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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA
Tarde del 28 de mayo de 2003
Corrida de toros
Crónica
de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Pedro
y Verónica Gutiérrez y Carmen Lorenzo y 1 el 4º bis DE HERMANOS
TORNAY lidiado como sobrero.
Bien presentados aunque deslucidos en general. Sobresalió el encastado
2º y el manejable 6º. Pesos: 521, 594, 575, 502, 501 y 575 kg.
Diestros:
-
Joselito,
(burdeos y oro) Silencio y ovación y saludos.
-
Finito de Córdoba, (catafalco y azabache) Oreja y ovación y saludos.
-
El Juli,
(azul pavo y oro) Silencio y oreja con petición de la segunda.
Entrada: tres cuartos de plaza.
Crónicas de la prensa: Taurotoro,
El
País, El Día de Córdoba
Taurotoro. Oreja
para Finito y ‘Juli’
Tarde de expectación en el Coso de Los Califas,
por la llegada de las figuras. Una terna que había levantado grandes
esperanzas entre los aficionados, para disfrutar de una buena tarde de
toros. Pero ya se sabe, -el hombre propone, Dios dispone y el toro lo
descompone-. La corrida del Capea no salió como se esperaba, con toros
deslucidos salvó, el encastado segundo y el manejable sexto.
Finito en su primero, estuvo a gran altura.
Realizó una faena de corte clásico y de gran profundidad, fiel a su
personalidad. Levantó pasiones entre sus paisanos con un toreo muy
reposado al torear por naturales, que resultaron hondos y largos.
Lo mató por arriba y se llevó una oreja de peso. En el quinto abrevió
su labor y poco pudo hacer, ante un astado reservón y con peligro.
El otro diestro que tocó pelo fue el madrileño
Julián López ‘El Juli’. Se la arrancó a base de entrega y valor
al que cerró plaza. Julián, salió a por todas desde las banderillas,
realizando un tercio muy espectacular y vibrante. ‘El Juli’ se pegó
un gran arrimón y se metió al respetable en el bolsillo. Además recetó
lo que posiblemente sea, la estocada de la Feria. Antes en el tercero,
no tuvo opciones ya que el toro no se tenía en pie.
Joselito que abría terna, no tuvo mucha fortuna
con su lote. Aseado y correcto en el flojito primero y con ganas en el
cuarto bis, pero el toro fue difuminando su embestida y la faena se apagó
poco a poco. Una lastima porque se le veía con ganas de agradar.
El País. RICARDO
R. APARICIO. Bochornoso simulacro
Saldo ganadero. No estaban equivocados los que presagiaban que con
las figuras llegarían los problemas. El anovillado encierro, atacado de
kilos, fue incapaz de sostenerse en pie, convirtiendo el presumible
espectáculo en un bochornoso simulacro. A ello se contribuyó en buena
medida desde la presidencia hasta los propios toreros. Una tarde de vergüenza
para la fiesta y a la que no le vale el maquillaje de las orejas que
cortaron Finito y El Juli. Apéndices de saldo, sin ningún valor, y que
le siguen restando crédito a la plaza de Córdoba.
No atraviesa Joselito su mejor momento. Se aplicó lo justo para
salir del paso. Una labor de funcionario, como se le criticó desde un
tendido. El público picó en el anzuelo del torero y hasta le agradeció
lo aseado de su tarea. Los aficionados, no. Algunos hasta le pitaron
cuando andaba ante la cara del segundo de su lote, el sobrero de
Hermanos Tornay, un toro de embestida temprana mientras le duraron las
fuerzas y al que Joselito no consiguió templarle los muletazos.
Finito repartió para todos los gustos. Contentó, sin más, a sus
leales, que consiguieron para el diestro la oreja en su primero. Y cabreó
casi a todos por su complicidad a la hora de ejecutar en el caballo al
quinto de la tarde, otro inválido con el que no quiso retratarse. No le
quitó ni las moscas.
El Juli tuvo que apechar con la decisión presidencial de dejar en el
albero a su primero, que estuvo más tiempo en el suelo que de pie. El
madrileño tuvo que esperar una última demostración de fuerza del toro
para que el diestro entrara a matar. Pese a la escasa condición del que
cerraba plaza, El Juli tiró por la calle de enmedio y con una faena
encimista y a su estilo triunfalista consiguió animar el tendido, que
pidió enfervorizadamente la oreja.
El
Dia de Cordoba. FRANCISCO
JAVIER DOMINGUEZ. Festejo
descorazonador
Lo sucedido ayer en el Coso de los Califas es más
grave de lo que el aficionado y la gente del toro en general piensa.
Tarde descorazonadora para el aficionado y tarde para la reflexión,
porque, con un cartel de auténtico lujo y una ganadería, a priori de
elite, el aforo de Los Califas no alcanzó siquiera los tres cuartos de
plaza. Es preocupante, pero visto lo que ocurrió durante la tarde es
normal que nadie invierta 60 euros en un tendido de sombra. O se tiene
mucha afición por esto del toreo o no se paga por sufrir viendo auténticos
toros sin raza, tontos, parados, hermanitas de la caridad, que no ponen
emoción ni picante.
La terna, cuyos integrantes llegaron a Córdoba en un momento de
forma renqueante, se contagió del ambiente anodino de la vacada boyera
y sosa del salmantino. Excepto algunas pinceladas sueltas con la derecha
de Finito al segundo y la rabieta arrolladora de El Juli en el sexto, lo
demás fue un ir y venir de despropósitos, suertes mal hechas y
mantazos sin pellizco, ni enganche con los que pagan.
Porque la corrida de El Capea gustó por la mañana en los corrales.
Había un número trece, el segundo de Finito, que gustaba al ganadero y
a los toreros. Toro bonito de hechuras, cómodo por delante, corto y
musculado, pero lo reventaron en varas con un segundo puyazo brutal.
Finito dio un mitin con éste, al que no quiso ver. Es cierto que el
animal no tenía un pase, pero por lo menos debería haber matado de
forma digna y no a paso de banderillas.
También tocó al cordobés el mejor del encierro, si es que hubo
alguno potable, claro. El segundo dio en báscula 594 kilos. Tenía
plaza el animal y dos buenas razones de respeto. Juan Serrano planteó
una faena en la que sobresalieron alguna serie con muletazos sueltos,
sentidos y bien ejecutados. Su trasteo estuvo basado en la mano diestra.
Al natural, tiró las tres cartas al albero y sólo dibujó unos
pintureros desmayados con la izquierda en una única serie con la mano
de la verdad.
Durante la faena a este primero, el público estuvo con él y le coreó
sus derechazos de buen trazo, puros y bien ejecutados, pero se puso en
su contra en el quinto. Pagó Finito entonces las culpas de su propia
actitud, de la mala lidia de su cuadrilla, del cabreo por la flojera de
los toros y del tedio.
Al hilo de los enfados, el respetable se enfadó con el presidente,
Vicente Raya, por no devolver el tercero, que se derrumbó incluso antes
de encontrarse con el caballo. Sin embargo, sí sacó el pañuelo verde
con el cuarto, que tenía, si cabe, un punto de más fuerza.
Con el sobrero de Tornay, Joselito lo intentó con su capote de
vueltas azules y consiguió alguna verónica de enjundia. Parecía que
el toro podía aguantar hasta el final, pero todo quedó en esperanza.
Su labor consistió en un trasteo con sentido, pero sin fibra ni conexión.
A su primero, con el público frío, no pudo más que pasarlo por ambos
pitones en una faena con altibajos.
La ya citada flojera del tercero contribuyó a que El Juli decidiera
no clavar y la gente se mosqueó. Intentó cuidar, con muletazos a media
altura, la embestida de este tercero y no lo consiguió. Enrabietado,
esperó al último y allí fue cuando echó el resto hasta cortar la
oreja. De sus banderillas, un par fue meritorio, el tercero, en los dos
anteriores clavó fácil y aprovechando los terrenos, con gran
velocidad.
Inició su labor con la muleta por alto, sin obligar al toro. Hubo
dos series con la derecha sin demasiado compás, sin rematar los
muletazos a su debido tiempo. Acabó montando la traca de rodillas para
animar a un público que quería el triunfo de alguno de los toreros al
precio que fuera, para justificar así las esperanzas que tenían por la
mañana, cuando fueron a la taquilla. El problema es que si la plaza,
con ese cartel, no se llenó, seguro que muchos de los que ayer acabaron
acudiendo no volverán y se perderá más afición. Porque una corrida
como la de ayer acaba con el corazón del aficionado. Y eso es
preocupante, porque la Fiesta podría morir de infarto
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