colocación salió un
punto trasera. En banderillas no se terminó de encontrar del todo hasta
el tercer par puesto en su sitio. Antes se sucedieron colocaciones
laterales y traseras y la ventaja de clavar a la grupa, que es como
torear a toro pasado. No se acopló en un par a dos manos, colocó una
corta arriba y sobrevino un rejón mortal trasero con el resultado que
ya hemos dicho. Como después salían sus compañeros, en sus primeros
toros, no puso ningún afán en dar la vuelta.
Andy Cartagena colocó un primer hierro arriba e intentó someter a
su rival, que se iba de jurisdicción debido a su tendencia a tablas. A
base de torear con el costado de la montura, pudo encauzar la embestida
y clavó francamente bien desde los adentros. Continuó con cabriolas y,
así, llegó la segunda banderilla. Con el violín llegaron las
ovaciones. Sacó un precioso caballo bayo y con él intentó sacar a su
rival de la querencia. Quebró en la misma cara por dos veces y llegaron
las cortas -una de ellas por dentro y otra fallida al violín-, sin que
se interrumpiesen las ovaciones. A pesar de la desigualdad, fue una
labor digna de tener en cuenta.
«Montoliu»
Sergio Galán empezó su primera labor toreando en círculo
para enseñar el buen camino a su antagonista. No brilló excesivamente
en los hierros previos, pero sí en las banderillas, especialmente con
el bayo «Montoliu». Le vimos muy en la línea de Hermoso de Mendoza.
Intercaló alguna pasada en falso con algún quiebro arriesgadísimo, en
el que la montura se salvó de milagro. Toreó, de verdad, desde el
caballo y el último tramo de la faena resultó triunfal. Pienso que fue
una cabezonería, al igual que hicieron sus compañeros -y, sobre todo,
Cartagena-, el no querer recorrer el anillo.
La segunda parte ya fue otra cosa. Simplemente cumplió Luis Domecq,
en una labor con peros. Bien, pero con lagunas, Cartagena, que se
desquitó al dar la vuelta al ruedo. Y espectacular y torero Galán, que
hubiera cortado la oreja de no haber caído trasero el último rejón y
haber marrado con el descabello.
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