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En la primera mitad del siglo XVIII, fundó esta vacada Luis Antonio Cabrera
Ponce de León y Luna, vecino de Utrera (Sevilla), con reses al parecer procedentes de los
frailes cartujos de Jerez, de los dominicos de Sevilla y/o de cualquier otra comunidad
religiosa de las que entonces poseían puntas de ganado procedente de los diezmos, y que
seguramente era descendiente de esas reses que, en grandes rebaños, pastaban libremente
en los campos de Tarifa.
A Luis Antonio Cabrera le sucedió su hija Bárbara en 1.768, casada con
José Rafael Cabrera, y fue en esta época cuando la ganadería adquirió las
características que la hicieron famosa. Eran los toros de Cabrera altos, largos,
agalgados, de mucha romana y desarrolladas defensas. Bravos y con poder, lucían una piel
sedosa y fina y una amplia variedad de capas, destacando los sardos, los salineros y los
jaboneros, además de los berrendos. Durante la lidia, era característico el gran sentido
que desarrollaban.
El único vestigio que en la actualidad queda del encaste cabrereño es la ganadería
de Miura que, si bien ha realizado cruces aislados con
reses de otras castas, ha mantenido en lo esencial las características primigenias de la
vacada.
Las castas fundacionales y sus
derivaciones
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