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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del domingo, 27
de agosto de 2000
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Hernández
Pla (uno rechazado en el reconocimiento), de presencia muy justa, flojos, dóciles.
3º, inválido. 5º, de Julio de la
Puerta , devuelto al romperse un pitón. Sobrero, de Antonio
San Román, aceptable, encastado.
Diestros:
-
Andrés Sánchez: dos pinchazos, media y descabello
(silencio); estocada caída (oreja).
-
Miguel Martín: estocada corta caída y descabello
(silencio); estocada desprendida (oreja).
-
Rodolfo Núñez:
estocada ladeada (algunas palmas); estocada y dos descabellos
(vuelta).
Entrada: un cuarto de entrada.
Incidencias: Se guardó un minuto de silencio por el
fallecimiento del ex matador Alfredo
Corrochano.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, El País
El Mundo. ANTONIO
CARRASCO. Vale por otra oportunidad
La tarde resultó entretenida, por el juego de algunos toros, que permitieron
el lucimiento y dejaron estar y, claro está, porque tuvo dos triunfadores, Andrés
Sánchez y Miguel Martín.
El salmantino Andrés Sánchez, no terminó de cogerle el sitio a su primer
toro. Ante el cuarto, realizó una bella faena a base de muletazos largos, sobre
todo por el pitón derecho. Mató a la primera y se le otorgó una merecida
oreja.
Miguel Martín cortó otra oreja por una entregada faena. Se lució en un
quite con el capote a la espalda y puso banderillas con brillantez. El inicio de
faena fue de total entrega, aunque luego supo cuidar al astado en series por la
derecha, dándole distancia, con muletazos buenos, templados y ligados. La
estocada, dio pie a la concesión de la oreja. En el segundo había clavado
igualmente banderillas con acierto a un toro que tuvo un viaje más corto en la
muleta y además fue soso.
Rodolfo Núñez tuvo un primer toro al que le costó más desplazarse, con el
que no pudo lucirse. Con el noble sexto logró sus mejores momentos en series de
calidad por ambos pitones dando una vuelta al ruedo.
El
País. LUIS M. MORCILLO.
Dos triunfadores y medio
No es frecuente que en la plaza de Las Ventas se dé el resultado de que, en
una corrida, obtengan dos matadores sendos trofeos. Ayer, incluso, pudieron
haber llegado a ser tres, si Rodolfo Núñez no hubiera necesitado dos golpes de
descabello para despenar al sexto. De no haber sido así, los tres espadas habrían
tocado pelo, suceso que hubiera entrado en los anales de lo insólito.
Andrés Sánchez se llevó, pues, la oreja del cuarto y Miguel Martín la del
quinto. Rodolfo Núñez se quedó en la mitad y se conformó con pasear el
anillo tras la muerte del que cerró plaza.
Las faenas orejeadas fueron de distinto matiz. Andrés Sánchez hizo la suya
a un burel bien armado, bizco, que salió renqueante y trastabilleando, no se
empleó mucho en varas y llegó a la muleta con dulzura. Andrés inició su
labor con empaque y suavidad y lo llevó con temple y acoplamiento, si bien
desde prudente lejanía. Después se iría arrimando más el salmantino y la
faena fue para arriba, con muletazos lentos, despaciosos. Se comportaba el
torito con suave docilidad y Andrés Sánchez lo llevaba con perfumado mimo. Fue
una faena lenta y edulcorada, que gustó a la parroquia.
Miguel Martín ofreció un plato de diferente gusto. Le correspondió el
sobrero de San Román, un ejemplar de no mucha fuerza, al que castigaron poco y
que sacó casta y acometividad ante el engaño. Martín le dio distancia, le
adelantó siempre el trapo y le hizo una faena muy técnica, que si algún pero
tuvo fue el de su frialdad. Brotaban los pases, largos y bien construidos, todos
ellos con una estela de hielo y escarcha. Pero Martín había estado torero y
animoso en sus dos enemigos, facilón en banderillas e inspirado en quites,
sobre todo en unas gaoneras muy aparentes a ese quinto toro.
Tampoco estuvo mal Rodolfo Núñez con el sexto, otro toro pastueño y sin
problemas. Ligó el madrileño dos tandas de derechazos con mando y hondura, muy
metido en la faena. Rodolfo es un torero con mucha estatura, de esos que llegan
con dificultad al público y como, además, no mató a la primera, se quedó sin
trofeo. Pudo haber sufrido un percance al ser cogido, en un exceso de confianza,
por el inválido tercero
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