GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE
CASTELLÓN
Tarde del sábado, 24 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa

Imágenes del festejo

Corrida de toros


Juan Bautista, triunfador de la tarde

FICHA TÉCNICA

Ganadería: toros de Cuadri (bien presentados, flojos y mansos, sosos excepto el 6º, aplaudido en el arrastre). 

Diestros: 

Entrada: tres cuartos de entrada. Viento..

Crónicas de la prensa: El País, ABC, EFE.


El País. M.MÁRQUEZ LUCENA. Al final salió un toro encastado

Se iba la tarde y el público aún alumbraba la esperanza de ver salir por chiqueros un cuadri parecido a los que el año pasado se ganaron ser la corrida triunfadora del ciclo magdalenero, y al final ¡salió un toro encastado! El problema es que los anteriores no lo fueron. El segundo se rajó, el tercero era tan noblote como flojito, el cuarto manseaba y el quinto tuvo muy malas ideas. La corrida tenía otro aliciente y era el debú de El Califa en el coso castellonense, pero tampoco se resolvió con bien.

Tocó en suerte el sexto a Juan Bautista, torero nacido en Francia, pero que ha vivido de cerca este mundo y no se amilanó. El toro no peleó excesivamente en varas, pero en el segundo tercio se vino arriba y acudió a los cites con prontitud y fijeza. Juan Bautista lanceó al encastado animal con garbo y lució en el quite. Inició faena con la pañosa con unos excelentes doblones y se llevó el bicorne a los medios. Metía la cabeza mejor por el pitón derecho, pero con la zurda también logró sacar una tandita de naturales ceñidos y de buen trazo, y aún consiguió unos trincherazos con cierta gracia. No quiso extenderse el chaval y hecho lo hecho prefirió no apurar, aunque toro había para haberlo intentado. Así que mató y consiguió el único trofeo de una tarde que prometía y se quedó en nada.

Aficionado hubo que salió diciendo que para un toro que saltó al ruero no había torero enfrente, pero es seguro que lo decía por puro prejuicio nacionalista, que está muy de moda.

Luis Francisco Esplá estuvo fenomenal en el segundo tercio y par hubo en que tuvo los pitones en el mismísimo pecho, fue con su primero. Luego, la faena de muleta no tuvo refrendo con lo hecho con los palitroques. En el cuarto estuvo y aguantó las cositas raras de un animal que manseaba entre las protestas del público, ante las que no hizo más que encogerse de hombros. Sin pena ni gloria pasó el trago el de Alicante.

Se esperaba con expectación el debú de El Califa, pero no hubo color. Con su primero a destacar un par de naturales enroscados, pero finalmente se rajó el animal y negó toda colaboración. El que hizo quinto tenía guasa. Lo puso en suerte con un galleo por chicuelinas que tuvo su aquél. Luego, en el tercio de banderillas el animal esperó siempre a los rehileteros, a los que puso en apuros anunciando su ralea. Con la franela en la derecha, Pacheco empezó a aguantar desde el primer muletazo a un animal que cortaba la embestida, cuando no le buscaba las zapatillas. El de Canals suele plantarse sobre el albero y bajar la mano, pero éste no era toro para este tipo de faena. Así que esquivó las malas ideas y el par de velas y se quedó lo justo y necesario para no irse con los pies por delante. Ante semejante amiguete tomó la tizona y puso fin a la guasa.

En el callejón, pendiente del torero, estuvo su apoderado Enrique Grau, quien al finalizar la corrida manifestó a este periódico que las razones expuestas por José Luis Lozano en sus declaraciones a EL PAÍS de ayer no son exactas. Según Grau, a la hora de hablar de honorarios con el empresario de la plaza de Madrid, pidió para su torero la mitad de lo que cobran las figuras, y no el doble de lo que había cobrado su torero en la Feria de Otoño del pasado año, como afirma Lozano. El apoderado de El Califa afirmó que su propuesta económica fue rechazada tajantemente.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Un cuadri salva el honor

Debía ser esta crónica una reivindicación de El Califa por los argumentos del ruedo. Los toros de Cuadri no dieron opción, pero la reivindicación sigue en pie. Las injusticias provocan impotencia, sobre todo cuando las sufren los más débiles. El Califa no irá a San Isidro, la Feria que salvó hace menos de un año del fracaso casi absoluto.

Quería volver ahora con la misma corrida que triunfó, que dista de la dulzura. Se la han dado a Ponce. Y quería también dinero. A quién se le ocurre tanto pedir, hombre. ¿Cuánto vale su gloria y su sangre vertida en mayo? Quizá El Califa no alcance el rango de figura nunca. A base de portazos como el de Sevilla y Madrid, la moral se resiente. Al hombre que hay tras el torero se le veía ayer un punto de melancolía en el brindis al público, un halo de tristeza interior. ¿Qué ha hecho de malo? ¿Volver a Madrid en Otoño cuando nadie daba la cara? ¿Arrimarse como un perro en Valencia? ¡Ay, amigo, que algunos eso no lo perdonan ni lo permiten! Si además no forma parte de la baraja de «cromos» que se intercambian las empresas, peor camino lleva. Más apoderados como Martín Arranz hacían falta.

El Califa carece de algunas cosas, claro. Oficio con el capote, por ejemplo. Pero se pone muy de verdad con la tela en la zurda. ¿Carne de cañón? Tal vez. De momento, carne de empresario. Seguro que le han dolido más las cornadas del menosprecio que la tres o cuatro que le abrieron los muslos el pasado año. Nada nos hubiera gustado más que las líneas del crítico acompañaran además una actuación colosal. Hubo fragmentos al natural que apuntaron alto, y sin embargo el cuadri aquel rebañaba en el tercer muletazo. Aun así, si mata le corta la oreja, por valiente y auténtico. Pero a El Califa nadie le ha explicado todavía que a la mayoría de los toros hay que darles la suerte natural, que lo decían los maestros de antaño. Y pinchó hasta que comprobó que los viejos saben más de lo que los modernos creen. El manso y pegajoso quinto no le dejó clamar a los vientos contra la injusticia con las armas del toreo. Ánimo.

Luis Francisco Esplá tampoco encontró material, lo cual no justifica ni los sablazos ni la ligereza con las banderillas, que cayeron donde Dios quiso, entre muchas prisas. La naturalidad predominó ante el noble primero, y la torería, que Esplá no la pierde ni cuando arrea un bajonazo a toro arrancado. Nada más se vislumbró, pues el cuarto se paró y se echó, para vergüenza del ganadero.

El tercero se defendía con la cara arriba, y Juan Bautista hacía lo propio a base de banderazos. Muy flojo en el manejo de la espada, escuchó un aviso. Menos mal que apareció el sexto, por el honor de Cuadri y por el bien de Bautista. Corrió la mano con largura y temple, por uno y otro pitón, mejor a izquierdas. Por poco la espada le deja sin la oreja de un toro de lujo, un tacazo.


EFE. Juan Bautista corta la única oreja de la tarde 
Un buen toro, bravo y codicioso, al que el joven francés Juan Bautista llevó a cabo una bonita y emotiva faena, premiada sólo con una oreja por no firmarla debidamente con la espada, fue la excepción de una mala corrida, en cuanto a ganado se refiere.

Pasaron cinco toros como si nada, o mucho peor, un verdadero suplicio. Porque los 'cuadris', los cinco primeros toros fueron la gran decepción de la tarde. Se esperaba algo mucho mejor de esta ganadería, que al final salvó los muebles en el último momento, con un sexto toro, bravo de verdad y que ha dadomucha importancia a lo que ha sido capaz de hacerle el torero.

Ha sido una corrida con el trapío necesario, sin embargo, por dentro esos cinco primeros toros no tuvieron contenido. Y ya se sabe cuando falla el ganado, los demás argumentos del espectáculo apenas se tienen en pie. No es que se cayera, como suele ser habitual en las corridas fracasadas, sino que sencillamente no embistieron. La recompensa, ya está dicho, vino en el sexto astado al que Juan Bautista ha lanceado muy decididamente con lances a la verónica y chicuelinas intercaladas.

El toro tomó con clase un único puyazo, quedándose algo crudo, de forma que en banderillas casi se come a 'Alcalareño hijo', que pasó dos veces en actitud despavorida para dejar en ambas ocasiones un sólo "palo". La faena de muleta ha tenido emoción de principio a fin, con las interesantes aportaciones de toro y torero. Fiereza en el animal, y mando y torería de parte del hombre. Dos tandas por la derecha llevándole perfectamente embarcado, con temple, ritmo y ligazón. Y dos más al natural, más importante si cabe.

Al final, festivo frenesí, ha incluido circulares invertidos y otras 'cositas' muy a modo. Si no es por el pinchazo previo a la estocada hubiera cortado dos orejas. Pero por esta circunstancia en contra tuvo que conformarse sólo con una. Ha sdo lo único bueno de la tarde.

En verdad ha valido la pena el tostonazo de los cinco toros previos y sus correspondientes faenas. El mismo Juan Bautista ha trdado en desengañarse de que su primer toro no servía. Brusco de salida en el capote, el astado se ha quitado el palo, ha hecho sonar estribos y ha salido suelto en los tres encuentros con el caballo del picador. Toro con medias, tardas y violentas arrancadas en la muleta, que para mayor abundamiento tampoco ha transmitido tanta dificultad. El joven francés ha matado como pudo que tampoco fue gran cosa.

Esplá ha andado superficial y sin terminar de confiarse con el que abrió plaza. Ha brillado más en los dos primeros tercios, en un quite por navarras y en tres vistosos pares de banderillas. En la muleta, ha sido necesario plantear las series cortas, sin estrecheces ni sometimiento. Aun así el toro no ha respondido.

Menos pudo hacer frente al paradísimo cuarto. Esplá, que tomó también "los palos" en este para clavar tres pares solamente discretos, en la muleta se hartó de dar zapatillazos y voces, total para no sacar nada en claro. El colmo fue cuando el toro se echó sobre las cuatro patas antes de entrarle a matar, de tan manso que era.

El Califa se ha estrellado en primer lugar con un manso al que le costaba un mundo seguir el engaño. El hombre ha buscado afanosamente la faena imposible. Apertura con el consabido cambio por detrás, pero a partir de ahí, por muy encima que se puso y por mucho que ha insistido, los muletazos se hacían cada vez más espaciados y con menos emoción.

En definitiva, pocos pases, y cambiando constantemente de terreno, por toda la plaza. Una faena, si es que por tal se puede considerar, sin armazón lógico. El quinto, ha sido un toro descompuesto, incierto y pegajoso. De nada han servido los alardes del Califa, mientras el toro se le colaba una y otra vez. Algo de angustia en el tendido, y enseguida a abreviar. Parecía que era la última esperanza perdida, pero después vino 'lo' de Bautista con el buen sexto. Menos mal.

 

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