GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID

Tarde del domingo, 21 de mayo del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Javier Pérez-Tabernerouno devuelto por inválido), con trapío y cornalones, tres sacaron poder, dos derribaron; flojos los restantes; encastados; 3º noble.  5º, sobrero del Jaral de la Mira, terciado cornalón, violento y dificultoso

Diestros:

  • Frascuelo, estocada corta (silencio); estocada corta y rueda de peones (ovación y salida al tercio).

  • José L. Boteestocada y rueda de peones (ovación y salida al tercio); estocada corta caída (algunas palmas).

  • David Luguillano, estocada delantera contraria recibiendo (oreja); estocada ladeada (escasa petición y vuelta)

Entrada: Lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. Joaquín Vidal.  Una explosión de torería

Llovió, y sin embargo se estaba tan a gusto en la plaza. Y fue porque se lidiaba una verdadera corrida de toros, y los lidiadores se traían una seriedad, una disposición, una vergüenza torera. Torería llaman a esa figura, que en diversos pasajes hizo explosión y puso a latir los corazones. O sea, mojados pero contentos.

David Luguillano encendió la mecha. David Luguillano venía a la feria con unas ganas locas de apoderarse de ella, arrollar lo que fuera menester, incluso la razón. Y se sacó del alma un toreo vibrante, fastuoso, que expelía llamaradas de color.

Lo que le hizo Luguillano al tercer toro constituyó un faenón. Cierto que en algunos tramos el toreo se desbordaba hasta salirse de los cánones, pero no era por ventaja ni demérito alguno sino por la propia locura del artista, embriagado de arte, encendido de pasión.

Cuando un torero torea así es inútil ponerle la lupa, señalar picos, echar de menos cargazones. Sería como si se menospreciara el Cuadro de las lanzas porque tres de ellas el autor las pintó torcidas.

En el platillo inició Luguillano su faena por redondos embarcando y ligando, mejoró la tarea en otras tantas tandas de naturales hondos, y de ahí siguió la explosión, puede que descontrolada, de trincherillas, cambios de mano, pases de pecho, detalles, alardes surgidos de una dislocada inspiración. Y, ante la general sorpresa, mató, en corto y por derecho, ejecutando la suerte de recibir.

Lo que es la vida, siempre contradictoria e imprevisible. Un genio andaba suelto... Y, en cuanto entraba en liza, todo podía suceder... Podía suceder que cimbreara lances a la verónica, que las rematara mediante medias belmontinas o largas lagartijeras, que puesto a muletear, porfiara con entrega legionaria.

La tarde, efectivamente, iba torera en todos los frentes. Llovería, mas se trataba de la auténtica fiesta de toros. Los propios toros, luciendo trapío y unas encornaduras astifinas. Y con poder: derribaron dos a puro riñón; más la casta de su sangre brava, que siempre conlleva complicaciones y emotivos lances.

Cubriéndose quien podía a base de paraguas y chubasqueros, o aguantando el remojón, la gente estaba encantada. Todos pendientes de la corrida, que era a la antigua usanza. Y no faltaba nadie, ni a nadie se echaba en falta: arriba la afición con su rigor y sus emociones, abajo una terna de matadores (y el peonaje también) cargada de torería.

Torería por encima de todo sacó Frascuelo y a nadie extrañó porque es su patrimonio. Torería en los ayudados por bajo con sabor añejo a su primer toro; torería al citar y al embarcar. A veces se vio achuchado y si se le notaba la crispación al librar las tarascadas era porque la agilidad y los reflejos ya no son los mismos cuando se han cumplido los 50. Los jóvenes hacen lo mismo sólo que la ligereza atlética les permite disimular que están poniendo pies en polvorosa. Algunos no paran de poner pies en polvorosa y van de figuras.

Pases en redondo, naturales, de la firma, trincherillas, los de pecho desgranó Frascuelo en el transcurso de sus desiguales faenas frente a unos toros que presentaban problemas. Y aún al cuarto lo recibió valerosamente de rodillas, a porta gayola, seguramente espoleado por el triunfo de Luguillano en el toro anterior

Y torería la de José Luis Bote, torero cabal donde los haya. Torero al ejecutar los lances a la verónica, en la brega, al construir sus faenas con sentido lidiador. Tuvo dos toros avisados, derrotones, a los que construyó las faenas midiéndoles las distancias, marcándoles con temple los viajes, enseñándolos a embestir y, cuando lo conseguía, los muletazos llevaban todo el aroma del toreo bueno.

Quedaba un toro de impresionante arboladura -inválido por cierto-, probón y deslucido, y con ése se fajó Luguillano tras llevárselo al platillo, le buscó las vueltas a derechas y a izquierdas, le consintió más que los clásicos legionarios del toreo, hasta tumbarlo de un volapié volcándose sobre el morrillo.

La corrida duró lo justo (apenas dos horas), y la gente salió deseando volver. Hecha una sopa, pero dispuesta a firmar donde hiciera falta que todas sean así. Había visto toros y toreros: nada menos.


ABC. Vicente Zabala de la Serna. David Luguillano roza la Puerta Grande

Agua. El agua de lluvia ha acudido puntual a su cita con el Santo Patrón de los agricultores. Por los subterraneos de la ciudad, en el Metro, se cruzaban los aficionados hacia una y otra plaza de Madrid, hacia Vistalegre y Las Ventas. A los que iban camino de Carabanchel se les distinguía por la ligereza de «equipaje»; a los que se dirigían al coso de la calle Alcalá se les observaba pertrechados hasta las cejas, capas de agua en ristre, paraguas, gabardinas y el ánimo dispuesto a aguantar la pertinaz borrasca. Dos plazas, dos historias, dos conceptos de la Fiesta. Una bajo la cúpula de la modernidad y de la comodidad; otra abandonada a los caprichos del clima.

Algún día a los aficionados deberían preguntarles qué opinan ante un diluvio como el de ayer, si creen quu conviene la suspensión y si están dispuestos a aguantar el remojón. Porque aquí se solicita la impresión de los toreros, se consulta con la Autoridad, se someten ambos a la presión de la empresa, y a los que se sientan en los tendidos que les ondulen con la «permanén».

El caso es que al final mereció la pena la humedad y la lluvia, pues asistimos a la mejor faena de lo que llevamos de Feria. Su protagonista: David Luguillano. Y «Curioso II» un excelente toro de Javier Pérez Tabernero de coprotagonista imprescindible para la obra. En conjunto, una buena tarde.

Suele ocurrir que la lluvia ha marcado fechas históricas en Madrid. A bote pronto, aún colea una de Romero a un toro de Garzón en el 81 u otra de Curro Vázquez en el 94 (¡qué día inolvidable!) o aquella del ahora resucitado Finito con toros de Mary Carmen Camacho. Ahora habrá que añadir la de este 21 de mayo, porque el diestro pucelano hizo muy bien las cosas, desde el toreo a la verónica en el saludo a la suerte natural.

Tranco alegre

«Curioso II» dio un juego extraordinario en todos los tercios, y se ha subido al podio de los toros candidatos a los trofeos de la Feria. Fue una pena que el picador no manejara con acierto el caballo y se quedara refugiado en las tablas, no se sabe si por precaución o por cobardía del resabiado equino. Mal funcionó la cuadra de Fontecha. El pupilo de Pérez Tabernero mantuvo un tranco alegre siempre, en varas, en banderillas y en la muleta.

En los medios

En los mismos medios, Lugillano le puso la franela sobre la diestra, con metros de por medio, y cuajó una serie que desembocó en un monumental pase de pecho. Rugió Las Ventas como hacía tiempo. Tomó la izquierda y se pasó las embestidas muy cerca, muy templadas, con largo mando y la figura asentada, hundida en el barro. Las ovaciones agitaban los paraguas, que se sacudían el agua con la emoción que arropaban. Otra tanda más siguió las mismas pautas, casi idéntica a la anterior, rematada también por bajo. El toro era para parar el toreo y Luguillano se quedó a milímetros de terminar de pararlo, a muy pocos centímetros de la Puerta Grande, los que se le pasó luego la espada al lado contrario. Pero antes había bajado de nuevo la mano en redondo, entregada el alma al sentimiento con que interpreta el pucelano el toreo, con cierta afectación y abigarramiento veces mas con mucha verdad ayer y con enorme templanza. Oreja de ley la que ganó, triunfo que cayó en sus manos tras un espadazo al encuentro, aprovechando el viaje quizá.

Había entreabierto la puerta de la gloria. Se esperaba al sexto con esperanza. Apareció por la puerta de toriles un toro con una lámina imponente y unos pitones de pánico. Lamentablemente careció de fuerza aunque no de nobleza, como toda la corrida, que quizá ya esté dicho. David Luguillano se mostró muy decidido, dispuesto a que no se le escapara el éxito redondo. Mas los cabezazos del enemigo, producto de la debilidad, traían la complicación y el deslucimiento. Arrancó unos cuantos muletazos de mérito por ambos lados y se tiró a matar a tumba abierta. El volapié impresionó al gentío con lógica, y aunque hubo petición el presidente matuvo el sentido común. Dio la vuelta al ruedo con argumentos.

Frascuelo ha pasado por San Isidro con más pena que buen resultado, llamese gloria. Porque a su encastado primero, tras unas dobladas torerísimas por bajo, nunca le tragó. Quiso arreglarlo yéndose a portagayola para recibir al cuarto, que derribó con bravura en el caballo. El segundo puyazo fue excesivo: hubiera durado más el noble bruto de cuidarlo más. Frascuelo apuntó trazos inacabados, muletazos de empaque, detalles de una tauromaquia distinta.

Bote manejó el capote con soltura y buenas maneras en ambos toros. Derrochó temple a media altura con el segundo, al que le faltó recorrido. Con el deslucido y peligrosos sobrero de Jaral de la Mira que reemplazó al débil quinto, poco logró, además de la voluntad.

 

 

 

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